Nueve meses para mentalizarte de que vas a ser padre. Un
mito. Creo que hasta que no tengamos a Nico por aquí no nos lo vamos a creer
del todo. De momento, la experiencia más cercana a sentirme padre fue ayer
visitando una guardería. Lo podemos definir como mi primer acto como padre. Ya
el solo hecho de saber que estaba de camino hacia una guardería me hacía sentir
rarísimo, como si me estuviese equivocando de lugar, un "yo ahí no pinto
nada" de manual. Creerse o no la realidad es decisión de cada uno. Pero
una vez delante, me la creí con toda la ilusión del mundo al ver a un padre
recoger a su bebé y entré poniendo la mejor de las sonrisas y dispuesto a
transmitir que soy un gran padre a la chica que me atendió.
A mí no me molesta tanto que los franceses vengan a Madrid
como el hecho de que cuando les hable en su lengua se me pongan a responder en
inglés. Me parece de lo más irritante y es lo único que no me gusta de ir a
París. Es como si te estuviesen diciendo "no mira, si no vas a hablar de
manera exquisita mi adorada lengua francesa lo dejamos y hablamos en inglés".
Qué arrogancia más grande, por dios.
Soy un manipulador nato sin yo saberlo. El otro día de
repente me descubrí "informando" convencidísimo a una compañera de
trabajo que solamente había tres opciones para votar en las elecciones del 4 de
mayo de la Comunidad de Madrid. Cualquiera que me conozca sabe de que tres
opciones hablaba. Ella riéndose me preguntó: "¿ah sí? ¿sólo hay tres
opciones?". Me gusta cuando uno descubre virtudes ocultas a los 36. Sí, virtudes,
sí. Los bolivarianos comunistas filoetarras vemos como algo positivo poder
manipular, menudos somos.
Ayer en el Museo se celebraba una olimpiada de dibujo
artístico y a mí me tocaba en la sala de las Meninas, así que fui testigo muy
directo de todo. Eran unos adolescentes que elegían un cuadro y lo copiaban a
su libre interpretación. Cuando llevaban media hora, cotilleé un poco y vi que
una chica tenía su lámina en blanco. Me paseé y me fijé que los demás tenían
sus láminas ya llenísimas de colores. Y me empecé a agobiar por la chica que
tenía su lámina en blanco. De vez en cuando me acercaba y miraba
disimuladamente y veía que tamborileaba con los dedos sobre la lámina sin
arrancar y me daban ganas de decirle que dejase de tamborilear ya y dibujase
algo. Tiendo a empatizar con el débil y me pasé todo el rato sufriendo por la
chica esta, una agonía.
En la cartela del cuadro La resurrección de Lázaro de Ribera
cuenta que "tras conocer la muerte de su discípulo Lázaro, Jesús se
dirigió a Betania, donde estaba sepultado, y lo conminó a que saliera de su
tumba". Al leerlo, pensé que menudo tío pesado Jesús que no tiene otra
cosa que hacer que conminar al pobre Lázaro a que salga de su tumba. O sea, tú
te mueres tan a gusto y viene un brasas a conminarte a que salgas de tu tumba. El
tema es que Lázaro lo hizo, claro. Supongo que el mundo se divide entre gente
que se muere y no quiere ver a ningún Jesús que le conmine a salir de la tumba
y gente que pagaría porque viniesen ochenta Jesús a conminarle para que
resucite. Y no sé en qué bando estoy, la verdad.
Hace unos meses vimos la serie de Netflix Los últimos zares.
Está genial. Es serie documental, en la que van representando cómo sucedió todo,
pero también salen de vez en cuando unos tíos que te van haciendo un poco de
contexto de la época. Uno de ellos lo vive un montón y a mí me cayó muy bien
porque me encanta la gente que vive un montón lo que sea, hay gente que vive un
montón tomarse un cocido, con eso os digo todo. Pues volviendo a la serie, Oli
y yo caímos en que le hemos puesto a nuestro hijo el nombre de un tío que acabó
con los zares en Rusia después de tres siglos.
A veces, pienso que soy un pesado. A veces creo que las cosas que digo no le interesan a nadie. A veces siento que todo lo que escribo es una mierda. A veces creo que soy muy vulnerable a los demás. A veces creo que no soy lo suficiente buena persona. A veces me digo algunas de estas cosas, o todas a la vez, y cuando lo hago voy y me pongo un poco triste, pero se me pasa rápido.
En ocasiones Twitter te abruma con lo que tienes que ver, escuchar
o leer. Y a veces con razón y a veces sin ella. Hace unas semanas, todos
hablaban del nuevo disco de C. Tangana, que no es alguien a quien yo haya
escuchado mucho. Pero tantos comentarios me hicieron dudar. Ya cuando vi al
politólogo Lluís Orriols dando su opinión pensé "bueno, ya basta". Y
lo escuché. Y me encantó. Esta vez Twitter tenía razón. Por si a alguien le interesa, dejo aquí mi canción preferida del disco, Ingobernable, rumbita maravillosa que te anima el día.
Estos días que tanto se habla de salud mental, he recordado
algo que aprendí en el psicólogo y que me ha resultado de gran ayuda para
afrontar determinadas situaciones. Se trata del razonamiento emocional, un tipo
de distorsión cognitiva muy frecuente. De hecho, dicen que es la forma de
autosabotaje más común. Os invito a buscar información sobre ello en internet
porque es muy interesante. Se trata de razonar sólo en base a las emociones que
uno siente. Si siento esto, es que es así. Y no, no no. Que tú sientas esto, sea
lo que sea "esto", no significa que eso sea una realidad, para nada. Yo
soy una persona bastante emocional y he aprendido a intentar gestionar este
tipo de razonamientos, aunque a veces no sea fácil. Y para eso sirve ir al
médico, para aprender herramientas con las que vivir mejor, mira que sencillo
es.