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domingo, 29 de mayo de 2016

A mi hermana del Atleti



Esto va para ti, "sis". No busco hacerte llorar, te lo aseguro. Pero si no te digo todas estas cosas no me voy a quedar a gusto, lo sé. Siempre pensaba que era la abuela mi motivo para ir con el Atleti en algunas ocasiones...hasta ayer, que fue por ti. Quiero intentar explicarte qué es lo que había en el abrazo que te di ayer por la noche después del partido. Porque hubo muchos detalles en los que no te fijaste, como es normal, pues no estaba la cosa como para fijarse en lo que hacía o dejaba de hacer tu hermano.

Quiero decirte que si bien me fui por la casa a gritar el gol de Ramos, no te creas tú que me noté a mí mismo muy entusiasmado gritándolo. Quiero decirte que desde que volví al sofá a sentarme, empecé a no tener claro con quién iba. Quiero decirte que cuando os pitaron el penalti a favor, me alegré. Y que cuando vi cómo lo fallaba Griezmann, me quedé helado, no sé si viste que no hice ni un gesto de celebración. Tampoco te diste cuenta de que en la segunda parte, alejé mi camiseta de la suerte de Mijatovic de mí y la dejé en una esquina del sofá. No quería estar en contacto con ella. Dirás que vaya tontería más grande, y puede que sea verdad, pero en ese momento ya no sabía a lo que agarrarme para que el Atleti marcase el gol que se estaba mereciendo.

No viste como se me humedecieron los ojos (igual poco, pero se me humedecieron, créeme), cuando marcó Carrasco y te vi gritándolo con una emoción en la voz como nunca te había visto, y cómo lo celebrabas con Mamá, y cómo estaba la abuela. Me emocioné por el gol pero también porque pensaba que era el comienzo de vuestra merecida victoria. El segundo estaba al caer, me decía, y me tranquilicé porque estaba convencido de que así sería.

No viste cómo me echaba hacia delante en el sofá cuando os acercabais al área, y cómo me echaba para atrás asustado cuando atacaba el Madrid. La señal más clara la tuviste en la tanda de penaltis, porque normalmente yo grito cada penalti metido como un loco y cada fallo del rival otro tanto. Cuando falló Juanfran, me quedé sin reaccionar. No me lo podía creer. Y al marcar Cristiano, me quedé petrificado. Después te fuiste del salón, supongo que a llorar, lo que también hizo Mamá, y me sentí aún peor.

Porque no te quité ojo en todo el partido. Veía tus gestos, y sé, porque te conozco, lo mucho que sufriste y todas las emociones que se te pudieron pasar por el corazón. Porque no se me olvida tu cara al ver a Griezmann fallar el penalti cada vez que lo repetían y tu "¿Pero cómo es eso posible?" con ese tono desolado que solamente es capaz de sacar de ti tu Atleti, porque tú nunca has hablado desde la tristeza.

Precisamente por eso, porque tu lugar nunca fue el de la amargura, te animo a que te levantes. Nunca has sido tú de tardar en levantarte después de haberte caído, que lo sé. Me has demostrado en numerosas ocasiones ser una tipa fuerte, hecha de pasión, y cuando lo pienso me doy cuenta de que tú nunca jamás podrías ser de otro equipo que no fuese el Atleti. Me invitaste a tu fiestón de graduación después de haber perdido la final de Lisboa y estuviste toda la noche bailando, saltando y bebiendo.

Porque como le leí ayer en Twitter a un atlético de pro como Iñako Díaz-Guerra, "lloraremos, beberemos, volveremos". Es lo que hiciste hace dos años. Y ayer volvisteis. Y volveréis de nuevo. ¿Y sabes qué? Cuando eso pase, que será pronto, estoy seguro, yo seré el primero en apoyaros como un atlético más. Estés en el sofá a mi lado o te hayas ido a ver la final con Mamá, Félix y Menchu a la ciudad que sea (a Mamá no la metes en un avión, así que prepárate para coger trenes y trenes), yo estaré ahí, apoyando, emocionándome contigo, y si hace falta, llorando, pero esta vez de felicidad, ya lo verás. Ya queda un día menos para que eso ocurra.

Mamá, Félix, Menchu, por vosotros también, pero una hermana es una hermana, como estoy seguro que entenderéis. Y por ti abuela, y por ti, Pili, que no me olvido.

Creo que no me queda añadir nada, "sis". Que en ese abrazo estaba todo esto que te digo. Que ahora, más que nunca, no se te ocurra dejar de creer.

Tu hermano que te quiere,


Guille