jueves, 17 de septiembre de 2020

Hay gol en el botellón

El Museo del Prado un domingo de septiembre


Con septiembre vuelven muchas cosas buenas. Una de ellas, es el periodista Javier del Pino, que conduce
el programa "A vivir que son dos días" en la Ser los sábados y domingos por la mañana. Del Pino hace una radio alternativa y distinta a cualquier otra cosa que puedas escuchar. Su programa es fresco, es original, es interesante y entretiene. El año pasado se creó polémica porque el periodista criticó que algunos de los programas de la Ser "olían a naftalina". Más allá de lo oportuno de criticar a compañeros tuyos, me parece indudable que lo que dijo es verdad. La radio en España, en general, está anclada en el pasado. Por eso escuchar a Javier del Pino cada fin de semana es un soplo de aire fresco. 

Hace poco descubrí un tren que va de Madrid a Barcelona y para en un montón de pueblos. Ya conocía este tren. Cuando voy a comprar un billete de AVE para ir a Calafell, siempre veía unos trenes muy baratos en los que pone "regional". Y el otro día me dio por mirar el recorrido y en ese momento supe que un día haré este viaje. Son nueve horas. Pero es que pasa por lugares como "Humanes de Mohernando" o "Faio-La Pobla de Massaluca". Y me parece realmente divertida la idea de hacer este viaje. Prometo que lo haré y lo contaré en este blog.

No sé en qué momento la actualidad informativa en la televisión se convirtió en un minuto y resultado de los botellones por distintos lugares de España, como si de un Carrusel Deportivo se tratase. Y hablo de la televisión porque en la radio y en la prensa escrita no sucede. Pero pones algún programa informativo o telediario y te cuentan todos los botellones. No me parece serio. Hay conductas irresponsables, sin duda. Pero no son mayoría. Y culpar a los ciudadanos de relajación me parece tener mucho morro cuando desde los gobiernos no han cumplido con su parte. Dame rastreadores, dame recursos para la atención primaria, dame todos los médicos que hagan falta para los hospitales, dame PCR que no tarden ocho días, y entonces sí, exígeme todo lo que quieras.

El Gobierno presentó el anteproyecto de la Ley de Memora Democrática. Ya dije que tenía puestas muchas esperanzas en ella, y se han cumplido. Hay muchos aspectos positivos, pero el que más me gusta es el de que se prohíba y sancione la apología del franquismo, con la consecuente ilegalización de la fundación fascista Francisco Franco. Por fin. Creo que ha permitido demasiado y durante demasiado tiempo. Leí un artículo de Javier Cercas en el que decía que Alemania tardó treinta años en hacer frente a su oscuro pasado reciente. Nunca es tarde para la justicia y la reparación.

La Presidenta de la Comunidad de Madrid anunció una bajada de impuestos para todos. Para el que cobra tres mil euros y para el que cobra mil euros, qué más da hombre. Lo que más me molesta de esto no es la medida en sí sino que haya gente a la que le parezca bien que se bajen los impuestos a todo el mundo por igual. Creo que es no enterarse de nada. Me parece que va contra la igualdad y la solidaridad. Y ya si eres de los que cobras poco, ya sí que no entiendo pero nada.

No sé si estáis al tanto del llamado #Espasagate. En este artículo se cuenta muy bien. La editorial ha dado un premio a un autor venezolano llamado Rafael Cabaliere. Resumiendo un poco la historia, se ha llegado a dudar de que esta persona existiese. Por ello, Espasa le pidió que grabase un vídeo en el que agradecía el premio. Poco más se sabe de él. Sus "poemas" publicados en redes sociales son de autoría y calidad dudosas. Os dejo este artículo en el que se defiende el premio. Vosotros os formaréis vuestro propio juicio.

Me he terminado el libro "El arte de perder" de la editorial Círculo de Tiza. Ya os hablé de él. Cartas de Fitzgerald. Lo he disfrutado mucho. Igual que defiendo el seguir haciendo grandes amigos durante toda la vida, creo que no pasa nada por descubrir a uno de tus autores favoritos a los treinta y cinco. Después de leer "Suave es la noche" y sus cartas, Fitzgerald se incorpora a mi olimpo de escritores favoritos. En las cartas se ve claramente cómo fue su caída, cómo él y Zelda convirtieron en "hermosos y malditos", título de una de sus novelas.

Termino con una frase que le dice Fitzgerald a su editor Max Perkins: "yo lo estoy pasando fatal porque llevo cinco meses de holgazanería y quiero ponerme a trabajar. Holgazanear me produce una melancolía de lo más odiosa y abominable". Me siento identificado. A veces la holgazanería acaba resultando algo desesperante y un tanto irritante de lo que uno no sabe cómo salir.

jueves, 10 de septiembre de 2020

Un día te molesta, y otro lo necesitas

La calle Alcalá en Madrid cuando atardece


Me llegó una alerta de la aplicación de RadarCovid y me asusté. Resultó ser solamente un recordatorio de que las notificaciones de esa aplicación están activas. Pero como hasta ahora no me había llegado ninguna, pensé que la que me había llegado era para informarme de que había estado cerca de alguien que tuviese la enfermedad.

Vi en el museo a unos padres con una niña. Los padres querían que la niña se fijase en el cuadro favorito de "mamá" y a la pobre niña se le iba todo el rato la mirada hacia otro cuadro en el que salía un animal. Yo creo que si vas con una niña pequeña al museo, es la niña la que manda y no los padres. Y si a la niña le encanta el cuadro del animal, son los padres los que deben ver el cuadro del animal y no la niña el cuadro que le gusta a los padres. Si no, no le veo el sentido a llevarte a los niños a un museo.

Una tarde de esta semana, en el museo, había unos niños que hablaban un poco alto. Durante un rato, el compañero que estaba en la sala y yo, que estaba de refuerzo, no les dijimos nada. Resulta que tanto él como yo, sin haberlo hablado, pensamos lo mismo. Que nos gustaba tener ese ruido en la sala. Ahora el Museo, salvo algunos ratos, no tiene mucho público, hay mucho silencio. Pensé que es curioso cómo cambian las percepciones según las circunstancias. Lo que antes podía molestarte ahora te resulta algo agradable y hasta lo necesitas. Creo que sucede con todo en la vida: personas, lugares, canciones, libros, películas... 

Durante todo el verano, y la cosa sigue, en algunas televisiones no hacen más que hablar de okupaciones en pisos como si fuese algo muy frecuente. Comunicar información que transmite miedo y que encima no es veraz a mí me parece irresponsable y peligroso. Por suerte, existen periodistas que hacen buenos reportajes y que ayudan a equilibrar un poco el tema, como éste de Íñigo Domínguez en El País. Por cierto, que ojalá esos programas que tanto hablan de okupas, dedicasen ese mismo tiempo a hablar de los abusos del alquiler, o de los fondos buitres. A lo mejor no les sale a cuenta. 

Resulta que ya hemos tenido un gobierno bolivariano en España y no nos habíamos enterado. Porque es muy bolivariano utilizar el Ministerio del Interior para espiar a una persona que tiene pruebas sobre la corrupción de un partido. Todo lo que rodea a la operación Kitchen es un escándalo mayúsculo, de los más graves ocurridos en la historia reciente de nuestro país. Y los que lo hicieron tienen el cuajo de llevar años intentando meter miedo con lo que pasaría si Podemos llegase al gobierno y exigiendo a todas horas su salida del gobierno. Lo peor, más que eso, es el que se lo cree. 

Está bien saber cuál es el peor gobierno de los últimos ochenta años para VOX. Estaría aún mejor saber cuál sería para ellos el mejor. Quizá sea tan evidente que no necesitan decirlo. Y ahora que hablo de esto. Tengo muchísimas esperanzas en la Ley de Memoria Democrática que el Gobierno tiene previsto aprobar el martes que viene.

Estoy leyendo El arte de perder, un libro de la editorial Círculo de Tiza, en el que se muestran muchísimas cartas que el escritor Francis Scott Fitzgerald escribió a lo largo de su vida. Tiene muchas frases muy buenas. Hoy voy a compartir una que me parece que se puede aplicar a todo en la vida: "estoy convencido de que aquello que disfruto escribiendo es lo que mejor me sale".

jueves, 3 de septiembre de 2020

El verano feliz es un verano sencillo

Las Perseidas son un clásico del verano que nunca me pierdo


En un momento dado de su novela "Suave es la noche", Scott Fitzgerald afirma "los placeres más sencillos, en los lugares más sencillos". Creo que es la frase que resume mi verano. Sin grandes viajes, en el lugar de todos los veranos, con la familia y los amigos de toda la vida. No contaba para nada con tener un verano tan feliz como el que he tenido. Cuando piensas que no vas a poder hacer nada y te encuentras con que sí que puedes hacer, aunque sea lo mínimo, lo celebras por todo lo alto.

A mí me parece que el verano hay que vivirlo así, como una celebración por todo lo alto. Desde que empieza hasta que acaba. Si no es así, no es verano. Lo que entiendo yo por celebración es todo. Creo que el verano ofrece la oportunidad de hacer cosas que en ninguna otra época se pueden hacer y por eso, cuando la vida te pone por delante ofertas así, hay que aceptarlas sin rechistar. Por eso celebro dándome interminables baños en la playa, saliendo a cenar algo por ahí, tomando las cervezas que sean, disfrutando de un gintonic en una terraza. Porque es verano, porque estoy de vacaciones, y en septiembre ya no podré hacer todo esto. El verano es desinhibición, siempre. Y conviene ser consciente de ello, porque habrá personas que pasen por el verano como pasan por el invierno. Y no se puede ir así por la vida, sin celebrar las alegrías y sin llorar las penas.

Estuvimos viendo las Perseidas dos noches. Yo creo que a la vida hay que ponerle la atención que se le pone a una lluvia de estrellas. O intentarlo, al menos. En una lluvia de estrellas fijas tu mirada en un punto pero de reojo estás también atento para no perderte nada. Las estrellas fugaces son imprevisibles y pueden cruzarse delante de ti por cualquier lado. Un poco así debe ir uno por la vida. Atento en todo momento para no perderse nada: desde una buena conversación a una página de un libro pasando por un simple cruce de semáforo. Ver una estrella fugaz es algo excepcional. La vida tiene también destellos que conviene no perderse.

Lo de escuchar conversaciones ajenas está empezando a ser algo enfermizo. Lo que más me gusta es cuando escucho a alguien decir una verdad universal de esas de las que mi padre diría "se sabe". Este verano, tomando algo una noche con Oli en Platja D´Aro, había dos niños jugando  al fútbol en la playa. Y uno le dijo al otro: "no hay fueras, el campo es toda la playa". Poco me faltó para dejar el gintonic en la mesa, levantarme y aplaudir al niño. Porque si has jugado al fútbol en la playa de pequeño, sabes que eso es una verdad universal en Platja D´Aro, y en Copacabana.

Ondas gravitacionales sin explicación

La NBA le declara la guerra a Trump, parece. Lo hace en su lucha contra el racismo como protesta contra los asesinatos de personas de raza negra a manos de la policía. Valiente la NBA y valientes sus deportistas. Otros pensarían que mejor no mojarse, que para qué te tienes que meter en líos, NBA. Que mejor no meterse en un asunto de tanta gravedad como es el racismo sistémico que parece existir en Estados Unidos. Que para qué luchar por la igualdad, hombre, déjate de tonterías, NBA, y juega al baloncesto.

No estoy aquí para hablar de quién me sigue en Twitter, salvo que me empiece a seguir alguien que me hace mucha ilusión. Esta semana me ha seguido el escritor gallego Juan Tallón. Leí su novela Rewind a principios de año y me encantó. He ido a varias presentaciones suyas y me he reído a carcajadas. Me cae muy bien, y cuando me ha firmado algún libro ha sido simpático siempre.

Los científicos han detectado una onda gravitacional que no debería existir. Es una noticia científica histórica. No sé si la habéis visto, pero a mí me tiene loco. Desde pequeño me fascina todo lo que tiene que ver con el universo. Soy de letras y por tanto no suelo entender mucho de lo que leo sobre el tema. Con esta noticia me ocurre lo mismo, que me fascina y leo todo lo que puedo sobre ella, pero entender, entiendo poco. Lo que me llama tanto la atención supongo que es el misterio que hay en ello, que los científicos detecten algo que no debería existir y que no sean capaces de explicarlo.

La otra tarde, al ir a trabajar, la máquina que nos mide la temperatura en el Museo me dijo que tenía una temperatura "anormal" de, ojo, 33.4. Durante la tarde fui en cada descanso a ver si seguía dándome lo mismo y sí, no había quién remontase eso. Se lo conté a Oli, que al rato me dijo que había buscado síntomas en internet y que decían que era "torpeza y falta de coordinación" por lo que me dijo que estuviese tranquilo, que debía estar siempre con esa temperatura. Confesaré que una o dos veces saludé a algún compañero con el que me cruzaba por los pasillos y que me quedaba muy atento a ver si se daban cuenta de que les había saludado y sobre todo, si me respondían. Nunca se sabe cuando te has convertido en un espectro y conviene saberlo me parece, porque así pasado el disgusto ya puedes empezar a hacer cosas de espectros.

Acabo ya con una recomendación. Os animo a los que estéis en Madrid a visitar una exposición muy especial. Es especial porque es de mis compañeros del Museo del Prado. Muchos de ellos son auténticos artistas y han hecho su propio homenaje a las obras que vigilan cada día. La exposición se llama "Ell@s nos cuidan, ell@s nos pintan". Os dejo todos los detalles aquí

jueves, 6 de agosto de 2020

Acontecimientos pasados de mi vida privada

El Museo del Prado una tarde de primeros de agosto

Estoy ya de vacaciones hasta finales de agosto. Cada día me doy un pellizco para comprobar que no vivo en un sueño desde el 17 de enero de 2019. El otro día escribí que el Museo del Prado me ha salvado de cosas que ni sé. Lo escribí un poco así según me salió, pero es que estoy convencido de que es así. Doy gracias cada día por estar en ese lugar. Por las buenas condiciones, por lo que aprendo y por los buenos compañeros. Me siento un privilegiado y no me he sentido así demasiadas veces en la vida.

Mi último día de trabajo antes de las vacaciones estaba insoportablemente de buen humor y Oli me dijo que era uno de esos días en los que agradecía no estar cerca de mí. Eso es el amor, y no la cursilería de Enrique Ponce dibujando la A de Ana Soria en la plaza de toros, o poniendo en Instagram cosas como "te amo más que a mi vida. forever!!!".

Le dije "ya queda menos" a una persona que acababa de comenzar su turno de trabajo y a la que quizá le quedaban diez horas por delante de trabajo y además de noche. Claro, a mí me quedaba poco para irme a casa. Lo peor es que odio con todas mis fuerzas decir estas cosas, lo juro. Cosas del tipo "pues ya es viernes", seguro que sabéis a lo que me refiero. Sin embargo, me veo obligado a veces a decirlas porque creo que hay que decirlas si uno quiere sobrevivir en la vida. Y encima que las digo, voy y se las digo a la persona equivocada.

Ciertos acontecimientos pasados de mi vida privada son, por ejemplo, que un instante después de besarme en un pub en Brighton, una inglesa me dijese que bajaba un momento a ver a su novio que estaba en la planta de abajo y que mi amigo Felipe, aterrado, me dijese "vámonos de aquí corriendo". O que, yo qué sé, que me cayese en un autobús desde el centro hasta el final rodando intentando agarrarme a algo sin éxito. Pero cobrar supuestas comisiones de dictaduras árabes y demás supuestos chanchullos siendo el rey de tu país, pues no sé si entra en el concepto de "ciertos acontecimientos pasados de mi vida privada". Creo que así podría empezar perfectamente también una novela de Eduardo Mendoza.

Me parece que el tratamiento de los rebrotes que están haciendo muchos medios es exagerado. Me parece que no puedes estar todo el santo día contando que hay un rebrote aquí, otro allá, etc. El otro día contaban en riguroso directo que ya se había terminado el confinamiento en un edificio de vecinos de no sé qué lugar. Yo creo que no es necesario. El "minuto y resultado" debería ser única y exclusivamente para la radio y el fútbol. Creo que esta manera de tratarlo solamente provoca pánico y no ayuda. 

Estuve escuchando un rato el programa de Buenafuente y Berto en la Ser y me reí mucho. Hablaban del terror que provocan siempre las puertas de parking. Yo desde luego recuerdo con mucha tensión los momentos de salir del parking de casa de mis padres. Sobre todo cuando me dejaban a mí la responsabilidad de darle al mando. Procuraba siempre apurar el máximo de tiempo posible porque cuando le dabas antes de tiempo, luego eso era una agonía. Empezaba a pensar que la puerta se bajaría estando con el coche debajo y moriríamos todos triturados. A un ciclista le pasó. A mí es que siempre me parece que soy carne de cañón de una muerte estrambótica y repentina. Por eso siempre me gusta fijarme en de donde puede venir el peligro en cada situación. Lo que sí tengo claro es que si me ocurre algo así, en mi funeral no podrían parar de llorar pero de risa. 

Leí un reportaje sobre jóvenes que habían estado en situaciones dramáticas por tener el COVID. Me vino bien leerlo para no bajar la guardia. El caso es que me llamó mucho la atención que un chico decía que veía a dos camas de la suya ni más ni menos que a la mismísima Reina de Inglaterra, Isabel II. Y que hablaba mucho con ella. Se lo conté a Oli y su respuesta fue: "eso no es el COVID". 

Putin dice que ya tiene la vacuna rusa y que comenzará la vacunación en los meses de septiembre y octubre. Los expertos internacionales, contaban en el telediario, muestran sus dudas respecto a esta vacuna. Pero yo creo que no hace falta ser experto internacional para no fiarte. Mi compañero Fernando, por ejemplo, dice que él no se fía un pelo. Mi padre en cambio cree que "va a ser una vacuna muy buena", pero es que creo que mi padre fue captado por Kim Philby hace muchos años. 

El sábado por la mañana estaba en una cafetería cerca de casa, con mi café, mi zumo, y dos periódicos que me compré. El caso es que delante de mí había un padre con un niño. El niño no tendría más de 7 años yo creo. En un momento dado, el niño salió fuera. A los pocos segundos, entró corriendo como si le fuese la vida en ello y fue a abrazar a su padre, parecía asustado. Y supe perfectamente lo que le acababa de ocurrir. No me equivoqué. Escuché cómo le contaba a su padre que había venido una avispa y se le había puesto muy cerca. El padre encima pasaba de él. Yo casi le digo: te entiendo. 

Volviendo a casa el domingo, creo, pasaron cuatro ciclistas y el que iba delante les dijo a los otros: "¡le metemos fuego chavales"! Por favor, qué cosa más ridícula, de verdad. Detesto con todas mis fuerzas esos comentarios. Le metes fuego a qué, exactamente. Recuerdo en el equipo del cole cuando en el vestuario había gente que decía cosas como ¡"vamos chavales!". No puedo con ello, nunca he podido. Creo que por eso decidí que mi deporte preferido sería correr. Porque si practicas deportes de equipo, de repente puede ir alguien y decirte que tienes que pegarle fuego a no sé qué o cualquier estupidez de esas. 

Vi un documental sobre China y Estados Unidos y otro sobre el Frente Nacional de Marine Le Pen. Las conclusiones eran muy optimistas porque venían a decir que es inevitable que haya una guerra entre Estados Unidos y China y que también es inevitable que el Frente Nacional acabe gobernando en Francia. Jo, no sé para qué me pongo a ver documentales. 

No puedo parar de escuchar Exile, la canción del nuevo disco de Taylor Swift que canta con Bon Iver. 

Durante estas semanas no creo que haya diario, aunque seguiré activo en redes. Buenas vacaciones y feliz mes de agosto a todos.


jueves, 30 de julio de 2020

Con agua y a dormir


Paseo del Prado una tarde de verano en Madrid

Leo que los ayuntamientos catalanes, encabezados por Colau, le piden al Conseller de Educación que mantenga las becas comedor para el verano, pero Josep Bargalló se niega porque dice que esas becas son para el curso escolar y no para el verano. Recuerdo que en Inglaterra el gobierno de Boris Johnson quería hacer lo mismo y gracias a una campaña del futbolista Marcus Rashford acabó echándose atrás. Ojalá Piqué hiciese lo que hizo Rashford, pero no creo, porque él solo se mete en política para hablar de Cataluña, los temas sociales como la pobreza infantil ya tal. Es preocupante la carencia que tienen tantos futbolistas aquí en España para ser altavoces de denuncias sociales. No son conscientes de lo que podrían conseguir prestando su apoyo a determinadas causas.

Los visitantes que vienen al Museo del Prado te preguntan siempre si no está El Jardín de las Delicias. Entiendo que es una gran ausencia y la decepción que sienten cuando les dices que no está expuesta. Pero es que hay épocas de la vida que son perfectas y en las que todo va bien y hay épocas en las que algo no te acaba de encajar, porque igual arrastras alguna pena que no se va. El Museo del Prado con todas sus salas abiertas es esa época de la vida en la que nada te falla. Ahora al Museo le falla eso, que tiene salas cerradas y no se puede ver El Jardín de las Delicias. Pero no porque algo falle deja de merecer la pena. Nunca es así. De lo que falla se aprende, siempre.

Se casó mi tío y me hizo mucha ilusión porque además tuve la oportunidad de ser testigo. Mi primo Renzo, al acabar la concejala de leer los artículos que hay que leer, tuvo a bien informarla de que mañana se iba a Calafell. Nos reímos mucho. Después nos tomamos un aperitivo en Rosales y descubrí que podría estar hablando toda una tarde con mi primo Renzo, de seis años, sobre tiburones. Lo sabe todo sobre ellos el tío.

Cuanto más vivo, más miedo tengo a expresar algo que pueda herir por dentro a alguien. Nunca sabes las experiencias y por lo que ha pasado una persona hasta llegar al día de hoy. Con los años me he vuelto cada vez más prudente y aún así estoy seguro de que sigo metiendo la pata en más de una ocasión.

El otro día vi que Alsa era tendencia en Twitter y me acordé de cuando trabajaba gestionando reclamaciones de viajeros de esta compañía. En concreto, recordé a la mujer que puso una reclamación porque se había quedado encerrada en el maletero durante todo el trayecto entre El Escorial y Madrid. Fue a poner la maleta, se cayó dentro y eso se cerró. Y ahí se quedó la pobre mujer todo el trayecto. Yo lloraba de risa cuando leí la reclamación, en serio. Anda que me pasa eso a mí y voy a poner una reclamación, vamos, ni loco. Semejante bochorno y encima la tía va y pone una reclamación.

"Aquí solo amenazas y malas formas". Así recibió mi amigo Luis a una persona a la que metimos en un grupo de whatsapp hace unos días. Me hizo mucha gracia esa forma de explicarle a alguien las normas de un grupo. Ojalá hubiese un bar en el que a la entrada pusiesen ese cartel: "aquí solo amenazas y malas formas". Me tendrían ahí cada día.

Después de estar tomando cervezas y alguna copa con amigos el domingo en el Mirador del Arco de Cuchilleros, esa misma noche me escribe uno de los que había estado y me dice "estoy con agua y pronto a dormir". No eran ni las diez, por favor. Creo que es el mensaje más triste que me han escrito en muchísimo tiempo, de verdad.

Me molesta mucho cuando alguien me dice que determinado asunto no le afecta y que por lo tanto, no está entre sus preocupaciones. Me ocurrió en una conversación sobre Madrid Central. Pero da igual que sea sobre Madrid Central o lo que sea. A mí me han enseñado a desear el bien común, a que me preocupen las necesidades de otras personas aunque yo pueda gozar de una buena situación, a indignarme por una injusticia aunque no me vaya nada en ella. La indiferencia me hace hervir la sangre. Me parece que las páginas más negras de nuestra historia están llenas de indiferencia.

Es verano, y ha vuelto a las mañanas de La Sexta el mejor programa de la historia de la televisión: Crímenes Imperfectos. Qué maravilla. Además, al ser por la mañana, puedo verlo tranquilo sin tener miedo ni nada de eso. Yo miedo tengo de noche, porque por las mañanas los psicópatas no suelen hacer nada los tíos. Tampoco sé qué hacen. Pero no matan ni cosas de esas.

jueves, 23 de julio de 2020

Entre Fernando Simón y Natalia Verbeke


Fernando Simón visitó el Museo del Prado

Casi un mes sin escribir el diario. Tengo que reconocer que desde que volví a trabajar me cuesta más atender a todo. Intento aprovechar las mañanas lo mejor que puedo levantándome pronto, pero a veces no es suficiente. Aún así, trataré de volver a escribir semanalmente. Escribir una vez a la semana en el blog me ayuda a mantener la práctica de la escritura y también como desahogo para compartir algunas de las cosas que me han ocurrido y las reflexiones que me vienen a la cabeza. Escribir es cada vez más una necesidad que una afición.

En el museo, una tarde estaba vigilando una zona de ascensores. Solamente pueden utilizarlos personas que tengan alguna necesidad. Apareció una chica que aunque andaba un poco raro, lo hacía con total normalidad. Tuve dudas de decirle algo y al final acabé diciéndole, con amabilidad, que los ascensores eran solo para personas que tuviesen algún problema. Me sonrió, me explicó que tenía una enfermedad degenerativa y, entre risas, me contó que ahora no se nota mucho pero que en diez años seguramente sí. Me quedé callado mirándola sin saber que decir y me aparté para que subiese al ascensor. Su serenidad e incluso su humor a la hora de explicarme que tenía una enfermedad degenerativa me hicieron sentir mucha esperanza.

Otro día, siguiendo con el museo, vino de visita Fernando Simón. Desde que me enteré me puse nervioso. Ahora tenemos que controlar los aforos en las salas y me imaginaba que aparecía y tenía que decirle que no podía entrar a la sala hasta que se vaciase un poco. Pues ocurrió. En un momento dado, me giré y lo tenía a mi lado. Amablemente le pedí que esperase un poco. Se quedó esperando unos cinco minutos. Y os diré una cosa: es Natalia Verbeke la que tengo a mi lado esperando cinco minutos a entrar en la sala y no me pongo tan nervioso.

Los resultados de Bildu en El País Vasco provocaron tristeza en muchas personas. Lo entiendo. Incluso lo comparto. Pero es que creo que este país tiene un serio problema con su memoria histórica. Vamos a ver si me explico sin extenderme mucho. Cuando acabó el franquismo, muchos franquistas se incorporaron a la democracia. Y lo hicieron sin pedir perdón ni condenar los crímenes del franquismo. Me imagino que a las víctimas del franquismo se les revolvieron las tripas en esos momentos. Y ahora a todos se nos revuelven las tripas al ver a Bildu hacer política y con tantos votos sin haber condenado con firmeza los sanguinarios crímenes de ETA. Pero es que nos lo merecemos, por haber descuidado de una manera tan irresponsable la memoria de la historia de nuestro país y por no haber rendido cuentas con nuestro pasado más oscuro.

Te das cuenta de la importancia de las personas en tu vida en proporción a la alegría que te llevas cuando les ocurre algo bueno o el disgusto que sufres cuando les ocurre algo malo. Si ya vas y lo sientes en carne propia, entonces debes cuidar mucho a esa persona porque significa que tiene un papel fundamental en tu vida.

Relacionado con lo anterior, admiro muchísimo, y cada día más, a las personas que tienen una experiencia negativa y son capaces de sentir mucha alegría por lo bueno que les pase a otros. No digo que yo no sintiese alegría si alguien a quien aprecio me da una buena noticia si a mí antes me ha pasado algo malo, pero creo que me costaría. Y en cambio, hay personas que dejan lo suyo a un lado y les llena de ilusión que a ti te pase algo bueno, o incluso eso les ayuda a tener esperanza. Estas personas son pocas y merecen más que ninguna otra todo lo bueno que les pase.

Hoy se celebra el día del libro que no se pudo celebrar el 23 de abril. Así que, aunque sea un tanto atípico, feliz Día del Libro a todos. Disfrutemos de las librerías, pero no nos olvidemos de ellas el resto del año. Descubramos mundos, ampliemos conocimientos, viajemos donde nunca viajaremos, vivamos historias que no son nuestras como si lo fuesen, que vivan los libros, hoy y siempre.

viernes, 26 de junio de 2020

Última hora: los grandes roban

Paseos al salir de trabajar un domingo del Museo del Prado
Paseos felices al salir de trabajar del Museo del Prado un domingo


Escuché a la portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, afirmar en rueda de prensa que "todas las opiniones son respetables". Lo hizo para responder a una pregunta sobre las teorías antivacunas. Bien es cierto que desde su posición de médica defendió muy bien el papel de la ciencia. Pero me sobró mucho lo de "todas las opiniones son respetables". No. No lo son. Si no están documentadas y con un mínimo rigor, no son respetables. No puedes opinar que es de día a las once de la noche.

Leí una entrevista con Woody Allen en La Vanguardia que me gustó mucho. La respuesta que más me gustó es en la que se desmitifica a sí mismo como intelectual. Lo repite siempre que puede. Y en sus películas suele reírse de los pedantes. Aún así, sigue habiendo mucha gente que dice que no ve sus pelis porque dicen que son para listos y cosas así. En la entrevista, Allen se define como "un vago con malas notas", y dice que lo de la fama de intelectual le viene por cosas como su aspecto con "las gafas de culo de vaso" y porque le gustaban chicas intelectuales y tenía que leer para no hacer el ridículo al invitarlas a cenar. Esa humildad de Allen queda reflejada en esta frase: "Hay tantas autobiografías de tipos diciendo que son los mejores... Yo no lo soy".

No sé si el peor sufrimiento es el de los demás. El de la gente que quieres y por la que no puedes hacer absolutamente nada más allá de mostrar tu apoyo y escuchar si lo necesitan. Cuando es uno el que sufre, y tiene ya cierta edad, sabe más o menos lo que tiene que hacer para intentar estar mejor, pero cuando son otros los que no están en su mejor momento no puedes ir y meterte dentro de ellos para que estén mejor.

El alcalde de Madrid, Almeida, fue al Museo del Prado a un acto oficial y le colocaron para hacerse la foto justo delante del cuadro del príncipe Baltasar Carlos, cazador. La imagen se hizo viral y el propio alcalde puso un tuit riéndose diciendo "ya es mala suerte". Me gustan las personas que tienen ese sentido del humor para reírse de sí mismas o de una situación que no les es favorable. Es una cualidad que aprecio mucho. Una de las personas que más me ha enseñado a mí a reírme de mi mismo es mi amigo Andrés. Siempre lo pienso y nunca se lo digo.

Cada vez más medios empiezan a ser de pago. Empezó El Mundo, y se le han unido El País y El Confidencial. Me da rabia y lo entiendo a la vez. Es un debate interesante en el que no consigo tener una opinión clara. Siempre hemos pagado por comprar el periódico y de repente hemos pasado a tenerlo gratis en internet. El trabajo se paga. Por otro lado, me preocupa que la información no sea un derecho público garantizado y que las personas que no puedan permitirse ser suscriptores de ningún medio tengan que acabar informándose en digitales de dudosa reputación que prefiero no mencionar.

En la Nueva Normalidad seguimos robando. Me refiero al Real Madrid. Yo es que soy muy claro. Soy del Madrid y no niego que el Madrid robe. El Barça también roba. Es algo con lo que tienes que contar. Los grandes roban, siempre. Lo que me molesta es cuando seguidores madridistas o culés se empeñan en negarlo y se ponen pesadísimos. Qué manera de perder energía a lo tonto. No se puede negar la realidad. Y ya el delirio extremo es cuando uno del Madrid o uno del Barça se ponen a decir que les han robado.

Cambiar de opinión cuando te enfrentas de cara con la realidad. Es lo que le ha ocurrido al FMI. En una entrevista, Guy Standing, cofundador de la Red Mundial de la Renta Básica, cuenta como Christine Lagarde quedó convencida de la necesidad de una renta básica universal para luchar contra el precariado. Porque se han dado cuenta, por fin, de la profunda desigualdad que existe en el mundo. Y hace poco el FMI ha emitido un comunicado dando su apoyo a la renta básica. Me parece un gran avance y me alegra que haya personas en este mundo que sean capaces de dar este giro de trescientos sesenta grados al darse de bruces con la realidad en vez de negarla de forma estúpida.

Estoy viendo una serie con Oli. Tiene nueve temporadas y vamos por la segunda. La otra noche, viendo un capítulo, va y me suelta "sabes que al final se casan, ¿no?". Me quedé petrificado. No me podía creer que acabase de ocurrir lo que acababa de ocurrir. Me quedé mirándola pensando que me estaba vacilando. No, no me estaba vacilando. Me dijo que pensaba que lo sabía. No, no lo sabía. Por otro lado, yo no me canso de decir que cuando ha pasado determinado tiempo del final de una serie ya se ha terminado el plazo legal de los spoilers. Así que admito que lo que hizo Oli está dentro de mi legalidad y no puedo reprochar absolutamente nada.

Hablando de Oli, esta semana le dio por hacer la siguiente búsqueda en Google: "coca en Madrid". Pero tranquilos, que no buscaba droga ni nada de eso, buscaba "coca de Sant Joan" y para un catalán en Sant Joan hablar de coca es algo muy habitual. Lo que pasa es que claro, hizo esa búsqueda, se encontró todo tipo de cosas en la búsqueda y encima seguramente haya quedado registrada en su historial de búsquedas de Google. La sensata Oli buscó en Google "coca en Madrid". Queda para los anales de la Historia.

jueves, 18 de junio de 2020

Gildas, niñas viejas y pasillos oscuros


Primer paseo por El Retiro tras el confinamiento

Después de ver los dos últimos episodios de la temporada final de Homeland, no voy a poder ver las librerías de la misma manera en que las miraba antes. Con lo que me gusta a mí imaginarme historias, van y me hablan de mensajes ocultos colocados por espías en los lomos de los libros. Me veo la próxima vez que vaya a una librería sacando todos los libros uno por uno a ver si hay algún rollo de papel metido entre los lomos con algún mensaje que descubrir y metiéndome en una gran aventura.

En la radio un día hablaban de las gildas. Me acordé de una vez que estaba de becario en un suplemento de ocio y a una jefa le dije que no sabía lo que era una gilda. Con veintiún años nadie tiene por qué saber lo que es una gilda, yo creo. El caso es que cuando se lo dije se puso como loca, no la había visto así ningún día. Me montó un número y cogió a otro jefe para chivarse de que no sabía lo que era una gilda. A mí me pareció todo fuera de lugar. Me parece que cualquier cosa que pueda estar relacionada con una gilda no es para ponerse así, la verdad. Hay gente que se pone como loca por las cosas más insospechadas.

En el museo, me tocó ir con dos compañeras por zonas cerradas actualmente al público. Lo disfruté mucho. Reencontrarse con cuadros que te gustan mucho después de tres meses y sabiendo que eres un privilegiado por poder acceder a esos rincones es una gran sensación. Por otro lado, había zonas menos iluminadas que otras y menos mal que iba con dos personas, porque solo me hubiera dado cosa y si hubiéramos ido dos hubiera empezado a pensar que a lo mejor el otro podía matarme de repente. A veces me da por pensar esas cosas, ya lo sabéis. Pero siendo tres, mal se tendría que dar la cosa. Aunque nunca se sabe.

Leí un artículo de esos que demuestra que se puede hacer literatura con el fútbol. Es de un periodista que se llama Antonio Agredano y que siempre escribe muy bien. En este caso hablaba de Raúl y según lo leía sentía muchas cosas pero una de ellas era rabia por no haberlo escrito yo. Para mí Raúl significa mucho, algunos ya lo sabéis. Por eso me emocionaron algunas de las frases del artículo: "Raúl González Blanco fue una edad. El segundero de mi existencia. Cuando se retiró Raúl, sentí que era yo el que se retiraba. Dejé de soñar cuando Raúl dejó de marcar. Creí en Raúl más que en mí mismo. Lo echo de menos. Ya sólo me tengo a mí." Cómo me hubiera gustado escribirlo a mí. No puedo evitar pensar que también una parte de mí dejó de soñar cuando Raúl dejó de marcar.

El domingo estuvimos paseando por El Retiro por primera vez después del confinamiento. Hacía una mañana muy buena y daba gusto volver a este parque que tanto hemos echado de menos los madrileños durante estos meses. Como siempre, iba escuchando las conversaciones ajenas. Y se lleva la palma una niña que iba con dos mujeres. Iban hablando del coronavirus y la niña va y dice: "he oído que el calor lo mata". Pero lo dijo con tono de análisis como si estuviese en Al Rojo Vivo y Ferreras le hubiese preguntado su opinión. Pobres niñas viejas.

Lo bueno de irte a dormir triste y teniendo sueño es que vas y te duermes rápido y ya no tienes tiempo de estar triste.

El futbolista inglés Marcus Rashford ha logrado que Boris Johnson cambie de opinión. Los niños de las familias con menos recursos seguirán recibiendo cheques de ayuda durante el verano, en sustitución del comedor escolar. Todo gracias a Rashford, que fue el que lanzó la campaña afirmando lo siguiente: “No se trata de un asunto político. Es una cuestión de humanidad. Posiciones políticas al margen, ¿no podemos ponernos de acuerdo en que ningún niño debería irse a la cama con hambre?". Necesitamos más futbolistas así. Insisto mucho en la idea de que el fútbol debe contribuir a mejorar la sociedad y no aislarse en una burbuja, y seguiré.

Ha vuelto el fútbol y soy feliz. Me he dado cuenta de que la liga se paró en el momento importante, como cuando llevas un tiempo conociendo a alguien, no le das mucha importancia hasta que de repente un día empiezas a hacerte preguntas y todo te afecta más de lo que quisieras. Un empate tonto en Eibar en noviembre no es lo mismo que un empate tonto en Eibar en junio, a eso me refiero. Hay momentos en los que se puede empatar o incluso perder y no pasa nada, pero hay otros momentos en los que ya uno se lo juega todo. Las diez últimas jornadas de liga son eso, un carrusel de emociones que ni sabías que tenías y de las que, en muchas ocasiones, es muy difícil salir ileso.

En Masterchef hay una mujer mayor que es entrañable. Y como toda persona entrañable, la pobre no sabe mandar. El lunes la pusieron de capitana de un equipo y menudo bloqueo tuvo. Además, soltó a sus compañeros un "todos a una" que me pareció el peor "todos a una" de la historia de los "todos a una". Pero es que tampoco me sorprende, qué queréis que os diga. Si eres entrañable, no puedes mandar. O mandas o eres un ser entrañable, no se puede ser las dos cosas.

El otro día, salí de casa para ir a trabajar y en mi calle un tío se me puso delante, cara a cara, y me soltó "te suelto una hostia que te mato". Previamente, me había dicho que dejase de reírme, no sé muy bien por qué porque yo no me reía. Lo que hice fue asustarme mucho, y reaccionar con toda la sangre fría que pude. Me metí el móvil en el bolsillo y seguí andando sin querer girarme, por si acaso. Había más gente en la calle, no sé por qué la tomó conmigo. Fue inevitable acordarme de Brighton, cuando, estando con mis amigos al salir de la academia, un tío rapado pasó a nuestro lado, se acercó hacia mí, vete tú a saber por qué, me dio un cabezazo tremendo, y se fue. A mí estas cosas me pasan siempre, me vienen todos los tarados. Y luego, claro, la gente se ríe de que sea tan paranoico. Pero es que me pasan unas cosas rarísimas.



jueves, 11 de junio de 2020

He vuelto al cole

El Museo del Prado ha vuelto tras lo peor de la pandemia del COVID19



Por fin he vuelto al Museo, que yo siempre digo que es como un cole, así que podría decir perfectamente que he vuelto al cole. Me ha alegrado mucho volver a ver a la mayoría de los compañeros. Aún faltan por incorporarse algunos. Volver a la vida normal, comer pronto, salir de casa para ir a trabajar, coger el 27, estar en las salas, cruzarte con compañeros, volver a ver los cuadros, atender a los visitantes, volver a casa y contarle a Oli las historias de la tarde. Son muchas pequeñas cosas que a uno le hacen feliz y que ha echado mucho de menos durante todos estos meses. Necesitaba volver. Si tuviese que decir algo negativo, diría que las pantallas, que tenemos que llevar junto a las mascarillas, hacen que la comunicación sea un tanto rara. Entre eso y que no podemos casi tocarnos, es como si nos relacionásemos a un cincuenta por ciento de nuestras capacidades o incluso menos. Y yo soy del cien por cien.

Una compañera a la que tengo mucho aprecio ha empezado a leerse El Guardián entre el centeno. Me mandó una foto del libro y noté que me puse nervioso. Creo que me ocurre cada vez que alguien me dice que se lo va a leer. Y cuanto más aprecio tengo por la persona más nervios me entran. Siempre me da un miedo horrible que no les guste. Uno de mis mejores amigos suele reírse porque se lo regalé y se ríe de Holden. Mi prima Carlota lo leyó y también solemos reírnos porque me dijo que no trata de nada. Que no trata de nada es algo que dicen muchas personas que lo han leído. Pero es que no es verdad, al revés, trata de todo.

Abrirán las discotecas pero no se podrá bailar en ellas. Por mí, perfecto. Nunca he bailado en una discoteca. He hecho el paripé, eso seguro, pero bailar no. Y también me he dejado la voz gritando canciones con amigos. Mis amigos y yo no solemos bailar en las discotecas. Siempre digo que en Madrid los tíos no solemos bailar mucho en los bares o en las discotecas. Por eso mi sorpresa cuando, en los veranos en Calafell, veía a mis amigos de Barcelona bailar como si no hubiese un mañana. Que les miraba y pensaba: pero qué os pasa, pero qué hacéis, dejad de hacer eso. Y este pensamiento mío de que en Madrid no se baila y en Cataluña sí se confirmó cuando vi la peli de Ocho apellidos catalanes cuando el personaje de Berto empieza a bailar con sus amigos catalanes de una manera totalmente ridícula. Al ver la escena pensé: por fin lo confiesan.

Hoy vuelve la Liga, por fin. Lo hace con un Sevilla-Betis que vería si estuviese en casa, pero he quedado para tomar algo y no creo que lo vea. Volver al trabajo, volver a ver a la familia, a los amigos, que vuelva la Liga. Todo lo que sea recuperación de la normalidad perdida me pone de muy buen humor. Tengo ganas de volver a escuchar Tiempo de Juego narrando goles y vuelvo a pensar el mérito que tienen por haber estado haciendo el programa durante estos tres meses sin nada de deporte convirtiéndose en un programa informativo y de entretenimiento que me ha acompañado en muchas tardes de sábado y domingo de confinamiento. Ahora les toca disfrutar y contar goles.

Yolanda Barambio, de El Tintero Editorial, la editora con la que estoy trabajando en la corrección y la edición de la novela, me ha mandado el primer capítulo con todas sus correcciones y aportaciones. Y me han encantado, porque me han hecho ver cosas de una manera más clara que por mí mismo no habría sabido ver y de verdad que creo que gracias a su ayuda va a quedar un buen libro que espero que os guste cuando podáis leerlo. Me ilusiona mucho todo este proceso. No os lo voy a retransmitir semana a semana porque podría ser aburrido, pero el primer capítulo siempre es especial.

Leí una entrevista muy extensa con Errejón. Tanto, que la leí durante varios días. Decía muchas cosas que no entendí. Pero las hubo que sí. Y de todas, me quedo con una afirmación: "la izquierda española no puede ser la única izquierda del mundo sin patria". Y tiene toda la razón. De alguna manera la izquierda en nuestro país tendría que darle una vuelta a su relación con los símbolos nacionales. No sé cuál podría ser esa relación, pero creo que Errejón acierta al decir eso. Y ojo, que reivindicar la patria no es poner la bandera y ya, sino asociarla a conceptos como libertad, igualdad, fraternidad, justicia social, educación, republicanismo, ciudadanía. Es lo que pienso.

"Democracia, pornografía, droga, ¿qué se yo? Habrá grandes locuras pero ninguna de ellas será fatal para España”. Fue la respuesta de Franco a un general americano que Nixon mandó a entrevistarse con Franco en el final del franquismo para sondear qué es lo que podía ocurrir en nuestro país a la muerte del dictador. Efectivamente, hubo grandes locuras llamadas democracia, libertad e igualdad. Y también pornografía y droga, también. España se volvió loca, desde luego que sí. Bendita locura.

Recibo un email de un centro comercial de Nueva York, Century 21, con las medidas tomadas para proteger a los clientes. Me lo mandaron porque estuve allí hace ocho años, me di de alta en el wifi, y nunca me he dado de baja porque así me siento neoyorquino de vez en cuando cuando me mandan alguna cosa. Por cierto, que lo primero que hubiese hecho el primer día de acabar el confinamiento en Nueva York supongo que no haría falta que os lo dijese, pero por supuesto me hubiese ido a ver a los patos del lago de Central Park para ver qué tal habían pasado el confinamiento, si es que estaban ahí y no se habían ido a otro lado, claro. Con los patos de Central Park uno nunca sabe.


jueves, 4 de junio de 2020

La sorpresa después del semáforo


Una mañana de sábado en Madrid, en Alonso Martínez

El sábado por la mañana, a una hora temprana, vi a estos tres sujetos en la zona de Alonso Martínez. Iban caminando a la vez de forma coordinada y cada tres pasos se agachaban. De qué otra forma se les puede calificar si no es de "sujetos". Han pasado cinco días y aún estoy tratando de entender qué es lo que hacían. Porque iba con Oli y a Oli no le gusta que haga estas cosas, pero de haber ido solo se lo hubiese preguntado. Odio quedarme sin saber la razón por la que la gente hace unas cosas tan raras.

El sábado, por cierto, fue un día de no parar. Fue un día de reencuentro con buenos amigos. Primero en casa de mi amigo Nacho, donde comimos unos cuantos (cumpliendo con el límite de diez personas, tranquilos, queridos policías de balcón) y pasamos una buena tarde. Y después con otros amigos en una terraza, en la que cayeron las primeras copas después del confinamiento y en la que nos acabaron dando las tres y media.

Nos han dicho que tendremos que llevar pantallas faciales en el trabajo durante un tiempo. Nos han mandado un vídeo en el que explican cómo hay que ponérsela. Yo soy una persona muy torpe, pero muy torpe, y me toca ir a trabajar el lunes por la tarde, pero estoy pensando en ir el día antes para cogerla y poder hacer prácticas en casa y no tener que andar agobiado el lunes antes de ir a mi sala tratando de ponérmela nervioso perdido. Los torpes somos personas precavidas, nadie lo piensa nunca, pero es así.

Leí una entrevista con Javier Solana en El País. Lo que más me gustó es cuando hablaba de Putin y contaba que tenía una buena relación con el presidente ruso pero que hubo un tiempo en el que Putin no se fiaba de él. Y entonces Solana, que ya me gusta mucho, pasó a gustarme muchísimo más. Quiero decir que el hecho de que un tío de la KGB de toda la vida no se fíe de ti es de lo mejor que te pueden decir. O no, según se vea, claro, porque si se mosquea demasiado, de repente va, te toca y ya tienes el plutonio, menudos son.

En un semáforo cerca de casa, un padre con dos niños pequeños les dice que cuando crucen estarán más cerca de la sorpresa. Y yo voy y me pongo nervioso como si la sorpresa también fuese para mí. Y miro con mucha curiosidad al otro lado del semáforo pero no veo nada ni a nadie. Se pone verde y cruzamos y cada vez estoy más nervioso y por si acaso no les pierdo de vista por si son magos y mi semáforo es una especie de andén nueve y tres cuartos. Pero nada, cruzan el semáforo y se van en otra dirección. Y me quedo sin saber cuál es la sorpresa y con ganas de preguntárselo.

Vi que varias personas mencionaban en Twitter la película de "Arde Mississippi" a raíz de lo que estaba ocurriendo en Estados Unidos tras el asesinato de George Floyd (sí, he escrito asesinato), así que me animé a verla el fin de semana. Y me gustó mucho. Me pareció muy dura, pero me gustó mucho. Está basada en el caso real de tres activistas por los derechos civiles que fueron asesinados por el Ku Klux Klan en 1964. Hay un momento de la peli en el que un personaje se pregunta de dónde sale todo ese odio. Otro personaje afirma que nadie nace odiando. Y es así. Por eso es tan fundamental una educación basada en valores como igualdad, libertad, justicia y fraternidad.

He acabado la serie de Baron Noir. Menuda serie, madre mía. Yo es que soy muy entusiasta, ya lo sabéis muchos, y a veces creo que mi crédito se agota cuando hablo bien de cualquier cosa. Pero es que es una serie maravillosa. Trata sobre la vida política francesa contada desde las intrigas que ocurren dentro del partido socialista. Está llena de referencias a la historia y me ha servido para aprender también. Y tiene muchas lecciones no solo de política sino de la vida misma. De saber sacrificarse y aceptar derrotas para salvar ciertas situaciones. Se la recomiendo a todo el mundo.

Por fin nos han arreglado un azulejo roto en el baño. Lo teníamos así desde hace un año, me parece. Y esta semana por fin nos lo han arreglado y ya está todo bien. Y pensé que qué bien está todo cuando dejas de tapar algo. Porque tú te acostumbras a tener eso así en el baño y normalizas algo que no se puede normalizar. Y el día que lo arreglan te das cuenta de que estar bien de verdad es eso, y no lo lo que tenías antes. Porque además, el que viene de fuera y ve que te falta un azulejo se sorprende y te lo dice, pero qué tienes ahí. Porque desde fuera siempre se ve todo, desde dentro muchas veces no.

En el museo nos han dicho que de momento iremos sin uniforme. Nos recomiendan vaqueros o pantalones oscuros y camisa blanca. Me acordé de muchas noches de verano en Calafell. Salíamos muchas noches pero había algunas, pocas, en las que me ponía una camisa blanca que tenía y que me gustaba mucho. Y siempre que me encontraba con los amigos, uno de ellos, Pepe, me decía sonriendo: "camisa blanca eh". Pepe, y otros, sabían que si me ponía la camisa blanca esa noche podía ocurrir cualquier cosa. Me hace gracia pensar que aquel "uniforme" de las grandes noches de verano vaya a ser ahora mi "uniforme" para el Museo.

Me reí mucho con la respuesta que le dio Salinger a un admirador que le escribió una carta. Algo había en la calidad de la tinta de la carta que le llamó la atención. Tras agradecerle sus palabras y decirle que estaba de acuerdo con muchas de sus posiciones, le dijo esto: "Para mí, ante todo, usted es un joven que necesita una cinta de máquina de escribir nueva. Dese cuenta de este hecho, no le dé más significado del que merece y luego continúe con lo que quede del día". Sobre todo el final de la frase me parece sublime y me gustaría que todos lo utilizásemos en nuestra vida diaria. Por ejemplo, "Guille, te has colocado mal la pantalla facial, date cuenta de este hecho, no le des más significado del que tiene y ahora continúa con lo que queda de día".

El lunes que viene comienzo a trabajar en la edición de la novela con la editora. Tengo que darle caña al primer capítulo y mandárselo. Y así con cada capítulo. El proceso está previsto que dure hasta el mes de septiembre u octubre. Hay que trabajar a fondo cada capítulo, pulirlo todo hasta que podamos decir que no se puede mejorar más. Llevo esperando este momento desde hace meses. Me lo tomo como un máster casi, y sin el casi. Y me ilusiona muchísimo. Y las ganas que tengo de poder ir contándole a la gente más detalles, lo que me tengo que morder la lengua en reuniones con amigos. Poco a poco podré contaros más, un poco de paciencia, para mí el primero.

jueves, 28 de mayo de 2020

Reencuentros en la primera fase


Los reencuentros en la Fase 1 en las terrazas de Madrid


Me comí un bulo. Quiero empezar por ahí, porque me paso la vida diciéndole a los demás que tienen que tener mucho cuidado y que hay que contrastarlo todo y luego voy y soy yo el que se come un bulo. Fue el vídeo en el que se ve a los manifestantes de Núñez de Balboa con el himno antifascista del Bella Ciao. Era un montaje. Y me lo creí por completo hasta que me enteré de que era una manipulación de imagen y sonido.

Otra vez la duda eterna. Hablar o no hablar de política aquí y en redes sociales. Un dilema que me viene de vez en cuando y que suelo resolver siempre de la misma manera, que es seguir haciéndolo. Pero es que además no me cansaré de decir que "la política" es algo que te afecta en tu vida diaria y que es algo en lo que hay que mojarse. Cuando tengo la duda suele ser porque me da miedo que alguien se pueda sentir ofendido por algún comentario y no quiero que ninguna relación personal se vea dañada por esto. También intento siempre expresarme con cuidado pero cuando digo intento es eso, intento, porque no siempre creo que lo consiga.

No lo he dicho en ninguna entrega de este diario, pero durante estos meses he escuchado mucha banda sonora en Spotify. No es una novedad, suelo hacerlo. Al que más escucho es a John Williams. Lo que voy a decir es una obviedad, porque no siempre se pueden escribir cosas que nunca nadie haya dicho antes. Pero me fascina que alguien cree una música y ya siempre se asocie esa música a ese personaje o a una situación. Que tú estés en el mar bañándote y un amigo te haga la broma de la música de Tiburón aunque hayan pasado cuarenta y cinco años, a eso me refiero.

El viernes se anunció que pasábamos a la Fase 1 en Madrid. Explosión de alegría en Twitter y en los whatsapps. Por fin podríamos reencontrarnos. Pero también tuve que leer un comentario de alguien que decía "Madrid pasa a Fase 1, qué horror" y otros del tipo "yo me quedo en fase 0, por responsabilidad". A mí me parece genial que tú te quieras quedar en casa, pero deja a la gente que lleva dos meses encerrada que se alegre de poder ver a sus familias y amigos. Hay gente a la que yo dejaría en fase 0 toda la vida.

El lunes fue un día bonito en Madrid. Yo creo que todo el mundo fue a reencontrarse con sus familias. Yo fui uno más. Me puse muy contento de ver por fin a mis padres y a mi hermana. Y también a Trampas, el perro de mi hermana. Fue gracioso porque después de dos meses, lo primero que hicieron mis padres al verme fue regañarme, como buenos padres. Lo hicieron por haber ido sin mascarilla en el ascensor. Y ya lo más gracioso es cuando le pregunté a mi padre si le podía dar un beso o no y me dijo "no" sin pensarlo.

Cuando se anunció el pase a la fase 1 empecé a ver que mucha gente decía que ya habían llamado a su bar para reservar terraza. Y me agobié por algo que me suele agobiar a veces. Se trata de que no tengo un bar. No en propiedad, sino que no tengo un bar típico que pueda considerar "mi bar" como muchas personas. Eso es algo que a mis padres nunca les ha pasado, porque a fuerza de repetir en los mismos lugares, les conocen y eso siempre es bueno. Yo quizá tenía el Palentino, pero es que el Palentino era el bar de toda una generación. Si hablamos del Palentino, hablamos casi más de una religión que de un bar. Desde que cerró, no hay un bar que haya sentido como propio.

Por fin también nos reunimos con amigos en una terraza. A mi hermana y a mí nos gusta juntar a nuestros amigos y llevábamos sin poder hacerlo todo este tiempo, claro. Así que por fin nos juntamos nueve, entre amigos suyos y míos, a tomar unas cervezas y unos tintos de verano en una terraza, recuperando poco a poco la vida cotidiana.

Se retira Aduriz, una leyenda del Athletic de Bilbao y del fútbol español. Jugadores como Aduriz hacen que el fútbol sea más de verdad. Y en un mundo como el de hoy, cualquier persona que consiga que cualquier cosa sea más de verdad es una persona a la que hay que estar muy agradecido. En su despedida, al hablar de la final de Copa que no podrá jugar, aseguró lo siguiente: "el equipo hubiera sido peor conmigo". Sobran las palabras. 

El lunes fui a una terraza cerca de casa con Oli. Vimos alguna escena de reencuentros pero una especialmente entrañable. Unos abuelos que se reencontraban con sus nietos. La señora era para darla un abrazo detrás de otro. Se le iluminaban los ojos y nos miraba a Oli y a mí y nos explicaba: "es que no nos hemos visto nunca". A la parte irracional de mí le divirtió mucho pensar que realmente esos dos señores no conocían de nada a la pareja joven y a los dos niños con los que estaban sentados en la mesa.

Con tanta mascarilla por la calle y en el autobús y en el metro me acordé de lo que decía Oscar Wilde, que si le dabas una máscara a un hombre te dirá la verdad. Quizá con la mascarilla nos sintamos protegidos y nos volvamos todos más sinceros, yo que sé.

El sábado 6 de junio abre sus puertas de nuevo el Museo delPrado. Tengo muchas ganas de volver a mi vida normal, de volver a un lugar que tantas cosas buenas me ha traído, de ver a mis compañeros y abrazar a los que se dejen, y de volver a estar rodeado de cuadros y resolver dudas a los visitantes.

Ayer busqué el verano por primera vez este año. Yo es que me paso la vida buscando el verano. Para irme a dormir la siesta, bajé bastante las persianas y dejé abierta la ventana para que pasase un poco de aire. Busqué una siesta de verano, que son las más felices de todas, con esa luz especial que tienen las habitaciones en las tardes de verano.

jueves, 21 de mayo de 2020

"Prolijo y complicado" es nombre de grupo indie


El cielo de Madrid desde el confinamiento del coronavirus

Al ver las imágenes de las cacerolas en unos barrios y las colas del hambre en otros, me vinieron a la cabeza unas palabras de Holden Caulfield en El Guardián entre el centeno. Un profesor le dice que la vida es una partida y Holden piensa que "de partida un cuerno. Menuda partida. Si te toca del lado de los que cortan el bacalao, desde luego que es una partida. Pero si te toca del otro lado, no veo dónde está la partida. En ninguna parte. Lo que es de partida, nada".

En un paseo, escucho a una adolescente decirle a sus amigas "no os conté mi bochorno en Pachá", y luego dijo algo de una cachimba. Supongo que el bochorno era ese, estar en un sitio como Pachá y sentarte en un sofá a fumar cachimba, digo yo.

Algunas noches, tarde, desde el sofá, veo pasar el 149 por mi calle y me da mucha pena. Lo peor es que no puedo explicar bien por qué me pasa. Creo que a veces algo te da mucha pena y por mucho que te esfuerces no sabes el motivo y es mejor dejarlo así.

Un buen amigo tiene una historia bonita de amor con una chica. Ella ha estado viviendo en el extranjero durante los últimos tiempos. Por fin, pudo volver a España hace poco. Y justo en ese momento empezó el coronavirus. Viven en distintas provincias, así que llevan sin poder verse todos estos meses. Pienso en todas las historias de amor que comenzaban y que se han visto paradas temporalmente. 

En una entrevista en El País, Yolanda Díaz, Ministra de Trabajo, hace hincapié en la importancia de las relaciones personales a la hora de lograr acuerdos. Me gusta mucho que lo diga porque es algo con lo que yo tengo una buena pedrada. Si tú te llevas bien con alguien, es más fácil que puedas entenderte con él aunque penséis distinto. Siempre he oído que en la Transición había buenas relaciones personales y que eso ayudó mucho a que se consiguiese todo lo que se consiguió. Durante los últimos años yo decía mucho medio en broma medio en serio que si Rajoy y Mas se hubieran ido de cañas en su momento no hubiera pasado nada de lo que pasó.

Relacionado con esto, se me ocurrió una idea que quizá os parezca una locura, a ver. Al ver las imágenes de personas protestando delante de la casa de Pablo Iglesias y de Irene Montero, pensé que sería un auténtico golpe de efecto que saliese Iglesias y invitase a uno o dos de los que estaban ahí a pasar a su casa a tomar un café o una cerveza. Yo siempre tengo en mente a Mandela. Y Mandela se metía en el bolsillo a sus enemigos por gestos así. Personas que querían ver muerto a Mandela se rendían a él después de pasar un rato en su compañía.

A mí me fascinan los que piden libertad y aseguran estar oprimidos en plena calle, sean de la ideología que sean. Sin embargo, tienen talento. Quiero decir que consiguen que haya gente que les crea. Yo salgo con Oli y mis amigos a la calle y nos ponemos a decir que estamos oprimidos y es que creo que nos mandan confinados a casa un año por el ridículo espantoso que haríamos. Lo que pasa es que hay que creerse que de verdad estás oprimido, y eso a mí no me pasa. No en la España de 2020.

Salinger montó un pollo de mucho cuidado por una coma. Lo contó el editor de The New Yorker William Maxwell en una entrevista. En el momento de ir a ser imprimido, un corrector le dijo a Maxwell que pensaba que en una frase de un relato debía haber una coma. Maxwell intentó ponerse en contacto sin éxito con Salinger y apoyó la decisión de colocar la coma. Cuando Salinger leyó el relato y se encontró con la coma entró en cólera y armó un gran escándalo. Yo lo entiendo. Si yo no he puesto una coma ahí, no vayas tú y me la pongas. Los detalles son importantes, siempre.

Esta semana y la anterior son las semanas en las que se tenía que haber visto un rebrote muy grave del coronavirus. Todo esto según los que se pasaron los días acusando a los españoles de "irresponsables". Resulta que los datos no han demostrado nada de eso que decían los amigos del #todomal. La evolución sigue siendo buena. Aún así, cada día, tienes que leer comentarios del tipo "así no saldremos nunca" porque hay gente que es irreductible a la realidad. Son gente que a las once de la noche te dicen que no es de noche, que es de día, que cómo no puedes ver el sol.

Oli cuida de mí. Cuando salimos a pasear estos días intenta que antes de las nueve estemos en casa para que no me cruce con ninguno de los de las cacerolas. Y si estamos en casa, un poco antes de las nueve me manda a hacer la cena para que esté distraído y no escuche el ruido de la calle. Un poco como Good bye Lenin, que no se entere el pobre de la que hay liada ahí fuera.

Leo en una entrevista a Javier Solana, presidente del Patronato del Museo del Prado, asegurar que para la reapertura del museo hay que "preparar al personal" y que el plan es "bastante prolijo y complicado". Y al leer esto, me viene a la cabeza de repente que "Prolijo y Complicado" sería un maravilloso nombre de grupo indie. A veces me vienen cosas así a la cabeza.

Estoy muy enganchado a la serie Baron Noir. La primera vez que oí hablar de ella fue a Errejón. Después, he sabido que mis padres también la han visto. Es una maravilla. Cada capítulo te impresiona de alguna manera. Es francesa y trata sobre intrigas políticas en el partido socialista francés. Hay un tío ahí, el protagonista, que se pasa la vida conspirando, es agotador, no para nunca. He leído que ha sido la serie preferida de algunos políticos durante el confinamiento, Pedro Sánchez incluido.

El gobierno de Holanda recomienda a los solteros buscar un compañero sexual para pasar el confinamiento. A mí me parece un poco lío esto porque no sé cuál es el nivel de confianza para ir y decirle a alguien si quiere ser tu compañero sexual para el confinamiento. ¿Y es sólo para el confinamiento? ¿O puede seguir después? También hablan de un compañero para dar abrazos. Yo supongo que los holandeses y holandesas se pondrán como locos a buscar compañeros de abrazos, estoy convencido.

Descubro una canción de esas que te alegra el día aunque tú no quieras que una canción te alegre el día, que son quizá las canciones más necesarias de todas. Como esas personas que te pillan enfurruñado y te saben sacar de ahí. Se titula Con mi voz y es del grupo Mäbu. Hay un momento de la canción en el que incluso me río cada vez que lo escucho porque la cantante hace cosas graciosas con la voz. Además, tiene una frase que me gusta mucho y me gustan las frases que son latigazos en mitad de canciones alegres. La frase es "no puedo darle todo a quién no quiera".

jueves, 14 de mayo de 2020

La vida sigue y tú no vas a vomitar

Los paseos de las ocho por Madrid en época del coronavirus
Los paseos de las ocho por Madrid en época del coronavirus

Con los paseos ha vuelto la maravillosa sensación de volver a casa. La de haber estado dando una vuelta fuera, aunque no sea mucho tiempo quizá, y llegar a casa y poder decir "qué gusto", que es algo que a mi madre siempre le ha gustado mucho decir, sobre todo cuando volvíamos de vacaciones. Aquí no estamos volviendo de ningunas vacaciones, pero aún así me gusta tener esa sensación de volver al hogar.

Creo que tengo candidata a la frase más triste de todo el confinamiento. Se la dice Santi Balmes, cantante del grupo Love Of Lesbian, a Sara Navas en esta entrevista. Al ser preguntado por lo que hará cuando esto acabe, Balmes responde que "voy a ir a Barcelona, me voy a sentar en una terraza y alguna lágrima caerá encima del café". Planazo. Por favor, Santi, dinos algo más alegre. Además que nunca entenderé esa manía que tienen muchos catalanes con quedar a "hacer un café". Se queda a tomar cervezas, no a "hacer un café".

A propósito de lo de llorar, leo un tuit en el que alguien declara estar volviéndose un cínico con todo esto. Me identifico con lo que dice. Me refiero a que estamos viendo un derroche de sentimentalismo barato que pone de los nervios. Me tengo por una persona sensible, pero no puedo con tanto azúcar, de verdad. Todos los anuncios de tele son de lo mismo. Y que alguien le diga a los músicos que nadie les obliga a hacer una canción sobre el coronavirus, porque es que a lo mejor no lo saben.

Leo una entrevista que me gusta mucho con un escritor al que no conocía. Se llama Héctor Abad Faciolince. Ha sacado ahora un libro con sus diarios que seguramente me compre. En la entrevista dice muchas cosas interesantes. Me la he releído varias veces. Cuando algo me gusta soy muy compulsivo. Me quedo con lo que dice cuando afirma que "un escritor de novelas debe vivir. Estar rodeado de libros es bonito, pero si no vives, si las lecturas no las combinas con la calle, el cuerpo, el amor, la muerte, la enfermedad, la insatisfacción, el fracaso...". Me gusta que un escritor anime a vivir porque no siempre ocurre. Elvira Lindo se metía el otro día en su artículo con los escritores que están diciendo en muchas entrevistas que ellos ya estaban acostumbrados al confinamiento.

En estos momentos de crisis mundial, recordé a Kafka. El 2 de agosto de 1914, recién iniciada la I Guerra Mundial, el escritor anotó lo siguiente en sus diarios: "Hoy Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde fui a nadar". Siempre se me ha quedado grabada esta frase de Kafka porque me parece una forma de decirle al mundo que tú sigues con tu vida pase lo que pase. Me gusta ese mensaje de que la vida cotidiana continúa por encima de todo.

A Inés Arrimadas le dijeron de todo los ultras por apoyar al Gobierno en la prórroga del Estado de Alarma. Alguien recordó en Twitter una frase de David Trueba que decía que "qué sería de la vida sin los insultos de la gente que nos tiene que insultar". Me parece una gran frase que se puede aplicar muy bien a este momento y en general a la vida política española. Que los ultras te insulten debe honrarte, a ver si lo entendemos de una vez. Tratar de ser cauteloso para no ofender a los ultras suele acabar mal.

El viernes pasado vi a un grupo de gente en la calle mirando un altavoz. Desde el altavoz salía el Nessum Dorma. Menuda panda de chiflados. Yo supongo que el pobre señor colocó el altavoz en la ventana porque le apetecía, sin más. Y puso el Nessun Dorma a todo volumen porque era su manera de pasar el viernes noche, y yo en cómo pasa una persona un viernes noche no me meto, es algo muy personal. El caso es que las personas miraban desde la calle al altavoz como si fuese éste el que cantase. Lo peor es que al terminar se pusieron a aplaudir, menudos tarados. Tuve ganas de decirles que estaban tarados, pero no se lo dije porque Holden dice que a los tarados les revienta que alguien les diga que están tarados.

Este fin de semana vuelve la Bundesliga, la liga alemana. Éste ha sido un pensamiento muy recurrente en mi cabeza durante esta semana. Hace años que no veo partidos de ligas extranjeras, pero tengo tanta necesidad de fútbol que el sábado me sentaré a ver el Borussia-Schalke como si me fuese la vida en ello. Supongo que los futboleros tendremos que volver a escuchar que vuelve el opio del pueblo y esas cosas. Pero es que no es verdad. Puede gustarte el fútbol y estar comprometido con la sociedad. Incluso puedes terminar de ver un partido y ir y decir que "la hegemonía se mueve en la tensión entre el núcleo irradiador y la seducción de los sectores aliados laterales. Afirmación-apertura". Hasta se puede ser del Madrid y de izquierdas, imaginaros, que hay mucha gente que piensa que no.

Escuché a Pedro Sánchez decir que teníamos que mantener la distancia social con los seres extraños que nos cruzásemos por la calle. Eso es algo que yo ya hacía de antes. Tal vez el único problema que tengo yo es que pongo el baremo de "ser extraño" muy bajo. Entonces a la mínima yo ya voy y me cambio de acera. Al hablar de seres extraños, me acuerdo de la anécdota de mi padre en Berlín. Él viajó solo a la capital alemana antes de que cayese el muro. Al estar en la parte del este, en una calle, unos judíos le empezaron a hacer señas desde un local. Al parecer les hacía falta una persona para rezar. Mi padre se largó de allí porque consideró que eran unos seres extraños. Es que no me extraña. No sé por qué cuento esto, yo creo que venía a cuento, aunque esto depende de cada uno.

He visto la serie de la que tanta gente habla, Unorthodox. No me llamaba mucho, pero me animé al ver que eran solo cuatro capítulos. Y me gustó mucho, la verdad. Cuenta la historia de una comunidad de judíos ultraortodoxos en el barrio neoyorquino de Williamsburgh. Te quedas alucinado porque es una auténtica secta.

Hay una escena que me gustó mucho. La protagonista se escapa a Europa, a Berlín en concreto. Allí está en un bar con unos amigos que ha hecho y está comiendo un sándwich. Al enterarse de que es de jamón, sale corriendo fuera y se apoya en un árbol para vomitar. Pero no lo hace. Vuelve y le explica a su amiga que es que siempre había pensado que si comía jamón vomitaba. Me pareció ilustrativo de lo importante que es recibir una buena educación. Me hizo pensar también en las creencias que a veces tiene uno sobre sí mismo basadas en premisas equivocadas. Lo que trato de decir es que te puedes pasar la vida alimentando miedos infundados, hasta el punto de que te crees que si te pasa determinada cosa o haces algo que te da miedo vas a vomitar y de repente vas, lo haces, y descubres que no vomitas.

La otra serie que he visto es Run. El punto de partida me encanta. Un chico y una chica se dicen, con veinte años, que si más adelante en la vida a uno de los dos le iba mal escribiría al otro un mensaje en el que pusiese "RUN". Y si el otro contestaba con "RUN" se verían en la mítica estación Grand Central de Nueva York para coger el primer tren que saliese a las 17.30 tuviese el destino que tuviese. Pues resulta que se mandan el mensaje y se meten en un tren que va a Chicago y tiene dos paradas cortas de veinte minutos. Una es en Pittsburgh y otra en Cleveland. Yo pensé si aprovecharía esas paradas para bajarme a soltar las piernas. A veces pienso esas cosas. Y llegué a la conclusión de que en Pittsburgh no porque no me fiaría un pelo, pero que en Cleveland sí, sin duda, me bajaría tranquilamente a estirar las piernas y luego subiría de nuevo al tren. Supongo que hay gente que se bajaría en Pittsburgh y jamás se bajaría en Cleveland y los habrá que se bajarían en las dos y que no se bajarían en ninguna. Esto va en los gustos de cada uno. La serie está muy bien, que casi se me olvida decirlo.