viernes, 26 de junio de 2020

Última hora: los grandes roban

Paseos al salir de trabajar un domingo del Museo del Prado
Paseos felices al salir de trabajar del Museo del Prado un domingo


Escuché a la portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, afirmar en rueda de prensa que "todas las opiniones son respetables". Lo hizo para responder a una pregunta sobre las teorías antivacunas. Bien es cierto que desde su posición de médica defendió muy bien el papel de la ciencia. Pero me sobró mucho lo de "todas las opiniones son respetables". No. No lo son. Si no están documentadas y con un mínimo rigor, no son respetables. No puedes opinar que es de día a las once de la noche.

Leí una entrevista con Woody Allen en La Vanguardia que me gustó mucho. La respuesta que más me gustó es en la que se desmitifica a sí mismo como intelectual. Lo repite siempre que puede. Y en sus películas suele reírse de los pedantes. Aún así, sigue habiendo mucha gente que dice que no ve sus pelis porque dicen que son para listos y cosas así. En la entrevista, Allen se define como "un vago con malas notas", y dice que lo de la fama de intelectual le viene por cosas como su aspecto con "las gafas de culo de vaso" y porque le gustaban chicas intelectuales y tenía que leer para no hacer el ridículo al invitarlas a cenar. Esa humildad de Allen queda reflejada en esta frase: "Hay tantas autobiografías de tipos diciendo que son los mejores... Yo no lo soy".

No sé si el peor sufrimiento es el de los demás. El de la gente que quieres y por la que no puedes hacer absolutamente nada más allá de mostrar tu apoyo y escuchar si lo necesitan. Cuando es uno el que sufre, y tiene ya cierta edad, sabe más o menos lo que tiene que hacer para intentar estar mejor, pero cuando son otros los que no están en su mejor momento no puedes ir y meterte dentro de ellos para que estén mejor.

El alcalde de Madrid, Almeida, fue al Museo del Prado a un acto oficial y le colocaron para hacerse la foto justo delante del cuadro del príncipe Baltasar Carlos, cazador. La imagen se hizo viral y el propio alcalde puso un tuit riéndose diciendo "ya es mala suerte". Me gustan las personas que tienen ese sentido del humor para reírse de sí mismas o de una situación que no les es favorable. Es una cualidad que aprecio mucho. Una de las personas que más me ha enseñado a mí a reírme de mi mismo es mi amigo Andrés. Siempre lo pienso y nunca se lo digo.

Cada vez más medios empiezan a ser de pago. Empezó El Mundo, y se le han unido El País y El Confidencial. Me da rabia y lo entiendo a la vez. Es un debate interesante en el que no consigo tener una opinión clara. Siempre hemos pagado por comprar el periódico y de repente hemos pasado a tenerlo gratis en internet. El trabajo se paga. Por otro lado, me preocupa que la información no sea un derecho público garantizado y que las personas que no puedan permitirse ser suscriptores de ningún medio tengan que acabar informándose en digitales de dudosa reputación que prefiero no mencionar.

En la Nueva Normalidad seguimos robando. Me refiero al Real Madrid. Yo es que soy muy claro. Soy del Madrid y no niego que el Madrid robe. El Barça también roba. Es algo con lo que tienes que contar. Los grandes roban, siempre. Lo que me molesta es cuando seguidores madridistas o culés se empeñan en negarlo y se ponen pesadísimos. Qué manera de perder energía a lo tonto. No se puede negar la realidad. Y ya el delirio extremo es cuando uno del Madrid o uno del Barça se ponen a decir que les han robado.

Cambiar de opinión cuando te enfrentas de cara con la realidad. Es lo que le ha ocurrido al FMI. En una entrevista, Guy Standing, cofundador de la Red Mundial de la Renta Básica, cuenta como Christine Lagarde quedó convencida de la necesidad de una renta básica universal para luchar contra el precariado. Porque se han dado cuenta, por fin, de la profunda desigualdad que existe en el mundo. Y hace poco el FMI ha emitido un comunicado dando su apoyo a la renta básica. Me parece un gran avance y me alegra que haya personas en este mundo que sean capaces de dar este giro de trescientos sesenta grados al darse de bruces con la realidad en vez de negarla de forma estúpida.

Estoy viendo una serie con Oli. Tiene nueve temporadas y vamos por la segunda. La otra noche, viendo un capítulo, va y me suelta "sabes que al final se casan, ¿no?". Me quedé petrificado. No me podía creer que acabase de ocurrir lo que acababa de ocurrir. Me quedé mirándola pensando que me estaba vacilando. No, no me estaba vacilando. Me dijo que pensaba que lo sabía. No, no lo sabía. Por otro lado, yo no me canso de decir que cuando ha pasado determinado tiempo del final de una serie ya se ha terminado el plazo legal de los spoilers. Así que admito que lo que hizo Oli está dentro de mi legalidad y no puedo reprochar absolutamente nada.

Hablando de Oli, esta semana le dio por hacer la siguiente búsqueda en Google: "coca en Madrid". Pero tranquilos, que no buscaba droga ni nada de eso, buscaba "coca de Sant Joan" y para un catalán en Sant Joan hablar de coca es algo muy habitual. Lo que pasa es que claro, hizo esa búsqueda, se encontró todo tipo de cosas en la búsqueda y encima seguramente haya quedado registrada en su historial de búsquedas de Google. La sensata Oli buscó en Google "coca en Madrid". Queda para los anales de la Historia.

jueves, 18 de junio de 2020

Gildas, niñas viejas y pasillos oscuros


Primer paseo por El Retiro tras el confinamiento

Después de ver los dos últimos episodios de la temporada final de Homeland, no voy a poder ver las librerías de la misma manera en que las miraba antes. Con lo que me gusta a mí imaginarme historias, van y me hablan de mensajes ocultos colocados por espías en los lomos de los libros. Me veo la próxima vez que vaya a una librería sacando todos los libros uno por uno a ver si hay algún rollo de papel metido entre los lomos con algún mensaje que descubrir y metiéndome en una gran aventura.

En la radio un día hablaban de las gildas. Me acordé de una vez que estaba de becario en un suplemento de ocio y a una jefa le dije que no sabía lo que era una gilda. Con veintiún años nadie tiene por qué saber lo que es una gilda, yo creo. El caso es que cuando se lo dije se puso como loca, no la había visto así ningún día. Me montó un número y cogió a otro jefe para chivarse de que no sabía lo que era una gilda. A mí me pareció todo fuera de lugar. Me parece que cualquier cosa que pueda estar relacionada con una gilda no es para ponerse así, la verdad. Hay gente que se pone como loca por las cosas más insospechadas.

En el museo, me tocó ir con dos compañeras por zonas cerradas actualmente al público. Lo disfruté mucho. Reencontrarse con cuadros que te gustan mucho después de tres meses y sabiendo que eres un privilegiado por poder acceder a esos rincones es una gran sensación. Por otro lado, había zonas menos iluminadas que otras y menos mal que iba con dos personas, porque solo me hubiera dado cosa y si hubiéramos ido dos hubiera empezado a pensar que a lo mejor el otro podía matarme de repente. A veces me da por pensar esas cosas, ya lo sabéis. Pero siendo tres, mal se tendría que dar la cosa. Aunque nunca se sabe.

Leí un artículo de esos que demuestra que se puede hacer literatura con el fútbol. Es de un periodista que se llama Antonio Agredano y que siempre escribe muy bien. En este caso hablaba de Raúl y según lo leía sentía muchas cosas pero una de ellas era rabia por no haberlo escrito yo. Para mí Raúl significa mucho, algunos ya lo sabéis. Por eso me emocionaron algunas de las frases del artículo: "Raúl González Blanco fue una edad. El segundero de mi existencia. Cuando se retiró Raúl, sentí que era yo el que se retiraba. Dejé de soñar cuando Raúl dejó de marcar. Creí en Raúl más que en mí mismo. Lo echo de menos. Ya sólo me tengo a mí." Cómo me hubiera gustado escribirlo a mí. No puedo evitar pensar que también una parte de mí dejó de soñar cuando Raúl dejó de marcar.

El domingo estuvimos paseando por El Retiro por primera vez después del confinamiento. Hacía una mañana muy buena y daba gusto volver a este parque que tanto hemos echado de menos los madrileños durante estos meses. Como siempre, iba escuchando las conversaciones ajenas. Y se lleva la palma una niña que iba con dos mujeres. Iban hablando del coronavirus y la niña va y dice: "he oído que el calor lo mata". Pero lo dijo con tono de análisis como si estuviese en Al Rojo Vivo y Ferreras le hubiese preguntado su opinión. Pobres niñas viejas.

Lo bueno de irte a dormir triste y teniendo sueño es que vas y te duermes rápido y ya no tienes tiempo de estar triste.

El futbolista inglés Marcus Rashford ha logrado que Boris Johnson cambie de opinión. Los niños de las familias con menos recursos seguirán recibiendo cheques de ayuda durante el verano, en sustitución del comedor escolar. Todo gracias a Rashford, que fue el que lanzó la campaña afirmando lo siguiente: “No se trata de un asunto político. Es una cuestión de humanidad. Posiciones políticas al margen, ¿no podemos ponernos de acuerdo en que ningún niño debería irse a la cama con hambre?". Necesitamos más futbolistas así. Insisto mucho en la idea de que el fútbol debe contribuir a mejorar la sociedad y no aislarse en una burbuja, y seguiré.

Ha vuelto el fútbol y soy feliz. Me he dado cuenta de que la liga se paró en el momento importante, como cuando llevas un tiempo conociendo a alguien, no le das mucha importancia hasta que de repente un día empiezas a hacerte preguntas y todo te afecta más de lo que quisieras. Un empate tonto en Eibar en noviembre no es lo mismo que un empate tonto en Eibar en junio, a eso me refiero. Hay momentos en los que se puede empatar o incluso perder y no pasa nada, pero hay otros momentos en los que ya uno se lo juega todo. Las diez últimas jornadas de liga son eso, un carrusel de emociones que ni sabías que tenías y de las que, en muchas ocasiones, es muy difícil salir ileso.

En Masterchef hay una mujer mayor que es entrañable. Y como toda persona entrañable, la pobre no sabe mandar. El lunes la pusieron de capitana de un equipo y menudo bloqueo tuvo. Además, soltó a sus compañeros un "todos a una" que me pareció el peor "todos a una" de la historia de los "todos a una". Pero es que tampoco me sorprende, qué queréis que os diga. Si eres entrañable, no puedes mandar. O mandas o eres un ser entrañable, no se puede ser las dos cosas.

El otro día, salí de casa para ir a trabajar y en mi calle un tío se me puso delante, cara a cara, y me soltó "te suelto una hostia que te mato". Previamente, me había dicho que dejase de reírme, no sé muy bien por qué porque yo no me reía. Lo que hice fue asustarme mucho, y reaccionar con toda la sangre fría que pude. Me metí el móvil en el bolsillo y seguí andando sin querer girarme, por si acaso. Había más gente en la calle, no sé por qué la tomó conmigo. Fue inevitable acordarme de Brighton, cuando, estando con mis amigos al salir de la academia, un tío rapado pasó a nuestro lado, se acercó hacia mí, vete tú a saber por qué, me dio un cabezazo tremendo, y se fue. A mí estas cosas me pasan siempre, me vienen todos los tarados. Y luego, claro, la gente se ríe de que sea tan paranoico. Pero es que me pasan unas cosas rarísimas.



jueves, 11 de junio de 2020

He vuelto al cole

El Museo del Prado ha vuelto tras lo peor de la pandemia del COVID19



Por fin he vuelto al Museo, que yo siempre digo que es como un cole, así que podría decir perfectamente que he vuelto al cole. Me ha alegrado mucho volver a ver a la mayoría de los compañeros. Aún faltan por incorporarse algunos. Volver a la vida normal, comer pronto, salir de casa para ir a trabajar, coger el 27, estar en las salas, cruzarte con compañeros, volver a ver los cuadros, atender a los visitantes, volver a casa y contarle a Oli las historias de la tarde. Son muchas pequeñas cosas que a uno le hacen feliz y que ha echado mucho de menos durante todos estos meses. Necesitaba volver. Si tuviese que decir algo negativo, diría que las pantallas, que tenemos que llevar junto a las mascarillas, hacen que la comunicación sea un tanto rara. Entre eso y que no podemos casi tocarnos, es como si nos relacionásemos a un cincuenta por ciento de nuestras capacidades o incluso menos. Y yo soy del cien por cien.

Una compañera a la que tengo mucho aprecio ha empezado a leerse El Guardián entre el centeno. Me mandó una foto del libro y noté que me puse nervioso. Creo que me ocurre cada vez que alguien me dice que se lo va a leer. Y cuanto más aprecio tengo por la persona más nervios me entran. Siempre me da un miedo horrible que no les guste. Uno de mis mejores amigos suele reírse porque se lo regalé y se ríe de Holden. Mi prima Carlota lo leyó y también solemos reírnos porque me dijo que no trata de nada. Que no trata de nada es algo que dicen muchas personas que lo han leído. Pero es que no es verdad, al revés, trata de todo.

Abrirán las discotecas pero no se podrá bailar en ellas. Por mí, perfecto. Nunca he bailado en una discoteca. He hecho el paripé, eso seguro, pero bailar no. Y también me he dejado la voz gritando canciones con amigos. Mis amigos y yo no solemos bailar en las discotecas. Siempre digo que en Madrid los tíos no solemos bailar mucho en los bares o en las discotecas. Por eso mi sorpresa cuando, en los veranos en Calafell, veía a mis amigos de Barcelona bailar como si no hubiese un mañana. Que les miraba y pensaba: pero qué os pasa, pero qué hacéis, dejad de hacer eso. Y este pensamiento mío de que en Madrid no se baila y en Cataluña sí se confirmó cuando vi la peli de Ocho apellidos catalanes cuando el personaje de Berto empieza a bailar con sus amigos catalanes de una manera totalmente ridícula. Al ver la escena pensé: por fin lo confiesan.

Hoy vuelve la Liga, por fin. Lo hace con un Sevilla-Betis que vería si estuviese en casa, pero he quedado para tomar algo y no creo que lo vea. Volver al trabajo, volver a ver a la familia, a los amigos, que vuelva la Liga. Todo lo que sea recuperación de la normalidad perdida me pone de muy buen humor. Tengo ganas de volver a escuchar Tiempo de Juego narrando goles y vuelvo a pensar el mérito que tienen por haber estado haciendo el programa durante estos tres meses sin nada de deporte convirtiéndose en un programa informativo y de entretenimiento que me ha acompañado en muchas tardes de sábado y domingo de confinamiento. Ahora les toca disfrutar y contar goles.

Yolanda Barambio, de El Tintero Editorial, la editora con la que estoy trabajando en la corrección y la edición de la novela, me ha mandado el primer capítulo con todas sus correcciones y aportaciones. Y me han encantado, porque me han hecho ver cosas de una manera más clara que por mí mismo no habría sabido ver y de verdad que creo que gracias a su ayuda va a quedar un buen libro que espero que os guste cuando podáis leerlo. Me ilusiona mucho todo este proceso. No os lo voy a retransmitir semana a semana porque podría ser aburrido, pero el primer capítulo siempre es especial.

Leí una entrevista muy extensa con Errejón. Tanto, que la leí durante varios días. Decía muchas cosas que no entendí. Pero las hubo que sí. Y de todas, me quedo con una afirmación: "la izquierda española no puede ser la única izquierda del mundo sin patria". Y tiene toda la razón. De alguna manera la izquierda en nuestro país tendría que darle una vuelta a su relación con los símbolos nacionales. No sé cuál podría ser esa relación, pero creo que Errejón acierta al decir eso. Y ojo, que reivindicar la patria no es poner la bandera y ya, sino asociarla a conceptos como libertad, igualdad, fraternidad, justicia social, educación, republicanismo, ciudadanía. Es lo que pienso.

"Democracia, pornografía, droga, ¿qué se yo? Habrá grandes locuras pero ninguna de ellas será fatal para España”. Fue la respuesta de Franco a un general americano que Nixon mandó a entrevistarse con Franco en el final del franquismo para sondear qué es lo que podía ocurrir en nuestro país a la muerte del dictador. Efectivamente, hubo grandes locuras llamadas democracia, libertad e igualdad. Y también pornografía y droga, también. España se volvió loca, desde luego que sí. Bendita locura.

Recibo un email de un centro comercial de Nueva York, Century 21, con las medidas tomadas para proteger a los clientes. Me lo mandaron porque estuve allí hace ocho años, me di de alta en el wifi, y nunca me he dado de baja porque así me siento neoyorquino de vez en cuando cuando me mandan alguna cosa. Por cierto, que lo primero que hubiese hecho el primer día de acabar el confinamiento en Nueva York supongo que no haría falta que os lo dijese, pero por supuesto me hubiese ido a ver a los patos del lago de Central Park para ver qué tal habían pasado el confinamiento, si es que estaban ahí y no se habían ido a otro lado, claro. Con los patos de Central Park uno nunca sabe.


jueves, 4 de junio de 2020

La sorpresa después del semáforo


Una mañana de sábado en Madrid, en Alonso Martínez

El sábado por la mañana, a una hora temprana, vi a estos tres sujetos en la zona de Alonso Martínez. Iban caminando a la vez de forma coordinada y cada tres pasos se agachaban. De qué otra forma se les puede calificar si no es de "sujetos". Han pasado cinco días y aún estoy tratando de entender qué es lo que hacían. Porque iba con Oli y a Oli no le gusta que haga estas cosas, pero de haber ido solo se lo hubiese preguntado. Odio quedarme sin saber la razón por la que la gente hace unas cosas tan raras.

El sábado, por cierto, fue un día de no parar. Fue un día de reencuentro con buenos amigos. Primero en casa de mi amigo Nacho, donde comimos unos cuantos (cumpliendo con el límite de diez personas, tranquilos, queridos policías de balcón) y pasamos una buena tarde. Y después con otros amigos en una terraza, en la que cayeron las primeras copas después del confinamiento y en la que nos acabaron dando las tres y media.

Nos han dicho que tendremos que llevar pantallas faciales en el trabajo durante un tiempo. Nos han mandado un vídeo en el que explican cómo hay que ponérsela. Yo soy una persona muy torpe, pero muy torpe, y me toca ir a trabajar el lunes por la tarde, pero estoy pensando en ir el día antes para cogerla y poder hacer prácticas en casa y no tener que andar agobiado el lunes antes de ir a mi sala tratando de ponérmela nervioso perdido. Los torpes somos personas precavidas, nadie lo piensa nunca, pero es así.

Leí una entrevista con Javier Solana en El País. Lo que más me gustó es cuando hablaba de Putin y contaba que tenía una buena relación con el presidente ruso pero que hubo un tiempo en el que Putin no se fiaba de él. Y entonces Solana, que ya me gusta mucho, pasó a gustarme muchísimo más. Quiero decir que el hecho de que un tío de la KGB de toda la vida no se fíe de ti es de lo mejor que te pueden decir. O no, según se vea, claro, porque si se mosquea demasiado, de repente va, te toca y ya tienes el plutonio, menudos son.

En un semáforo cerca de casa, un padre con dos niños pequeños les dice que cuando crucen estarán más cerca de la sorpresa. Y yo voy y me pongo nervioso como si la sorpresa también fuese para mí. Y miro con mucha curiosidad al otro lado del semáforo pero no veo nada ni a nadie. Se pone verde y cruzamos y cada vez estoy más nervioso y por si acaso no les pierdo de vista por si son magos y mi semáforo es una especie de andén nueve y tres cuartos. Pero nada, cruzan el semáforo y se van en otra dirección. Y me quedo sin saber cuál es la sorpresa y con ganas de preguntárselo.

Vi que varias personas mencionaban en Twitter la película de "Arde Mississippi" a raíz de lo que estaba ocurriendo en Estados Unidos tras el asesinato de George Floyd (sí, he escrito asesinato), así que me animé a verla el fin de semana. Y me gustó mucho. Me pareció muy dura, pero me gustó mucho. Está basada en el caso real de tres activistas por los derechos civiles que fueron asesinados por el Ku Klux Klan en 1964. Hay un momento de la peli en el que un personaje se pregunta de dónde sale todo ese odio. Otro personaje afirma que nadie nace odiando. Y es así. Por eso es tan fundamental una educación basada en valores como igualdad, libertad, justicia y fraternidad.

He acabado la serie de Baron Noir. Menuda serie, madre mía. Yo es que soy muy entusiasta, ya lo sabéis muchos, y a veces creo que mi crédito se agota cuando hablo bien de cualquier cosa. Pero es que es una serie maravillosa. Trata sobre la vida política francesa contada desde las intrigas que ocurren dentro del partido socialista. Está llena de referencias a la historia y me ha servido para aprender también. Y tiene muchas lecciones no solo de política sino de la vida misma. De saber sacrificarse y aceptar derrotas para salvar ciertas situaciones. Se la recomiendo a todo el mundo.

Por fin nos han arreglado un azulejo roto en el baño. Lo teníamos así desde hace un año, me parece. Y esta semana por fin nos lo han arreglado y ya está todo bien. Y pensé que qué bien está todo cuando dejas de tapar algo. Porque tú te acostumbras a tener eso así en el baño y normalizas algo que no se puede normalizar. Y el día que lo arreglan te das cuenta de que estar bien de verdad es eso, y no lo lo que tenías antes. Porque además, el que viene de fuera y ve que te falta un azulejo se sorprende y te lo dice, pero qué tienes ahí. Porque desde fuera siempre se ve todo, desde dentro muchas veces no.

En el museo nos han dicho que de momento iremos sin uniforme. Nos recomiendan vaqueros o pantalones oscuros y camisa blanca. Me acordé de muchas noches de verano en Calafell. Salíamos muchas noches pero había algunas, pocas, en las que me ponía una camisa blanca que tenía y que me gustaba mucho. Y siempre que me encontraba con los amigos, uno de ellos, Pepe, me decía sonriendo: "camisa blanca eh". Pepe, y otros, sabían que si me ponía la camisa blanca esa noche podía ocurrir cualquier cosa. Me hace gracia pensar que aquel "uniforme" de las grandes noches de verano vaya a ser ahora mi "uniforme" para el Museo.

Me reí mucho con la respuesta que le dio Salinger a un admirador que le escribió una carta. Algo había en la calidad de la tinta de la carta que le llamó la atención. Tras agradecerle sus palabras y decirle que estaba de acuerdo con muchas de sus posiciones, le dijo esto: "Para mí, ante todo, usted es un joven que necesita una cinta de máquina de escribir nueva. Dese cuenta de este hecho, no le dé más significado del que merece y luego continúe con lo que quede del día". Sobre todo el final de la frase me parece sublime y me gustaría que todos lo utilizásemos en nuestra vida diaria. Por ejemplo, "Guille, te has colocado mal la pantalla facial, date cuenta de este hecho, no le des más significado del que tiene y ahora continúa con lo que queda de día".

El lunes que viene comienzo a trabajar en la edición de la novela con la editora. Tengo que darle caña al primer capítulo y mandárselo. Y así con cada capítulo. El proceso está previsto que dure hasta el mes de septiembre u octubre. Hay que trabajar a fondo cada capítulo, pulirlo todo hasta que podamos decir que no se puede mejorar más. Llevo esperando este momento desde hace meses. Me lo tomo como un máster casi, y sin el casi. Y me ilusiona muchísimo. Y las ganas que tengo de poder ir contándole a la gente más detalles, lo que me tengo que morder la lengua en reuniones con amigos. Poco a poco podré contaros más, un poco de paciencia, para mí el primero.

jueves, 28 de mayo de 2020

Reencuentros en la primera fase


Los reencuentros en la Fase 1 en las terrazas de Madrid


Me comí un bulo. Quiero empezar por ahí, porque me paso la vida diciéndole a los demás que tienen que tener mucho cuidado y que hay que contrastarlo todo y luego voy y soy yo el que se come un bulo. Fue el vídeo en el que se ve a los manifestantes de Núñez de Balboa con el himno antifascista del Bella Ciao. Era un montaje. Y me lo creí por completo hasta que me enteré de que era una manipulación de imagen y sonido.

Otra vez la duda eterna. Hablar o no hablar de política aquí y en redes sociales. Un dilema que me viene de vez en cuando y que suelo resolver siempre de la misma manera, que es seguir haciéndolo. Pero es que además no me cansaré de decir que "la política" es algo que te afecta en tu vida diaria y que es algo en lo que hay que mojarse. Cuando tengo la duda suele ser porque me da miedo que alguien se pueda sentir ofendido por algún comentario y no quiero que ninguna relación personal se vea dañada por esto. También intento siempre expresarme con cuidado pero cuando digo intento es eso, intento, porque no siempre creo que lo consiga.

No lo he dicho en ninguna entrega de este diario, pero durante estos meses he escuchado mucha banda sonora en Spotify. No es una novedad, suelo hacerlo. Al que más escucho es a John Williams. Lo que voy a decir es una obviedad, porque no siempre se pueden escribir cosas que nunca nadie haya dicho antes. Pero me fascina que alguien cree una música y ya siempre se asocie esa música a ese personaje o a una situación. Que tú estés en el mar bañándote y un amigo te haga la broma de la música de Tiburón aunque hayan pasado cuarenta y cinco años, a eso me refiero.

El viernes se anunció que pasábamos a la Fase 1 en Madrid. Explosión de alegría en Twitter y en los whatsapps. Por fin podríamos reencontrarnos. Pero también tuve que leer un comentario de alguien que decía "Madrid pasa a Fase 1, qué horror" y otros del tipo "yo me quedo en fase 0, por responsabilidad". A mí me parece genial que tú te quieras quedar en casa, pero deja a la gente que lleva dos meses encerrada que se alegre de poder ver a sus familias y amigos. Hay gente a la que yo dejaría en fase 0 toda la vida.

El lunes fue un día bonito en Madrid. Yo creo que todo el mundo fue a reencontrarse con sus familias. Yo fui uno más. Me puse muy contento de ver por fin a mis padres y a mi hermana. Y también a Trampas, el perro de mi hermana. Fue gracioso porque después de dos meses, lo primero que hicieron mis padres al verme fue regañarme, como buenos padres. Lo hicieron por haber ido sin mascarilla en el ascensor. Y ya lo más gracioso es cuando le pregunté a mi padre si le podía dar un beso o no y me dijo "no" sin pensarlo.

Cuando se anunció el pase a la fase 1 empecé a ver que mucha gente decía que ya habían llamado a su bar para reservar terraza. Y me agobié por algo que me suele agobiar a veces. Se trata de que no tengo un bar. No en propiedad, sino que no tengo un bar típico que pueda considerar "mi bar" como muchas personas. Eso es algo que a mis padres nunca les ha pasado, porque a fuerza de repetir en los mismos lugares, les conocen y eso siempre es bueno. Yo quizá tenía el Palentino, pero es que el Palentino era el bar de toda una generación. Si hablamos del Palentino, hablamos casi más de una religión que de un bar. Desde que cerró, no hay un bar que haya sentido como propio.

Por fin también nos reunimos con amigos en una terraza. A mi hermana y a mí nos gusta juntar a nuestros amigos y llevábamos sin poder hacerlo todo este tiempo, claro. Así que por fin nos juntamos nueve, entre amigos suyos y míos, a tomar unas cervezas y unos tintos de verano en una terraza, recuperando poco a poco la vida cotidiana.

Se retira Aduriz, una leyenda del Athletic de Bilbao y del fútbol español. Jugadores como Aduriz hacen que el fútbol sea más de verdad. Y en un mundo como el de hoy, cualquier persona que consiga que cualquier cosa sea más de verdad es una persona a la que hay que estar muy agradecido. En su despedida, al hablar de la final de Copa que no podrá jugar, aseguró lo siguiente: "el equipo hubiera sido peor conmigo". Sobran las palabras. 

El lunes fui a una terraza cerca de casa con Oli. Vimos alguna escena de reencuentros pero una especialmente entrañable. Unos abuelos que se reencontraban con sus nietos. La señora era para darla un abrazo detrás de otro. Se le iluminaban los ojos y nos miraba a Oli y a mí y nos explicaba: "es que no nos hemos visto nunca". A la parte irracional de mí le divirtió mucho pensar que realmente esos dos señores no conocían de nada a la pareja joven y a los dos niños con los que estaban sentados en la mesa.

Con tanta mascarilla por la calle y en el autobús y en el metro me acordé de lo que decía Oscar Wilde, que si le dabas una máscara a un hombre te dirá la verdad. Quizá con la mascarilla nos sintamos protegidos y nos volvamos todos más sinceros, yo que sé.

El sábado 6 de junio abre sus puertas de nuevo el Museo delPrado. Tengo muchas ganas de volver a mi vida normal, de volver a un lugar que tantas cosas buenas me ha traído, de ver a mis compañeros y abrazar a los que se dejen, y de volver a estar rodeado de cuadros y resolver dudas a los visitantes.

Ayer busqué el verano por primera vez este año. Yo es que me paso la vida buscando el verano. Para irme a dormir la siesta, bajé bastante las persianas y dejé abierta la ventana para que pasase un poco de aire. Busqué una siesta de verano, que son las más felices de todas, con esa luz especial que tienen las habitaciones en las tardes de verano.

jueves, 21 de mayo de 2020

"Prolijo y complicado" es nombre de grupo indie


El cielo de Madrid desde el confinamiento del coronavirus

Al ver las imágenes de las cacerolas en unos barrios y las colas del hambre en otros, me vinieron a la cabeza unas palabras de Holden Caulfield en El Guardián entre el centeno. Un profesor le dice que la vida es una partida y Holden piensa que "de partida un cuerno. Menuda partida. Si te toca del lado de los que cortan el bacalao, desde luego que es una partida. Pero si te toca del otro lado, no veo dónde está la partida. En ninguna parte. Lo que es de partida, nada".

En un paseo, escucho a una adolescente decirle a sus amigas "no os conté mi bochorno en Pachá", y luego dijo algo de una cachimba. Supongo que el bochorno era ese, estar en un sitio como Pachá y sentarte en un sofá a fumar cachimba, digo yo.

Algunas noches, tarde, desde el sofá, veo pasar el 149 por mi calle y me da mucha pena. Lo peor es que no puedo explicar bien por qué me pasa. Creo que a veces algo te da mucha pena y por mucho que te esfuerces no sabes el motivo y es mejor dejarlo así.

Un buen amigo tiene una historia bonita de amor con una chica. Ella ha estado viviendo en el extranjero durante los últimos tiempos. Por fin, pudo volver a España hace poco. Y justo en ese momento empezó el coronavirus. Viven en distintas provincias, así que llevan sin poder verse todos estos meses. Pienso en todas las historias de amor que comenzaban y que se han visto paradas temporalmente. 

En una entrevista en El País, Yolanda Díaz, Ministra de Trabajo, hace hincapié en la importancia de las relaciones personales a la hora de lograr acuerdos. Me gusta mucho que lo diga porque es algo con lo que yo tengo una buena pedrada. Si tú te llevas bien con alguien, es más fácil que puedas entenderte con él aunque penséis distinto. Siempre he oído que en la Transición había buenas relaciones personales y que eso ayudó mucho a que se consiguiese todo lo que se consiguió. Durante los últimos años yo decía mucho medio en broma medio en serio que si Rajoy y Mas se hubieran ido de cañas en su momento no hubiera pasado nada de lo que pasó.

Relacionado con esto, se me ocurrió una idea que quizá os parezca una locura, a ver. Al ver las imágenes de personas protestando delante de la casa de Pablo Iglesias y de Irene Montero, pensé que sería un auténtico golpe de efecto que saliese Iglesias y invitase a uno o dos de los que estaban ahí a pasar a su casa a tomar un café o una cerveza. Yo siempre tengo en mente a Mandela. Y Mandela se metía en el bolsillo a sus enemigos por gestos así. Personas que querían ver muerto a Mandela se rendían a él después de pasar un rato en su compañía.

A mí me fascinan los que piden libertad y aseguran estar oprimidos en plena calle, sean de la ideología que sean. Sin embargo, tienen talento. Quiero decir que consiguen que haya gente que les crea. Yo salgo con Oli y mis amigos a la calle y nos ponemos a decir que estamos oprimidos y es que creo que nos mandan confinados a casa un año por el ridículo espantoso que haríamos. Lo que pasa es que hay que creerse que de verdad estás oprimido, y eso a mí no me pasa. No en la España de 2020.

Salinger montó un pollo de mucho cuidado por una coma. Lo contó el editor de The New Yorker William Maxwell en una entrevista. En el momento de ir a ser imprimido, un corrector le dijo a Maxwell que pensaba que en una frase de un relato debía haber una coma. Maxwell intentó ponerse en contacto sin éxito con Salinger y apoyó la decisión de colocar la coma. Cuando Salinger leyó el relato y se encontró con la coma entró en cólera y armó un gran escándalo. Yo lo entiendo. Si yo no he puesto una coma ahí, no vayas tú y me la pongas. Los detalles son importantes, siempre.

Esta semana y la anterior son las semanas en las que se tenía que haber visto un rebrote muy grave del coronavirus. Todo esto según los que se pasaron los días acusando a los españoles de "irresponsables". Resulta que los datos no han demostrado nada de eso que decían los amigos del #todomal. La evolución sigue siendo buena. Aún así, cada día, tienes que leer comentarios del tipo "así no saldremos nunca" porque hay gente que es irreductible a la realidad. Son gente que a las once de la noche te dicen que no es de noche, que es de día, que cómo no puedes ver el sol.

Oli cuida de mí. Cuando salimos a pasear estos días intenta que antes de las nueve estemos en casa para que no me cruce con ninguno de los de las cacerolas. Y si estamos en casa, un poco antes de las nueve me manda a hacer la cena para que esté distraído y no escuche el ruido de la calle. Un poco como Good bye Lenin, que no se entere el pobre de la que hay liada ahí fuera.

Leo en una entrevista a Javier Solana, presidente del Patronato del Museo del Prado, asegurar que para la reapertura del museo hay que "preparar al personal" y que el plan es "bastante prolijo y complicado". Y al leer esto, me viene a la cabeza de repente que "Prolijo y Complicado" sería un maravilloso nombre de grupo indie. A veces me vienen cosas así a la cabeza.

Estoy muy enganchado a la serie Baron Noir. La primera vez que oí hablar de ella fue a Errejón. Después, he sabido que mis padres también la han visto. Es una maravilla. Cada capítulo te impresiona de alguna manera. Es francesa y trata sobre intrigas políticas en el partido socialista francés. Hay un tío ahí, el protagonista, que se pasa la vida conspirando, es agotador, no para nunca. He leído que ha sido la serie preferida de algunos políticos durante el confinamiento, Pedro Sánchez incluido.

El gobierno de Holanda recomienda a los solteros buscar un compañero sexual para pasar el confinamiento. A mí me parece un poco lío esto porque no sé cuál es el nivel de confianza para ir y decirle a alguien si quiere ser tu compañero sexual para el confinamiento. ¿Y es sólo para el confinamiento? ¿O puede seguir después? También hablan de un compañero para dar abrazos. Yo supongo que los holandeses y holandesas se pondrán como locos a buscar compañeros de abrazos, estoy convencido.

Descubro una canción de esas que te alegra el día aunque tú no quieras que una canción te alegre el día, que son quizá las canciones más necesarias de todas. Como esas personas que te pillan enfurruñado y te saben sacar de ahí. Se titula Con mi voz y es del grupo Mäbu. Hay un momento de la canción en el que incluso me río cada vez que lo escucho porque la cantante hace cosas graciosas con la voz. Además, tiene una frase que me gusta mucho y me gustan las frases que son latigazos en mitad de canciones alegres. La frase es "no puedo darle todo a quién no quiera".

jueves, 14 de mayo de 2020

La vida sigue y tú no vas a vomitar

Los paseos de las ocho por Madrid en época del coronavirus
Los paseos de las ocho por Madrid en época del coronavirus

Con los paseos ha vuelto la maravillosa sensación de volver a casa. La de haber estado dando una vuelta fuera, aunque no sea mucho tiempo quizá, y llegar a casa y poder decir "qué gusto", que es algo que a mi madre siempre le ha gustado mucho decir, sobre todo cuando volvíamos de vacaciones. Aquí no estamos volviendo de ningunas vacaciones, pero aún así me gusta tener esa sensación de volver al hogar.

Creo que tengo candidata a la frase más triste de todo el confinamiento. Se la dice Santi Balmes, cantante del grupo Love Of Lesbian, a Sara Navas en esta entrevista. Al ser preguntado por lo que hará cuando esto acabe, Balmes responde que "voy a ir a Barcelona, me voy a sentar en una terraza y alguna lágrima caerá encima del café". Planazo. Por favor, Santi, dinos algo más alegre. Además que nunca entenderé esa manía que tienen muchos catalanes con quedar a "hacer un café". Se queda a tomar cervezas, no a "hacer un café".

A propósito de lo de llorar, leo un tuit en el que alguien declara estar volviéndose un cínico con todo esto. Me identifico con lo que dice. Me refiero a que estamos viendo un derroche de sentimentalismo barato que pone de los nervios. Me tengo por una persona sensible, pero no puedo con tanto azúcar, de verdad. Todos los anuncios de tele son de lo mismo. Y que alguien le diga a los músicos que nadie les obliga a hacer una canción sobre el coronavirus, porque es que a lo mejor no lo saben.

Leo una entrevista que me gusta mucho con un escritor al que no conocía. Se llama Héctor Abad Faciolince. Ha sacado ahora un libro con sus diarios que seguramente me compre. En la entrevista dice muchas cosas interesantes. Me la he releído varias veces. Cuando algo me gusta soy muy compulsivo. Me quedo con lo que dice cuando afirma que "un escritor de novelas debe vivir. Estar rodeado de libros es bonito, pero si no vives, si las lecturas no las combinas con la calle, el cuerpo, el amor, la muerte, la enfermedad, la insatisfacción, el fracaso...". Me gusta que un escritor anime a vivir porque no siempre ocurre. Elvira Lindo se metía el otro día en su artículo con los escritores que están diciendo en muchas entrevistas que ellos ya estaban acostumbrados al confinamiento.

En estos momentos de crisis mundial, recordé a Kafka. El 2 de agosto de 1914, recién iniciada la I Guerra Mundial, el escritor anotó lo siguiente en sus diarios: "Hoy Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde fui a nadar". Siempre se me ha quedado grabada esta frase de Kafka porque me parece una forma de decirle al mundo que tú sigues con tu vida pase lo que pase. Me gusta ese mensaje de que la vida cotidiana continúa por encima de todo.

A Inés Arrimadas le dijeron de todo los ultras por apoyar al Gobierno en la prórroga del Estado de Alarma. Alguien recordó en Twitter una frase de David Trueba que decía que "qué sería de la vida sin los insultos de la gente que nos tiene que insultar". Me parece una gran frase que se puede aplicar muy bien a este momento y en general a la vida política española. Que los ultras te insulten debe honrarte, a ver si lo entendemos de una vez. Tratar de ser cauteloso para no ofender a los ultras suele acabar mal.

El viernes pasado vi a un grupo de gente en la calle mirando un altavoz. Desde el altavoz salía el Nessum Dorma. Menuda panda de chiflados. Yo supongo que el pobre señor colocó el altavoz en la ventana porque le apetecía, sin más. Y puso el Nessun Dorma a todo volumen porque era su manera de pasar el viernes noche, y yo en cómo pasa una persona un viernes noche no me meto, es algo muy personal. El caso es que las personas miraban desde la calle al altavoz como si fuese éste el que cantase. Lo peor es que al terminar se pusieron a aplaudir, menudos tarados. Tuve ganas de decirles que estaban tarados, pero no se lo dije porque Holden dice que a los tarados les revienta que alguien les diga que están tarados.

Este fin de semana vuelve la Bundesliga, la liga alemana. Éste ha sido un pensamiento muy recurrente en mi cabeza durante esta semana. Hace años que no veo partidos de ligas extranjeras, pero tengo tanta necesidad de fútbol que el sábado me sentaré a ver el Borussia-Schalke como si me fuese la vida en ello. Supongo que los futboleros tendremos que volver a escuchar que vuelve el opio del pueblo y esas cosas. Pero es que no es verdad. Puede gustarte el fútbol y estar comprometido con la sociedad. Incluso puedes terminar de ver un partido y ir y decir que "la hegemonía se mueve en la tensión entre el núcleo irradiador y la seducción de los sectores aliados laterales. Afirmación-apertura". Hasta se puede ser del Madrid y de izquierdas, imaginaros, que hay mucha gente que piensa que no.

Escuché a Pedro Sánchez decir que teníamos que mantener la distancia social con los seres extraños que nos cruzásemos por la calle. Eso es algo que yo ya hacía de antes. Tal vez el único problema que tengo yo es que pongo el baremo de "ser extraño" muy bajo. Entonces a la mínima yo ya voy y me cambio de acera. Al hablar de seres extraños, me acuerdo de la anécdota de mi padre en Berlín. Él viajó solo a la capital alemana antes de que cayese el muro. Al estar en la parte del este, en una calle, unos judíos le empezaron a hacer señas desde un local. Al parecer les hacía falta una persona para rezar. Mi padre se largó de allí porque consideró que eran unos seres extraños. Es que no me extraña. No sé por qué cuento esto, yo creo que venía a cuento, aunque esto depende de cada uno.

He visto la serie de la que tanta gente habla, Unorthodox. No me llamaba mucho, pero me animé al ver que eran solo cuatro capítulos. Y me gustó mucho, la verdad. Cuenta la historia de una comunidad de judíos ultraortodoxos en el barrio neoyorquino de Williamsburgh. Te quedas alucinado porque es una auténtica secta.

Hay una escena que me gustó mucho. La protagonista se escapa a Europa, a Berlín en concreto. Allí está en un bar con unos amigos que ha hecho y está comiendo un sándwich. Al enterarse de que es de jamón, sale corriendo fuera y se apoya en un árbol para vomitar. Pero no lo hace. Vuelve y le explica a su amiga que es que siempre había pensado que si comía jamón vomitaba. Me pareció ilustrativo de lo importante que es recibir una buena educación. Me hizo pensar también en las creencias que a veces tiene uno sobre sí mismo basadas en premisas equivocadas. Lo que trato de decir es que te puedes pasar la vida alimentando miedos infundados, hasta el punto de que te crees que si te pasa determinada cosa o haces algo que te da miedo vas a vomitar y de repente vas, lo haces, y descubres que no vomitas.

La otra serie que he visto es Run. El punto de partida me encanta. Un chico y una chica se dicen, con veinte años, que si más adelante en la vida a uno de los dos le iba mal escribiría al otro un mensaje en el que pusiese "RUN". Y si el otro contestaba con "RUN" se verían en la mítica estación Grand Central de Nueva York para coger el primer tren que saliese a las 17.30 tuviese el destino que tuviese. Pues resulta que se mandan el mensaje y se meten en un tren que va a Chicago y tiene dos paradas cortas de veinte minutos. Una es en Pittsburgh y otra en Cleveland. Yo pensé si aprovecharía esas paradas para bajarme a soltar las piernas. A veces pienso esas cosas. Y llegué a la conclusión de que en Pittsburgh no porque no me fiaría un pelo, pero que en Cleveland sí, sin duda, me bajaría tranquilamente a estirar las piernas y luego subiría de nuevo al tren. Supongo que hay gente que se bajaría en Pittsburgh y jamás se bajaría en Cleveland y los habrá que se bajarían en las dos y que no se bajarían en ninguna. Esto va en los gustos de cada uno. La serie está muy bien, que casi se me olvida decirlo.

jueves, 7 de mayo de 2020

Diarios del Confinamiento X: entre Formentera y Malasaña está el paraíso


Pasear por Madrid cuando se acaba el confinamiento
La felicidad de volver a las calles de Madrid


Nunca me hubiera imaginado queriendo vivir en Formentera hasta que el lunes por la mañana escucho a un tío en la radio que dice que se está tomando un café en una terraza al sol. Esos privilegios de la fase uno.

No sé vosotros, pero yo estoy muy nervioso por lo de las fases. Madrid ha pedido pasar a la fase 1 porque debe haber un coach por ahí diciéndoles que hay que atreverse a lo imposible y todo eso. A mí me divierte mucho los piques que puedan producirse entre ciudades y pueblos vecinos. Quiero decir que si por ejemplo Huesca pasa a la fase 1 y Zaragoza se queda en la 0, los de Huesca se podrán reír mucho de los de Zaragoza.

Por fin hemos vuelto a las calles. Oli y yo hemos salido todos los días desde el sábado. El primer día salí a correr y llegué hasta la Puerta del Sol. Los entusiasmos son peligrosos y a veces se pagan. No he podido volver a correr ningún día de las agujetas que tengo. Volviendo de Sol, me encontré en Fuencarral con Virginia, amiga de Oli. Virginia es de esas personas que dejan siempre alegría. Quiero decir que tú te despides de ellas y durante un rato te sientes muy alegre y no sabes por qué. Pues es porque acabas de estar con una de esas personas.

Dos amigos a los que quiero mucho me dijeron que no habían salido de casa ni tenían intención de hacerlo. No era por miedo, era porque pasaban de salir. Es decir, a ti te encierran dos meses en tu casa y cuando te dicen que por fin puedes salir tú vas y te quedas en casa. Les dije que no lo podía entender. Y yo lo que no puedo entender casi siempre me saca de quicio. Oli siempre me dice que no puedo ver todo desde mi prisma. Pero es que mi prisma, en este caso, coincide con el de mucha gente que se ha echado a la calle harta de no poder salir. Para mí, no salir de casa es perderse la vida.

En los paseos tienes una sensación de irrealidad que es imposible quitarte de encima. Todo parece una ficción. De repente, a las ocho, todos salimos de casa y nos ponemos a pasear un poco como zombies, sin saber muy bien qué rumbo tomar. "Pero dónde vamos" "No lo sé, tú anda y ya está" puede ser el diálogo más repetido estos días.

En el paseo del martes me encontré con mi amigo Luis y su novia Maria Ángeles. Me hizo un montón de ilusión. Es el primer amigo al que veo después de todo esto. Se hizo rarísimo el no poder darnos un abrazo. No sé si voy a aguantar mucho sin poder dar abrazos a la gente que quiero, la verdad.

El martes fue un gran día. Me lo pasé casi entero en la calle. Y de manera legal todo, por supuesto. Se me acaba de hacer muy raro escribir esto que acabo de escribir. Si hace unos meses leo "me pasé el día en la calle y de manera legal" no hubiera entendido nada de nada. Por la mañana me fui hasta mi librería favorita en Malasaña, Tipos Infames. Podía haber esperado a la semana que viene, sí, pero es que soy un poco ansias y necesito volver a hacer cuanto antes todo lo que no he podido hacer en dos meses. Pequeñas metas que ir conquistando en cada fase. Lo siguiente, ver a la familia y la cerveza en una terraza. "Esto ya no es lo que era" tiene ahora un sentido positivo.

Las compras. Soy una persona a la que le gusta cargar de significado determinados acontecimientos. Por eso, me parecía que el primer libro que debía comprar después de todo esto tenía que ser uno especial, un libro que al comprarlo sintiese que, ya sí, todo está terminando y que supusiese una especie de celebración. Así que me compré un libro de Salinger que aún no tenía y del que me han hablado maravillas, Franny y Zooey. Dicen que Franny es tremenda. Me lo leeré este verano. Me compré también Suave es la noche, de Fitzgerald, porque no he leído nada suyo y creo que va siendo hora.

En esa lucha por conquistar pequeñas metas, el lunes empecé a hacer lo que más me gusta en esta vida: planes. Cogí el móvil y les pregunté a Iván y a Eliana que cuando quedábamos. Oli ya se agobiaba. El solo acto de preguntarle a unos amigos que cuándo quedábamos me sentó la mar de bien, en serio.

Mi amigo Iván ha montado un podcast con un amigo suyo en el que van entrevistando a gente de su entorno. Me parece una idea genial porque todos vemos a los famosos en videoconferencias en la tele contándonos su confinamiento, pero a mí me gusta más saber cómo lleva el confinamiento la gente normal y anónima.

Hay personas que creen que ando paranoico perdido con el coronavirus. Vamos a ver, yo sólo soy paranoico con que un psicópata entre en mi casa de noche y me descuartice. Creo que eso puede suceder, y tomo mis precauciones. Pero en cuanto al coronavirus, no soy paranoico. No lavo la compra, por ejemplo. Hay gente que vuelve de comprar, se ducha, lava la ropa y se pone a lavar la compra. Es decir, hay gente que compra un frasco de lentejas y va y lo lava con lejía, de verdad.

El lunes fue nuestro aniversario. Ocho años juntos. A mí siempre me ha gustado más este aniversario que el de boda. Me parece más auténtico. Porque de alguna manera, al recordar un comienzo, estamos recordando la incertidumbre que acompaña a todos los comienzos. Y es una incertidumbre bonita. Yo siempre he tenido una pedrada con las historias de cómo se conoció la gente. Me encanta conocer los detalles, las casualidades que llevan a dos personas a cruzarse. Aunque el día de la boda es bonito, me interesan más los comienzos.

En el caso de Oli y mío, yo pasé de no haber tenido novia nunca a de pronto decirle a mis padres que me iba un mes a vivir a casa de una chica que iba conmigo al máster. Así, de repente, una cosa de locos. Pero Oli siempre me decía que cuando volviese a Barcelona eso se acababa. Cuando la chica que te gusta te dice que lo vuestro tiene fecha de caducidad te pones muy triste. Pero mi amigo Álvaro me dijo algo así como que de mí dependía que cambiase de opinión. Digo algo así porque igual no me dijo nada parecido porque es que yo me invento cosas a veces. Holden decía que la gente se cree que las cosas tienen que ser verdad del todo. La gente en general es agotadora.
  
Qué importante es tener a alguien que te aguante. Que te apoye, que te entienda, que comparta tus opiniones, que tenga tus mismas aficiones, que se ría contigo o que te haga reír mucho. Todo eso está muy bien, pero son tonterías al lado de tener a alguien que te aguante en tus peores momentos, cuando no te aguantas ni a ti mismo.
  
Con toda la libertad, aunque en pequeñas dosis, que hemos recuperado, no le veo sentido a seguir hablando de confinamiento. Así que este texto será el último de los diarios del confinamiento pero, agradecido y animado por algunos de vuestros comentarios, voy a continuar escribiendo este diario. Lo único que espero es seguir estando a la altura.

jueves, 30 de abril de 2020

Diario del Confinamiento IX: Por Córdoba bien, gracias

Interior de la Mezquita de Córdoba, de David Roberts. (Museo del Prado)

La semana comienza con los del #todomal muy venidos arriba, y yo alterado. No quiero insistir sobre el tema, pero creo que los españoles somos demasiado autodestructivos. Me parece que hemos cumplido el confinamiento de manera ejemplar. Y que cuatro fotos repetidas en bucle han querido ser utilizadas para crear una realidad paralela que ha dado pie a una negatividad muy tóxica. Juanma Castaño dijo algo en la Cope que me gustó mucho. Cuando la gente se pregunta: "¿Pero y quién va a controlar que estoy una hora en la calle?" Dijo Castaño "pues tú, lo controlas tú. Tú eres ciudadano y debes controlarlo tú". Casi me pongo a aplaudir en la cama de noche pero no quería despertar a Oli. Ya cree que estoy loco y no quiero hacer cosas que puedan confirmarlo.

Con lo de las famosas fases de desescalada pensé en las relaciones entre las personas. También hay desescaladas en las relaciones entre las personas cuando se sufre una decepción con alguien. De repente, retrocedes todas las fases que habías ido superando. Una por una. Lo haces con cierto dolor aunque también satisfacción. A lo mejor, con suerte , no se retrocede hasta la fase cero, pero sabes que nunca volveréis a la cuatro.

El sábado Oli se queda dormida en el sofá después de comer, pero se queda dormida demasiado rápido para mi gusto. Quiero decir que me quedo confinado en el sofá. Porque creo que cuando alguien se duerme la siesta, cualquier mínima alteración de las condiciones ambientales puede hacer que se despierte. Procuro bajar el volumen de la tele. Por supuesto, me olvido de cambiar de canal o ponerme una serie, y me quedo viendo Mentiras del pasado hasta el final. Me recuerda a cuando nos dijeron que tenían que quedarnos en nuestras casas y te habías dejado cosas que hacer. Yo me había dejado lavar los dientes y cogerme la radio o una tablet para ver alguna serie.

El lunes pude meter las cosas en el carro tranquilo por fin en el Mercadona. Estaba en una caja que habilitaron especialmente para mí. Una vez hube pagado, la cajera se fue. Los días anteriores había sido eso una agonía porque ahora el siguiente no puede empezar a dejar las cosas en la cinta hasta que el otro ha pagado. Y claro, a mí esa situación me ponía muy nervioso. No funciono bajo presión, nunca he funcionado. Y saber que hasta que yo no terminase de meter la compra en mi carro el siguiente no podía empezar a dejar su compra en la cinta me superaba. Cuando eres un sinsangre te pasan cosas así. Mi duda es si los del Mercadona habilitaron la caja solo para mí porque ya me han fichado.

Acabé la serie de Netflix Los asesinatos del Valhalla y me encantó. Sólo tiene una temporada y está genial. Además, ese ambiente nórdico me gusta mucho, con esos paisajes islandeses nevados y esa luz tan especial. Estoy a punto de acabar El Espía, de seis episodios, que cuenta la historia real de un espía israelí que se infiltró en Siria en los años 60. El creador es Gideon Raff, que es el mismo que hizo la serie original israelí en la que luego se basó Homeland. Estoy viendo también la octava de Homeland y es una de las mejores de toda la serie. Y veo que hay ya tercera temporada de Fauda, una serie israelí sobre una unidad antiterrorista del MOSAD, el servicio secreto de Israel. Crímenes y espías, mis series.

Évole entrevista a la filósofa Adela Cortina. Le pregunta el clásico "¿saldrá un mundo mejor o peor de esto?". Me encantó la respuesta seria de Cortina sin caer en sentimentalismos. Vino a decir que ni lo uno ni lo otro y que ella consideraba tanto al optimismo como al pesimismo como dos estados fugaces. Y lo remató diciendo que ella siempre prefiere hablar de esperanza, pero que ésta hay que construirla. Me gustó porque no cayó en el fácil "saldremos mejores" y cosas así que tanto se escuchan.

Como tanta gente, me he enganchado al #MerlosPlace, la historia del vídeo de Alfonso Merlos en una videoconferencia con Javier Negre y una chica que no era su pareja semidesnuda paseándose por su casa. El sábado por la noche en Twitter no se hablaba de otra cosa que del Deluxe. Lo que más gracia me hacía es que hablaban de ello hasta periodistas que siempre están hablando de política y temas muy trascendentales. Me gustó porque no todo tiene que ser siempre serio, hay que saber reírse. Y Marta López, la que era pareja de Merlos, dejó una frase que me pareció digna de una novela de Eduardo Mendoza: "ya que me pones los cuernos, pónmelos como un señor". Jorge Javier se está luciendo esta semana. Su frase "este programa es de rojos y maricones" es historia de la televisión. A propósito de Jorge Javier, os recomiendo a todos este artículo que escribió Ángeles Caballero en El Confidencial.

Sale un chico en el informativo de Tele5 y al ser preguntado por la posibilidad de que abran las terrazas pronto si todo va bien dice, textual: "sueño con la caña. Tengo la caña en mi mente todo el día". Y pienso que no lo ha podido expresar mejor y que me representa. A mí y a muchos otros que estamos deseando tomarnos una cerveza al sol en cuanto se pueda.

Booking me pregunta que qué tal mi estancia en el Hotel Riviera de Córdoba. Ni me había acordado de que el fin de semana pasado Oli y yo nos íbamos a Córdoba. Me dan ganas de responder que "bien, gracias". El mensajito de Booking me recuerda a cuando mi abuela Loli me preguntó muy emocionada que qué tal, que qué tal, que qué tal con la chica esa con la que estás hablando tanto, que ya me han dicho, y yo no sabía cómo decirle que la chica esa me había dado calabazas hacía pocos días. Me dio por imaginar una aplicación de móvil que te fuese preguntando qué tal, eh, cuéntame, con cada experiencia fallida de tu vida: el trabajo que te entusiasmaba y no conseguiste o los amores que no fueron.

jueves, 23 de abril de 2020

Diario del confinamiento VIII: Woody Allen y los gintonics de Esperanza Aguirre


Mi sofá es el Rastro en este confinamiento


En el Supersol hay una señora que va hablando por teléfono y al que sea con el que esté hablando le dice que ella de lo que tiene ganas es de ir y pegarle un garrotazo a alguien. Tal cual. La escucho y la miro atento. Se me pasa por la cabeza decirle que si puedo ir con ella a pegar garrotazos al que sea porque también tengo ganas. Sobre todo si ese alguien ha dicho algo como "éramos felices y no lo sabíamos".

Mi lado del sofá se parece cada día más al Rastro. En él, puedes encontrar desde una pelota de béisbol que me trajo mi hermana de Estados Unidos a una armónica, y muchas libretas también, claro. Tengo ahí todo lo que pueda necesitar. Es lo que mi madre ha llamado siempre "el despliegue" porque cuando vivía en casa de mis padres y decidía pasar una tarde en el sofá del salón iba ahí con todas mis cosas: el libro, la radio, etc.

Leo en unas instrucciones la típica frase de poner a "fuego moderado". Y me da por pensar que qué entiende el que escribe eso por "moderado". Hay gente que te dice que es moderada y de repente un día tomando una copa de noche van y te dicen que el capitalismo es la muerte.

Decía Bukowski que lo malo del alcohol es que se bebe para celebrar, se bebe para olvidar y se bebe para provocar que pasen cosas cuando no pasa nada. Siguiendo esta lógica en tiempos del confinamiento, la cosa puede acabar muy mal, porque beberemos para celebrar cuando nos dejen salir, bebemos mientras para olvidar que no podemos salir, y como no pasa nada encerrados en casa, bebemos con la esperanza de que pase algo, aunque no sepamos muy bien el qué.

La otra tarde tenía mucho sueño pero no me quería dormir. Me apetecía leer, ver alguna peli o serie, lo que fuese, me apetecía estar activo. Pero se me cerraban los ojos. Y me puse a pensar en qué hará la gente cuando tiene sueño pero no quiere dormir. Me gustaría poder salir a la calle y preguntárselo a todo el que me encuentre pero hay cosas que no se pueden hacer así por así porque enseguida a la gente le da por pensar que estás loco de remate. Pero a mí me obsesionan los detalles cotidianos de la vida de las personas y podría pasarme la vida haciendo este tipo de preguntas a todo el mundo.

Hablando de la vida cotidiana, el otro día en una videollamada con mi hermana, su amiga Deya, mi amigo Luis y una amiga de Barcelona, María, lo primero que me preguntaron fue: "¿has puesto cara de odio al ver la llamada? Es que sabemos que eres muy de horarios". Me conocen muy bien, no sé si decir demasiado porque "demasiado" tiene connotación negativa y a mí saberlo todo de alguien nunca me ha parecido algo malo. Y como me conocen tanto sabían que a esa hora yo ya podía pasar de videollamadas porque estaría o cenando o viendo alguna serie. Pero resulta que acepté la llamada y fue la mejor videollamada de todo el confinamiento. Me reí un montón. Nada como romper una rutina establecida para que ocurran cosas divertidas.

Hay cosas que me sacan de quicio, como que se me queme la pizza en el horno o que se me caigan los calcetines en el trayecto entre la lavadora y el tendedero. Creo que lo segundo me molesta incluso más porque es más real. Lo primero no me ocurre nunca, aunque yo siempre creo que el horno va a arder desde que en una nochevieja a mi madre se le incendió un poco el horno. Qué susto más grande, de verdad.

Escuché que iban a dar aprobado general. Lo primero que pensé fue lo bien que me hubiera venido a mí en alguna época de mi vida. Siempre se me atravesaron las matemáticas. Tenía siempre un profesor particular. Tuve unos cuantos, entre ellos el que tiempo después se convertiría en mi tío, Purdi. Se iban sucediendo. Y a mí me daba mucha pena a veces. Porque los cogía cariño y después se tenían que ir. Coger cariño a la gente es un rollo de mucho cuidado.

Oli suele ser la última en meterse en la cama y apaga la luz, claro. Y a veces hace una cosa que no me gusta nada. Apaga la luz y se queda ahí quieta en la oscuridad durante unos segundos. Y yo me muero de miedo porque no sé dónde está ni lo que va a hacer. Una vez en una casa rural, compartía habitación con mi amigo Luis. Antes de dormirme le dije que me daba miedo que me atacase durante la noche porque le viniese algo raro a la cabeza. Y cuando vivía en casa de mis padres, me daba miedo que mi hermana viniese a mi habitación por la noche y solía poner la portería que tenía como barrera detrás de la puerta. A veces no me siento a salvo con nadie porque creo que cualquiera puede convertirse en un psicópata. Pero es que yo estas cosas las pienso en serio.

Vi una charla de varios políticos, algunos de ellos actual y espero que temporalmente retirado, hablando de música, libros, series y películas. Eran Eduardo Madina, Borja Sémper, Andrea Levy, Íñigo Errejón y Gabriel Rufián. La conversación la organizó El País y está en Youtube. Y es un gusto escucharles. No conocía a más de la mitad de los artistas que mencionaban pero verles hablar y reírse me hizo sentirme bien. Porque pensé que la cultura une lo que parece que es imposible unir.

En esa charla, Madina decía que estos días de confinamiento estaba recurriendo a sus "certezas musicales". Me gustó la expresión. Mis certezas musicales serían Bruce y música de los 80 en general. Aunque estos días estoy escuchando cosas nuevas. Y así descubrí una canción de La Bien Querida que se me atravesó. Me gusta mucho ese momento en el que descubres una canción y se te atraviesa. Es la canción "¿Qué?" en la que habla de algo que creo que todos hemos vivido en el amor. Hay una frase del estribillo en la que dice: "Lo que me pasa contigo es que no distingo entre lo que es real y lo que me he inventado yo". 

Me estoy poniendo al día con Woody Allen. Ya había visto alguna, pero sus clásicos no. He visto Manhattan, Annie Hall, Desmontando a Harry. También Cafe Society. He visto Annie Hall a mis 35 años y me siento culpable. Porque además, me gustó mucho. Me hizo reír y es una comedia romántica muy realista. Cuando me siento mal por descubrir cosas así tan tarde, siempre pienso en Esperanza Aguirre. Aguirre le dijo una vez a Jordi Évole que se tomó su primer gintonic a los sesenta años, y que le gustó. Así que siempre se pueden descubrir cosas aunque sean tarde, ya sea Woody Allen o sean los gintonics. Aunque a mí estas cosas a veces me dan pena, porque es como cuando conoces a alguien y te llevas tan bien con él que te hubiera gustado que fuese tu amigo desde hace muchos años. A mí eso siempre me suele poner muy triste.