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jueves, 25 de marzo de 2021

Chica, por favor, ponte a pintar ya

La resurrección de Lázaro, de Ribera, en el Museo del Prado.


Nueve meses para mentalizarte de que vas a ser padre. Un mito. Creo que hasta que no tengamos a Nico por aquí no nos lo vamos a creer del todo. De momento, la experiencia más cercana a sentirme padre fue ayer visitando una guardería. Lo podemos definir como mi primer acto como padre. Ya el solo hecho de saber que estaba de camino hacia una guardería me hacía sentir rarísimo, como si me estuviese equivocando de lugar, un "yo ahí no pinto nada" de manual. Creerse o no la realidad es decisión de cada uno. Pero una vez delante, me la creí con toda la ilusión del mundo al ver a un padre recoger a su bebé y entré poniendo la mejor de las sonrisas y dispuesto a transmitir que soy un gran padre a la chica que me atendió.

A mí no me molesta tanto que los franceses vengan a Madrid como el hecho de que cuando les hable en su lengua se me pongan a responder en inglés. Me parece de lo más irritante y es lo único que no me gusta de ir a París. Es como si te estuviesen diciendo "no mira, si no vas a hablar de manera exquisita mi adorada lengua francesa lo dejamos y hablamos en inglés". Qué arrogancia más grande, por dios.

Soy un manipulador nato sin yo saberlo. El otro día de repente me descubrí "informando" convencidísimo a una compañera de trabajo que solamente había tres opciones para votar en las elecciones del 4 de mayo de la Comunidad de Madrid. Cualquiera que me conozca sabe de que tres opciones hablaba. Ella riéndose me preguntó: "¿ah sí? ¿sólo hay tres opciones?". Me gusta cuando uno descubre virtudes ocultas a los 36. Sí, virtudes, sí. Los bolivarianos comunistas filoetarras vemos como algo positivo poder manipular, menudos somos.

Ayer en el Museo se celebraba una olimpiada de dibujo artístico y a mí me tocaba en la sala de las Meninas, así que fui testigo muy directo de todo. Eran unos adolescentes que elegían un cuadro y lo copiaban a su libre interpretación. Cuando llevaban media hora, cotilleé un poco y vi que una chica tenía su lámina en blanco. Me paseé y me fijé que los demás tenían sus láminas ya llenísimas de colores. Y me empecé a agobiar por la chica que tenía su lámina en blanco. De vez en cuando me acercaba y miraba disimuladamente y veía que tamborileaba con los dedos sobre la lámina sin arrancar y me daban ganas de decirle que dejase de tamborilear ya y dibujase algo. Tiendo a empatizar con el débil y me pasé todo el rato sufriendo por la chica esta, una agonía.

En la cartela del cuadro La resurrección de Lázaro de Ribera cuenta que "tras conocer la muerte de su discípulo Lázaro, Jesús se dirigió a Betania, donde estaba sepultado, y lo conminó a que saliera de su tumba". Al leerlo, pensé que menudo tío pesado Jesús que no tiene otra cosa que hacer que conminar al pobre Lázaro a que salga de su tumba. O sea, tú te mueres tan a gusto y viene un brasas a conminarte a que salgas de tu tumba. El tema es que Lázaro lo hizo, claro. Supongo que el mundo se divide entre gente que se muere y no quiere ver a ningún Jesús que le conmine a salir de la tumba y gente que pagaría porque viniesen ochenta Jesús a conminarle para que resucite. Y no sé en qué bando estoy, la verdad.

Hace unos meses vimos la serie de Netflix Los últimos zares. Está genial. Es serie documental, en la que van representando cómo sucedió todo, pero también salen de vez en cuando unos tíos que te van haciendo un poco de contexto de la época. Uno de ellos lo vive un montón y a mí me cayó muy bien porque me encanta la gente que vive un montón lo que sea, hay gente que vive un montón tomarse un cocido, con eso os digo todo. Pues volviendo a la serie, Oli y yo caímos en que le hemos puesto a nuestro hijo el nombre de un tío que acabó con los zares en Rusia después de tres siglos.

A veces, pienso que soy un pesado. A veces creo que las cosas que digo no le interesan a nadie. A veces siento que todo lo que escribo es una mierda. A veces creo que soy muy vulnerable a los demás. A veces creo que no soy lo suficiente buena persona. A veces me digo algunas de estas cosas, o todas a la vez, y cuando lo hago voy y me pongo un poco triste, pero se me pasa rápido.

En ocasiones Twitter te abruma con lo que tienes que ver, escuchar o leer. Y a veces con razón y a veces sin ella. Hace unas semanas, todos hablaban del nuevo disco de C. Tangana, que no es alguien a quien yo haya escuchado mucho. Pero tantos comentarios me hicieron dudar. Ya cuando vi al politólogo Lluís Orriols dando su opinión pensé "bueno, ya basta". Y lo escuché. Y me encantó. Esta vez Twitter tenía razón. Por si a alguien le interesa, dejo aquí mi canción preferida del disco, Ingobernable, rumbita maravillosa que te anima el día.

Estos días que tanto se habla de salud mental, he recordado algo que aprendí en el psicólogo y que me ha resultado de gran ayuda para afrontar determinadas situaciones. Se trata del razonamiento emocional, un tipo de distorsión cognitiva muy frecuente. De hecho, dicen que es la forma de autosabotaje más común. Os invito a buscar información sobre ello en internet porque es muy interesante. Se trata de razonar sólo en base a las emociones que uno siente. Si siento esto, es que es así. Y no, no no. Que tú sientas esto, sea lo que sea "esto", no significa que eso sea una realidad, para nada. Yo soy una persona bastante emocional y he aprendido a intentar gestionar este tipo de razonamientos, aunque a veces no sea fácil. Y para eso sirve ir al médico, para aprender herramientas con las que vivir mejor, mira que sencillo es.

viernes, 26 de junio de 2020

Última hora: los grandes roban

Paseos al salir de trabajar un domingo del Museo del Prado
Paseos felices al salir de trabajar del Museo del Prado un domingo


Escuché a la portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, afirmar en rueda de prensa que "todas las opiniones son respetables". Lo hizo para responder a una pregunta sobre las teorías antivacunas. Bien es cierto que desde su posición de médica defendió muy bien el papel de la ciencia. Pero me sobró mucho lo de "todas las opiniones son respetables". No. No lo son. Si no están documentadas y con un mínimo rigor, no son respetables. No puedes opinar que es de día a las once de la noche.

Leí una entrevista con Woody Allen en La Vanguardia que me gustó mucho. La respuesta que más me gustó es en la que se desmitifica a sí mismo como intelectual. Lo repite siempre que puede. Y en sus películas suele reírse de los pedantes. Aún así, sigue habiendo mucha gente que dice que no ve sus pelis porque dicen que son para listos y cosas así. En la entrevista, Allen se define como "un vago con malas notas", y dice que lo de la fama de intelectual le viene por cosas como su aspecto con "las gafas de culo de vaso" y porque le gustaban chicas intelectuales y tenía que leer para no hacer el ridículo al invitarlas a cenar. Esa humildad de Allen queda reflejada en esta frase: "Hay tantas autobiografías de tipos diciendo que son los mejores... Yo no lo soy".

No sé si el peor sufrimiento es el de los demás. El de la gente que quieres y por la que no puedes hacer absolutamente nada más allá de mostrar tu apoyo y escuchar si lo necesitan. Cuando es uno el que sufre, y tiene ya cierta edad, sabe más o menos lo que tiene que hacer para intentar estar mejor, pero cuando son otros los que no están en su mejor momento no puedes ir y meterte dentro de ellos para que estén mejor.

El alcalde de Madrid, Almeida, fue al Museo del Prado a un acto oficial y le colocaron para hacerse la foto justo delante del cuadro del príncipe Baltasar Carlos, cazador. La imagen se hizo viral y el propio alcalde puso un tuit riéndose diciendo "ya es mala suerte". Me gustan las personas que tienen ese sentido del humor para reírse de sí mismas o de una situación que no les es favorable. Es una cualidad que aprecio mucho. Una de las personas que más me ha enseñado a mí a reírme de mi mismo es mi amigo Andrés. Siempre lo pienso y nunca se lo digo.

Cada vez más medios empiezan a ser de pago. Empezó El Mundo, y se le han unido El País y El Confidencial. Me da rabia y lo entiendo a la vez. Es un debate interesante en el que no consigo tener una opinión clara. Siempre hemos pagado por comprar el periódico y de repente hemos pasado a tenerlo gratis en internet. El trabajo se paga. Por otro lado, me preocupa que la información no sea un derecho público garantizado y que las personas que no puedan permitirse ser suscriptores de ningún medio tengan que acabar informándose en digitales de dudosa reputación que prefiero no mencionar.

En la Nueva Normalidad seguimos robando. Me refiero al Real Madrid. Yo es que soy muy claro. Soy del Madrid y no niego que el Madrid robe. El Barça también roba. Es algo con lo que tienes que contar. Los grandes roban, siempre. Lo que me molesta es cuando seguidores madridistas o culés se empeñan en negarlo y se ponen pesadísimos. Qué manera de perder energía a lo tonto. No se puede negar la realidad. Y ya el delirio extremo es cuando uno del Madrid o uno del Barça se ponen a decir que les han robado.

Cambiar de opinión cuando te enfrentas de cara con la realidad. Es lo que le ha ocurrido al FMI. En una entrevista, Guy Standing, cofundador de la Red Mundial de la Renta Básica, cuenta como Christine Lagarde quedó convencida de la necesidad de una renta básica universal para luchar contra el precariado. Porque se han dado cuenta, por fin, de la profunda desigualdad que existe en el mundo. Y hace poco el FMI ha emitido un comunicado dando su apoyo a la renta básica. Me parece un gran avance y me alegra que haya personas en este mundo que sean capaces de dar este giro de trescientos sesenta grados al darse de bruces con la realidad en vez de negarla de forma estúpida.

Estoy viendo una serie con Oli. Tiene nueve temporadas y vamos por la segunda. La otra noche, viendo un capítulo, va y me suelta "sabes que al final se casan, ¿no?". Me quedé petrificado. No me podía creer que acabase de ocurrir lo que acababa de ocurrir. Me quedé mirándola pensando que me estaba vacilando. No, no me estaba vacilando. Me dijo que pensaba que lo sabía. No, no lo sabía. Por otro lado, yo no me canso de decir que cuando ha pasado determinado tiempo del final de una serie ya se ha terminado el plazo legal de los spoilers. Así que admito que lo que hizo Oli está dentro de mi legalidad y no puedo reprochar absolutamente nada.

Hablando de Oli, esta semana le dio por hacer la siguiente búsqueda en Google: "coca en Madrid". Pero tranquilos, que no buscaba droga ni nada de eso, buscaba "coca de Sant Joan" y para un catalán en Sant Joan hablar de coca es algo muy habitual. Lo que pasa es que claro, hizo esa búsqueda, se encontró todo tipo de cosas en la búsqueda y encima seguramente haya quedado registrada en su historial de búsquedas de Google. La sensata Oli buscó en Google "coca en Madrid". Queda para los anales de la Historia.

jueves, 4 de junio de 2020

La sorpresa después del semáforo


Una mañana de sábado en Madrid, en Alonso Martínez

El sábado por la mañana, a una hora temprana, vi a estos tres sujetos en la zona de Alonso Martínez. Iban caminando a la vez de forma coordinada y cada tres pasos se agachaban. De qué otra forma se les puede calificar si no es de "sujetos". Han pasado cinco días y aún estoy tratando de entender qué es lo que hacían. Porque iba con Oli y a Oli no le gusta que haga estas cosas, pero de haber ido solo se lo hubiese preguntado. Odio quedarme sin saber la razón por la que la gente hace unas cosas tan raras.

El sábado, por cierto, fue un día de no parar. Fue un día de reencuentro con buenos amigos. Primero en casa de mi amigo Nacho, donde comimos unos cuantos (cumpliendo con el límite de diez personas, tranquilos, queridos policías de balcón) y pasamos una buena tarde. Y después con otros amigos en una terraza, en la que cayeron las primeras copas después del confinamiento y en la que nos acabaron dando las tres y media.

Nos han dicho que tendremos que llevar pantallas faciales en el trabajo durante un tiempo. Nos han mandado un vídeo en el que explican cómo hay que ponérsela. Yo soy una persona muy torpe, pero muy torpe, y me toca ir a trabajar el lunes por la tarde, pero estoy pensando en ir el día antes para cogerla y poder hacer prácticas en casa y no tener que andar agobiado el lunes antes de ir a mi sala tratando de ponérmela nervioso perdido. Los torpes somos personas precavidas, nadie lo piensa nunca, pero es así.

Leí una entrevista con Javier Solana en El País. Lo que más me gustó es cuando hablaba de Putin y contaba que tenía una buena relación con el presidente ruso pero que hubo un tiempo en el que Putin no se fiaba de él. Y entonces Solana, que ya me gusta mucho, pasó a gustarme muchísimo más. Quiero decir que el hecho de que un tío de la KGB de toda la vida no se fíe de ti es de lo mejor que te pueden decir. O no, según se vea, claro, porque si se mosquea demasiado, de repente va, te toca y ya tienes el plutonio, menudos son.

En un semáforo cerca de casa, un padre con dos niños pequeños les dice que cuando crucen estarán más cerca de la sorpresa. Y yo voy y me pongo nervioso como si la sorpresa también fuese para mí. Y miro con mucha curiosidad al otro lado del semáforo pero no veo nada ni a nadie. Se pone verde y cruzamos y cada vez estoy más nervioso y por si acaso no les pierdo de vista por si son magos y mi semáforo es una especie de andén nueve y tres cuartos. Pero nada, cruzan el semáforo y se van en otra dirección. Y me quedo sin saber cuál es la sorpresa y con ganas de preguntárselo.

Vi que varias personas mencionaban en Twitter la película de "Arde Mississippi" a raíz de lo que estaba ocurriendo en Estados Unidos tras el asesinato de George Floyd (sí, he escrito asesinato), así que me animé a verla el fin de semana. Y me gustó mucho. Me pareció muy dura, pero me gustó mucho. Está basada en el caso real de tres activistas por los derechos civiles que fueron asesinados por el Ku Klux Klan en 1964. Hay un momento de la peli en el que un personaje se pregunta de dónde sale todo ese odio. Otro personaje afirma que nadie nace odiando. Y es así. Por eso es tan fundamental una educación basada en valores como igualdad, libertad, justicia y fraternidad.

He acabado la serie de Baron Noir. Menuda serie, madre mía. Yo es que soy muy entusiasta, ya lo sabéis muchos, y a veces creo que mi crédito se agota cuando hablo bien de cualquier cosa. Pero es que es una serie maravillosa. Trata sobre la vida política francesa contada desde las intrigas que ocurren dentro del partido socialista. Está llena de referencias a la historia y me ha servido para aprender también. Y tiene muchas lecciones no solo de política sino de la vida misma. De saber sacrificarse y aceptar derrotas para salvar ciertas situaciones. Se la recomiendo a todo el mundo.

Por fin nos han arreglado un azulejo roto en el baño. Lo teníamos así desde hace un año, me parece. Y esta semana por fin nos lo han arreglado y ya está todo bien. Y pensé que qué bien está todo cuando dejas de tapar algo. Porque tú te acostumbras a tener eso así en el baño y normalizas algo que no se puede normalizar. Y el día que lo arreglan te das cuenta de que estar bien de verdad es eso, y no lo lo que tenías antes. Porque además, el que viene de fuera y ve que te falta un azulejo se sorprende y te lo dice, pero qué tienes ahí. Porque desde fuera siempre se ve todo, desde dentro muchas veces no.

En el museo nos han dicho que de momento iremos sin uniforme. Nos recomiendan vaqueros o pantalones oscuros y camisa blanca. Me acordé de muchas noches de verano en Calafell. Salíamos muchas noches pero había algunas, pocas, en las que me ponía una camisa blanca que tenía y que me gustaba mucho. Y siempre que me encontraba con los amigos, uno de ellos, Pepe, me decía sonriendo: "camisa blanca eh". Pepe, y otros, sabían que si me ponía la camisa blanca esa noche podía ocurrir cualquier cosa. Me hace gracia pensar que aquel "uniforme" de las grandes noches de verano vaya a ser ahora mi "uniforme" para el Museo.

Me reí mucho con la respuesta que le dio Salinger a un admirador que le escribió una carta. Algo había en la calidad de la tinta de la carta que le llamó la atención. Tras agradecerle sus palabras y decirle que estaba de acuerdo con muchas de sus posiciones, le dijo esto: "Para mí, ante todo, usted es un joven que necesita una cinta de máquina de escribir nueva. Dese cuenta de este hecho, no le dé más significado del que merece y luego continúe con lo que quede del día". Sobre todo el final de la frase me parece sublime y me gustaría que todos lo utilizásemos en nuestra vida diaria. Por ejemplo, "Guille, te has colocado mal la pantalla facial, date cuenta de este hecho, no le des más significado del que tiene y ahora continúa con lo que queda de día".

El lunes que viene comienzo a trabajar en la edición de la novela con la editora. Tengo que darle caña al primer capítulo y mandárselo. Y así con cada capítulo. El proceso está previsto que dure hasta el mes de septiembre u octubre. Hay que trabajar a fondo cada capítulo, pulirlo todo hasta que podamos decir que no se puede mejorar más. Llevo esperando este momento desde hace meses. Me lo tomo como un máster casi, y sin el casi. Y me ilusiona muchísimo. Y las ganas que tengo de poder ir contándole a la gente más detalles, lo que me tengo que morder la lengua en reuniones con amigos. Poco a poco podré contaros más, un poco de paciencia, para mí el primero.

jueves, 21 de mayo de 2020

"Prolijo y complicado" es nombre de grupo indie


El cielo de Madrid desde el confinamiento del coronavirus

Al ver las imágenes de las cacerolas en unos barrios y las colas del hambre en otros, me vinieron a la cabeza unas palabras de Holden Caulfield en El Guardián entre el centeno. Un profesor le dice que la vida es una partida y Holden piensa que "de partida un cuerno. Menuda partida. Si te toca del lado de los que cortan el bacalao, desde luego que es una partida. Pero si te toca del otro lado, no veo dónde está la partida. En ninguna parte. Lo que es de partida, nada".

En un paseo, escucho a una adolescente decirle a sus amigas "no os conté mi bochorno en Pachá", y luego dijo algo de una cachimba. Supongo que el bochorno era ese, estar en un sitio como Pachá y sentarte en un sofá a fumar cachimba, digo yo.

Algunas noches, tarde, desde el sofá, veo pasar el 149 por mi calle y me da mucha pena. Lo peor es que no puedo explicar bien por qué me pasa. Creo que a veces algo te da mucha pena y por mucho que te esfuerces no sabes el motivo y es mejor dejarlo así.

Un buen amigo tiene una historia bonita de amor con una chica. Ella ha estado viviendo en el extranjero durante los últimos tiempos. Por fin, pudo volver a España hace poco. Y justo en ese momento empezó el coronavirus. Viven en distintas provincias, así que llevan sin poder verse todos estos meses. Pienso en todas las historias de amor que comenzaban y que se han visto paradas temporalmente. 

En una entrevista en El País, Yolanda Díaz, Ministra de Trabajo, hace hincapié en la importancia de las relaciones personales a la hora de lograr acuerdos. Me gusta mucho que lo diga porque es algo con lo que yo tengo una buena pedrada. Si tú te llevas bien con alguien, es más fácil que puedas entenderte con él aunque penséis distinto. Siempre he oído que en la Transición había buenas relaciones personales y que eso ayudó mucho a que se consiguiese todo lo que se consiguió. Durante los últimos años yo decía mucho medio en broma medio en serio que si Rajoy y Mas se hubieran ido de cañas en su momento no hubiera pasado nada de lo que pasó.

Relacionado con esto, se me ocurrió una idea que quizá os parezca una locura, a ver. Al ver las imágenes de personas protestando delante de la casa de Pablo Iglesias y de Irene Montero, pensé que sería un auténtico golpe de efecto que saliese Iglesias y invitase a uno o dos de los que estaban ahí a pasar a su casa a tomar un café o una cerveza. Yo siempre tengo en mente a Mandela. Y Mandela se metía en el bolsillo a sus enemigos por gestos así. Personas que querían ver muerto a Mandela se rendían a él después de pasar un rato en su compañía.

A mí me fascinan los que piden libertad y aseguran estar oprimidos en plena calle, sean de la ideología que sean. Sin embargo, tienen talento. Quiero decir que consiguen que haya gente que les crea. Yo salgo con Oli y mis amigos a la calle y nos ponemos a decir que estamos oprimidos y es que creo que nos mandan confinados a casa un año por el ridículo espantoso que haríamos. Lo que pasa es que hay que creerse que de verdad estás oprimido, y eso a mí no me pasa. No en la España de 2020.

Salinger montó un pollo de mucho cuidado por una coma. Lo contó el editor de The New Yorker William Maxwell en una entrevista. En el momento de ir a ser imprimido, un corrector le dijo a Maxwell que pensaba que en una frase de un relato debía haber una coma. Maxwell intentó ponerse en contacto sin éxito con Salinger y apoyó la decisión de colocar la coma. Cuando Salinger leyó el relato y se encontró con la coma entró en cólera y armó un gran escándalo. Yo lo entiendo. Si yo no he puesto una coma ahí, no vayas tú y me la pongas. Los detalles son importantes, siempre.

Esta semana y la anterior son las semanas en las que se tenía que haber visto un rebrote muy grave del coronavirus. Todo esto según los que se pasaron los días acusando a los españoles de "irresponsables". Resulta que los datos no han demostrado nada de eso que decían los amigos del #todomal. La evolución sigue siendo buena. Aún así, cada día, tienes que leer comentarios del tipo "así no saldremos nunca" porque hay gente que es irreductible a la realidad. Son gente que a las once de la noche te dicen que no es de noche, que es de día, que cómo no puedes ver el sol.

Oli cuida de mí. Cuando salimos a pasear estos días intenta que antes de las nueve estemos en casa para que no me cruce con ninguno de los de las cacerolas. Y si estamos en casa, un poco antes de las nueve me manda a hacer la cena para que esté distraído y no escuche el ruido de la calle. Un poco como Good bye Lenin, que no se entere el pobre de la que hay liada ahí fuera.

Leo en una entrevista a Javier Solana, presidente del Patronato del Museo del Prado, asegurar que para la reapertura del museo hay que "preparar al personal" y que el plan es "bastante prolijo y complicado". Y al leer esto, me viene a la cabeza de repente que "Prolijo y Complicado" sería un maravilloso nombre de grupo indie. A veces me vienen cosas así a la cabeza.

Estoy muy enganchado a la serie Baron Noir. La primera vez que oí hablar de ella fue a Errejón. Después, he sabido que mis padres también la han visto. Es una maravilla. Cada capítulo te impresiona de alguna manera. Es francesa y trata sobre intrigas políticas en el partido socialista francés. Hay un tío ahí, el protagonista, que se pasa la vida conspirando, es agotador, no para nunca. He leído que ha sido la serie preferida de algunos políticos durante el confinamiento, Pedro Sánchez incluido.

El gobierno de Holanda recomienda a los solteros buscar un compañero sexual para pasar el confinamiento. A mí me parece un poco lío esto porque no sé cuál es el nivel de confianza para ir y decirle a alguien si quiere ser tu compañero sexual para el confinamiento. ¿Y es sólo para el confinamiento? ¿O puede seguir después? También hablan de un compañero para dar abrazos. Yo supongo que los holandeses y holandesas se pondrán como locos a buscar compañeros de abrazos, estoy convencido.

Descubro una canción de esas que te alegra el día aunque tú no quieras que una canción te alegre el día, que son quizá las canciones más necesarias de todas. Como esas personas que te pillan enfurruñado y te saben sacar de ahí. Se titula Con mi voz y es del grupo Mäbu. Hay un momento de la canción en el que incluso me río cada vez que lo escucho porque la cantante hace cosas graciosas con la voz. Además, tiene una frase que me gusta mucho y me gustan las frases que son latigazos en mitad de canciones alegres. La frase es "no puedo darle todo a quién no quiera".

jueves, 14 de mayo de 2020

La vida sigue y tú no vas a vomitar

Los paseos de las ocho por Madrid en época del coronavirus
Los paseos de las ocho por Madrid en época del coronavirus

Con los paseos ha vuelto la maravillosa sensación de volver a casa. La de haber estado dando una vuelta fuera, aunque no sea mucho tiempo quizá, y llegar a casa y poder decir "qué gusto", que es algo que a mi madre siempre le ha gustado mucho decir, sobre todo cuando volvíamos de vacaciones. Aquí no estamos volviendo de ningunas vacaciones, pero aún así me gusta tener esa sensación de volver al hogar.

Creo que tengo candidata a la frase más triste de todo el confinamiento. Se la dice Santi Balmes, cantante del grupo Love Of Lesbian, a Sara Navas en esta entrevista. Al ser preguntado por lo que hará cuando esto acabe, Balmes responde que "voy a ir a Barcelona, me voy a sentar en una terraza y alguna lágrima caerá encima del café". Planazo. Por favor, Santi, dinos algo más alegre. Además que nunca entenderé esa manía que tienen muchos catalanes con quedar a "hacer un café". Se queda a tomar cervezas, no a "hacer un café".

A propósito de lo de llorar, leo un tuit en el que alguien declara estar volviéndose un cínico con todo esto. Me identifico con lo que dice. Me refiero a que estamos viendo un derroche de sentimentalismo barato que pone de los nervios. Me tengo por una persona sensible, pero no puedo con tanto azúcar, de verdad. Todos los anuncios de tele son de lo mismo. Y que alguien le diga a los músicos que nadie les obliga a hacer una canción sobre el coronavirus, porque es que a lo mejor no lo saben.

Leo una entrevista que me gusta mucho con un escritor al que no conocía. Se llama Héctor Abad Faciolince. Ha sacado ahora un libro con sus diarios que seguramente me compre. En la entrevista dice muchas cosas interesantes. Me la he releído varias veces. Cuando algo me gusta soy muy compulsivo. Me quedo con lo que dice cuando afirma que "un escritor de novelas debe vivir. Estar rodeado de libros es bonito, pero si no vives, si las lecturas no las combinas con la calle, el cuerpo, el amor, la muerte, la enfermedad, la insatisfacción, el fracaso...". Me gusta que un escritor anime a vivir porque no siempre ocurre. Elvira Lindo se metía el otro día en su artículo con los escritores que están diciendo en muchas entrevistas que ellos ya estaban acostumbrados al confinamiento.

En estos momentos de crisis mundial, recordé a Kafka. El 2 de agosto de 1914, recién iniciada la I Guerra Mundial, el escritor anotó lo siguiente en sus diarios: "Hoy Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde fui a nadar". Siempre se me ha quedado grabada esta frase de Kafka porque me parece una forma de decirle al mundo que tú sigues con tu vida pase lo que pase. Me gusta ese mensaje de que la vida cotidiana continúa por encima de todo.

A Inés Arrimadas le dijeron de todo los ultras por apoyar al Gobierno en la prórroga del Estado de Alarma. Alguien recordó en Twitter una frase de David Trueba que decía que "qué sería de la vida sin los insultos de la gente que nos tiene que insultar". Me parece una gran frase que se puede aplicar muy bien a este momento y en general a la vida política española. Que los ultras te insulten debe honrarte, a ver si lo entendemos de una vez. Tratar de ser cauteloso para no ofender a los ultras suele acabar mal.

El viernes pasado vi a un grupo de gente en la calle mirando un altavoz. Desde el altavoz salía el Nessum Dorma. Menuda panda de chiflados. Yo supongo que el pobre señor colocó el altavoz en la ventana porque le apetecía, sin más. Y puso el Nessun Dorma a todo volumen porque era su manera de pasar el viernes noche, y yo en cómo pasa una persona un viernes noche no me meto, es algo muy personal. El caso es que las personas miraban desde la calle al altavoz como si fuese éste el que cantase. Lo peor es que al terminar se pusieron a aplaudir, menudos tarados. Tuve ganas de decirles que estaban tarados, pero no se lo dije porque Holden dice que a los tarados les revienta que alguien les diga que están tarados.

Este fin de semana vuelve la Bundesliga, la liga alemana. Éste ha sido un pensamiento muy recurrente en mi cabeza durante esta semana. Hace años que no veo partidos de ligas extranjeras, pero tengo tanta necesidad de fútbol que el sábado me sentaré a ver el Borussia-Schalke como si me fuese la vida en ello. Supongo que los futboleros tendremos que volver a escuchar que vuelve el opio del pueblo y esas cosas. Pero es que no es verdad. Puede gustarte el fútbol y estar comprometido con la sociedad. Incluso puedes terminar de ver un partido y ir y decir que "la hegemonía se mueve en la tensión entre el núcleo irradiador y la seducción de los sectores aliados laterales. Afirmación-apertura". Hasta se puede ser del Madrid y de izquierdas, imaginaros, que hay mucha gente que piensa que no.

Escuché a Pedro Sánchez decir que teníamos que mantener la distancia social con los seres extraños que nos cruzásemos por la calle. Eso es algo que yo ya hacía de antes. Tal vez el único problema que tengo yo es que pongo el baremo de "ser extraño" muy bajo. Entonces a la mínima yo ya voy y me cambio de acera. Al hablar de seres extraños, me acuerdo de la anécdota de mi padre en Berlín. Él viajó solo a la capital alemana antes de que cayese el muro. Al estar en la parte del este, en una calle, unos judíos le empezaron a hacer señas desde un local. Al parecer les hacía falta una persona para rezar. Mi padre se largó de allí porque consideró que eran unos seres extraños. Es que no me extraña. No sé por qué cuento esto, yo creo que venía a cuento, aunque esto depende de cada uno.

He visto la serie de la que tanta gente habla, Unorthodox. No me llamaba mucho, pero me animé al ver que eran solo cuatro capítulos. Y me gustó mucho, la verdad. Cuenta la historia de una comunidad de judíos ultraortodoxos en el barrio neoyorquino de Williamsburgh. Te quedas alucinado porque es una auténtica secta.

Hay una escena que me gustó mucho. La protagonista se escapa a Europa, a Berlín en concreto. Allí está en un bar con unos amigos que ha hecho y está comiendo un sándwich. Al enterarse de que es de jamón, sale corriendo fuera y se apoya en un árbol para vomitar. Pero no lo hace. Vuelve y le explica a su amiga que es que siempre había pensado que si comía jamón vomitaba. Me pareció ilustrativo de lo importante que es recibir una buena educación. Me hizo pensar también en las creencias que a veces tiene uno sobre sí mismo basadas en premisas equivocadas. Lo que trato de decir es que te puedes pasar la vida alimentando miedos infundados, hasta el punto de que te crees que si te pasa determinada cosa o haces algo que te da miedo vas a vomitar y de repente vas, lo haces, y descubres que no vomitas.

La otra serie que he visto es Run. El punto de partida me encanta. Un chico y una chica se dicen, con veinte años, que si más adelante en la vida a uno de los dos le iba mal escribiría al otro un mensaje en el que pusiese "RUN". Y si el otro contestaba con "RUN" se verían en la mítica estación Grand Central de Nueva York para coger el primer tren que saliese a las 17.30 tuviese el destino que tuviese. Pues resulta que se mandan el mensaje y se meten en un tren que va a Chicago y tiene dos paradas cortas de veinte minutos. Una es en Pittsburgh y otra en Cleveland. Yo pensé si aprovecharía esas paradas para bajarme a soltar las piernas. A veces pienso esas cosas. Y llegué a la conclusión de que en Pittsburgh no porque no me fiaría un pelo, pero que en Cleveland sí, sin duda, me bajaría tranquilamente a estirar las piernas y luego subiría de nuevo al tren. Supongo que hay gente que se bajaría en Pittsburgh y jamás se bajaría en Cleveland y los habrá que se bajarían en las dos y que no se bajarían en ninguna. Esto va en los gustos de cada uno. La serie está muy bien, que casi se me olvida decirlo.

jueves, 30 de abril de 2020

Diario del Confinamiento IX: Por Córdoba bien, gracias

Interior de la Mezquita de Córdoba, de David Roberts. (Museo del Prado)

La semana comienza con los del #todomal muy venidos arriba, y yo alterado. No quiero insistir sobre el tema, pero creo que los españoles somos demasiado autodestructivos. Me parece que hemos cumplido el confinamiento de manera ejemplar. Y que cuatro fotos repetidas en bucle han querido ser utilizadas para crear una realidad paralela que ha dado pie a una negatividad muy tóxica. Juanma Castaño dijo algo en la Cope que me gustó mucho. Cuando la gente se pregunta: "¿Pero y quién va a controlar que estoy una hora en la calle?" Dijo Castaño "pues tú, lo controlas tú. Tú eres ciudadano y debes controlarlo tú". Casi me pongo a aplaudir en la cama de noche pero no quería despertar a Oli. Ya cree que estoy loco y no quiero hacer cosas que puedan confirmarlo.

Con lo de las famosas fases de desescalada pensé en las relaciones entre las personas. También hay desescaladas en las relaciones entre las personas cuando se sufre una decepción con alguien. De repente, retrocedes todas las fases que habías ido superando. Una por una. Lo haces con cierto dolor aunque también satisfacción. A lo mejor, con suerte , no se retrocede hasta la fase cero, pero sabes que nunca volveréis a la cuatro.

El sábado Oli se queda dormida en el sofá después de comer, pero se queda dormida demasiado rápido para mi gusto. Quiero decir que me quedo confinado en el sofá. Porque creo que cuando alguien se duerme la siesta, cualquier mínima alteración de las condiciones ambientales puede hacer que se despierte. Procuro bajar el volumen de la tele. Por supuesto, me olvido de cambiar de canal o ponerme una serie, y me quedo viendo Mentiras del pasado hasta el final. Me recuerda a cuando nos dijeron que tenían que quedarnos en nuestras casas y te habías dejado cosas que hacer. Yo me había dejado lavar los dientes y cogerme la radio o una tablet para ver alguna serie.

El lunes pude meter las cosas en el carro tranquilo por fin en el Mercadona. Estaba en una caja que habilitaron especialmente para mí. Una vez hube pagado, la cajera se fue. Los días anteriores había sido eso una agonía porque ahora el siguiente no puede empezar a dejar las cosas en la cinta hasta que el otro ha pagado. Y claro, a mí esa situación me ponía muy nervioso. No funciono bajo presión, nunca he funcionado. Y saber que hasta que yo no terminase de meter la compra en mi carro el siguiente no podía empezar a dejar su compra en la cinta me superaba. Cuando eres un sinsangre te pasan cosas así. Mi duda es si los del Mercadona habilitaron la caja solo para mí porque ya me han fichado.

Acabé la serie de Netflix Los asesinatos del Valhalla y me encantó. Sólo tiene una temporada y está genial. Además, ese ambiente nórdico me gusta mucho, con esos paisajes islandeses nevados y esa luz tan especial. Estoy a punto de acabar El Espía, de seis episodios, que cuenta la historia real de un espía israelí que se infiltró en Siria en los años 60. El creador es Gideon Raff, que es el mismo que hizo la serie original israelí en la que luego se basó Homeland. Estoy viendo también la octava de Homeland y es una de las mejores de toda la serie. Y veo que hay ya tercera temporada de Fauda, una serie israelí sobre una unidad antiterrorista del MOSAD, el servicio secreto de Israel. Crímenes y espías, mis series.

Évole entrevista a la filósofa Adela Cortina. Le pregunta el clásico "¿saldrá un mundo mejor o peor de esto?". Me encantó la respuesta seria de Cortina sin caer en sentimentalismos. Vino a decir que ni lo uno ni lo otro y que ella consideraba tanto al optimismo como al pesimismo como dos estados fugaces. Y lo remató diciendo que ella siempre prefiere hablar de esperanza, pero que ésta hay que construirla. Me gustó porque no cayó en el fácil "saldremos mejores" y cosas así que tanto se escuchan.

Como tanta gente, me he enganchado al #MerlosPlace, la historia del vídeo de Alfonso Merlos en una videoconferencia con Javier Negre y una chica que no era su pareja semidesnuda paseándose por su casa. El sábado por la noche en Twitter no se hablaba de otra cosa que del Deluxe. Lo que más gracia me hacía es que hablaban de ello hasta periodistas que siempre están hablando de política y temas muy trascendentales. Me gustó porque no todo tiene que ser siempre serio, hay que saber reírse. Y Marta López, la que era pareja de Merlos, dejó una frase que me pareció digna de una novela de Eduardo Mendoza: "ya que me pones los cuernos, pónmelos como un señor". Jorge Javier se está luciendo esta semana. Su frase "este programa es de rojos y maricones" es historia de la televisión. A propósito de Jorge Javier, os recomiendo a todos este artículo que escribió Ángeles Caballero en El Confidencial.

Sale un chico en el informativo de Tele5 y al ser preguntado por la posibilidad de que abran las terrazas pronto si todo va bien dice, textual: "sueño con la caña. Tengo la caña en mi mente todo el día". Y pienso que no lo ha podido expresar mejor y que me representa. A mí y a muchos otros que estamos deseando tomarnos una cerveza al sol en cuanto se pueda.

Booking me pregunta que qué tal mi estancia en el Hotel Riviera de Córdoba. Ni me había acordado de que el fin de semana pasado Oli y yo nos íbamos a Córdoba. Me dan ganas de responder que "bien, gracias". El mensajito de Booking me recuerda a cuando mi abuela Loli me preguntó muy emocionada que qué tal, que qué tal, que qué tal con la chica esa con la que estás hablando tanto, que ya me han dicho, y yo no sabía cómo decirle que la chica esa me había dado calabazas hacía pocos días. Me dio por imaginar una aplicación de móvil que te fuese preguntando qué tal, eh, cuéntame, con cada experiencia fallida de tu vida: el trabajo que te entusiasmaba y no conseguiste o los amores que no fueron.

jueves, 16 de abril de 2020

Diario del confinamiento VII: dile al despertador que no mienta


La Gran Vía de Madrid triste sin nadie por el coronavirus


Fui al médico para mi habitual revisión con el endocrino. Cogí feliz un taxi. Y le pedí ir por la Gran Vía. Me miró como diciéndome que por ahí sería más caro. Y le dije que me daba igual. Me moría de ganas de ver la Gran Vía, en serio. Y allá que fuimos. Fue impresionante, de verdad. Ya no solo la Gran Vía en sí, sino todo. Desde hace un mes tenía la sensación de estar encerrado en una isla y me preguntaba cómo estarían en las otras islas de alrededor. Y de repente ves que en el resto de islas están todos igual. Todo vacío. Y de alguna manera, te reconforta ser consciente de que formas parte de un sacrificio común. Al volver, me cojo otro taxi y la taxista me dice que me llevará por el centro sin yo decir nada. Por dentro sí que la contesto: "hágame el favor".
  
Oli me confiesa que las copas que tenemos son robadas. Y además, utiliza el clásico "yo creo que te lo conté" que todos utilizamos cuando confesamos un crimen de este tipo. A mí no me suena de nada. Lo peor de todo es que en todos estos años en los que llevamos poniendo un gintonic en casa en estas copas nunca me había planteado su origen. Si me hubiesen preguntado hubiera respondido "no te sabría decir", que es una frase muy mía. A veces entiendo a Ana Mato.

Echo mucho de menos ir a un bar, pedir un café templado y que me lo pongan ardiendo. Echo de menos que una persona que va sentada en ventana de autobús me deje sentarme en el asiento del pasillo para después bajarse en la siguiente parada y obligarme a levantarme. Echo de menos ir al Proyecciones y quejarme con Oli de que han cambiado las palomitas y ahora tienen demasiada mantequilla. Quiero decir que echo de menos esas pequeñas cosas que me sacan de quicio y que ni loco se me ocurriría que pudiera llegar a echarlas de menos en la vida.

Oli me dice a veces estos  días "contenta me tienes". Yo creo que es porque soy muy payaso y la hago reír mucho. Pero igual me lo dice de forma irónica y está a punto de tirarse por la ventana. No sé, uno nunca sabe si le dicen las cosas en un sentido o en otro. Esas cosas son un verdadero lío.

La otra noche Oli recibió una notificación en el móvil. Su padre, que es también mi suegro porque nos casamos y todo eso, se ha hecho Snapchat. Y yo no sé si estoy preparado para empezar a recibir fotos de mi suegro con un conejo en la cabeza, por poner un ejemplo de las muchas posibilidades que ofrece esta red social. De la posibilidad de que se haga Tik Tok prefiero no hablar.

Me acuerdo de personas que ya no están, pero no de una manera triste ni nada de eso. Por ejemplo, de mi abuela Loli. Para que os hagáis una idea, Loli era como el personaje de Mariví Bilbao en Aquí no hay quién viva. Y con mi padre nos reímos porque creemos que a ella nadie podría convencerla de quedarse en casa, y pobre del policía que tuviese que decirla que no se puede andar por la calle. Y me acuerdo de la Lala, mi bisabuela, a la que pude disfrutar gran parte de mi infancia. Se pasaba el día haciendo ejercicio en casa la tía, era algo impresionante. Teníais que verla. Y pienso que ella ahora podría ser youtuber enseñándonos a todos ejercicios para hacer en casa, ya os lo digo.

Suena el despertador el lunes por la mañana y Oli grita que eso es mentira, es lo primero que dice ese día. A mí me parece sencillamente maravilloso, una obra maestra. Creo que todas las personas todos los lunes le gritaríamos al despertador: "¡Eso es mentira!" Me parece un descubrimiento eso de decirle a la realidad que no mienta.

Salgo a comprar y me encuentro a varios reputados epidemiólogos del barrio en el que vivo paseando a sus perros. Cada español lleva un epidemiólogo dentro es el nuevo cada español lleva un seleccionador dentro ahora que no tendremos Selección en mucho tiempo. 

Estamos viendo la tercera temporada de The Crown. Es una serie lenta, pero lo que más me gusta es la cantidad de cosas que aprendes con ella. En el último capítulo que hemos visto, la reina está inquieta y algo triste porque su hermana ha triunfado en una visita a los Estados Unidos. Su marido habla con ella y le dice que su hermana es una persona deslumbrante. La Reina le contesta diciéndole que estaría bien ser deslumbrante a veces. Yo me identifico con ella porque me considero una persona bastante anodina, un "sin sangre" que diría mi padre, y a veces también pienso que estaría bien ser deslumbrante alguna vez en la vida.

He recuperado una vieja afición, el ajedrez. El problema que tengo con el ajedrez, me doy cuenta, es que juego como me muevo por la vida, lo que yo llamo "a ver qué pasa". Muevo un peón al tuntún y voy viendo qué va ocurriendo. Quiero decir que para qué voy a planificar una gran operación de jaque mate si seguramente luego acabe sucediendo una calamidad. Soy incapaz de pensar a largo plazo. Me planteo metas realistas y cercanas, si aparece un peón al que pueda matar, voy y lo mato. Y de repente  van y me comen la reina. A veces pasa. Hay gente a la que las cosas les salen siempre bien y nunca les comen la reina, qué tíos.

Hemos empezado a tirar de Friends, uno de esos recursos que nunca fallan. Y el otro día va Netflix y me pregunta si todavía estoy viendo Friends y me da dos opciones: sí, seguir viendo, o salir. La pregunta me resulta molesta. Y me da por pensar que ojalá la vida te sacase esta pregunta en una pantalla en determinadas ocasiones: "¿Todavía piensas en esa persona? Salir". "¿Todavía no has perdonado? Salir." Incluso pienso que no estaría mal que esta pregunta le saliese a determinados dirigentes: "¿Todavía no crees en el cambio climático? Salir." "¿Todavía recelas del feminismo? Salir." Sería todo más sencillo si la vida nos sacase esa pantalla de vez en cuando y le pudiésemos dar a salir y ya.

Las ruedas de prensa telemáticas se han convertido en lo mejor de mis días. Son un espectáculo surrealista. Las veo por interés informativo, pero, y sobre todo, por el momento de las preguntas de los periodistas. El otro día a un periodista se le metió la hija en la habitación a contarle muy contenta que había hecho una M. Además, aparecen medios muy extraños de los que uno no tenía conocimiento: "y ahora es el turno de las preguntas para RadioEspejo Canario". RadioEspejo Canario, eso qué es. Estoy pensando seriamente en acreditarme cualquier día y decir que soy de Caballo y Sabueso. Que todas las noches sean noches de boda y que todas las ruedas de prensa sean ruedas de prensa telemáticas.

viernes, 3 de abril de 2020

Diario del confinamiento V: Ocho minutos para el 27


La ilusión de creer que voy a coger el autobús en pleno confinamiento por coronavirus

Cuando todo esto comenzó, nos preguntábamos todos qué haríamos cuando todo esto que acababa de comenzar terminase. Reconozco que al principio lo que me pedía el cuerpo era irme de cañas y liarme como si yo no hubiera querido que eso sucediese hasta las ocho de la mañana en el Ocho y Medio, por ejemplo. Pero el otro día me asomé a la ventana, vi todo el sol que hacía, vi las calles vacías y me di cuenta de que ya sé qué será lo primero que haga cuando esto acabe.

Quiero salir a pasear por las calles de mi Madrid. Quiero subir Raimundo Fernández Villaverde, quedarme mirando un rato la glorieta de Cuatro Caminos, bajar Bravo Murillo hasta llegar a Quevedo. Y de ahí a Malasaña, y subir y bajar la Calle de La Palma, de Velarde, del Espíritu Santo, pasar por delante de La Ardosa, ver la Plaza del Dos de Mayo. Después, al centro, pasar por la calle Espoz y Mina, bajar por la Calle Segovia hacia mi barrio, andar por Madrid Río y subir hasta el Templo de Debod. Me apetece pasear por muchas calles y ver muchos lugares. Después caerían las cervezas y el liarme, pero antes yo necesito andar la primavera por Madrid.

Salí a comprar y me puse de mala leche. Vamos a ver, nos están repitiendo en todos lados que hay que guardar un distanciamiento social. En la calle se cumple, incluso en la cola del supermercado se hace. Pero luego entras ahí dentro y es el infierno, de verdad. Cierto es que no hay mucha gente, pero la que hay no se comporta cómo creo que habría que hacerlo. Y yo no soy nadie para dar lecciones, pero me agobié mucho. Porque veías pasillos estrechos con ocho personas ahí. Y no solo eso, es que estás cogiendo algo de los congelados, por poner un ejemplo, y constantemente te pasa gente por tu lado. Y yo cuando veo que hay personas en un sitio, me voy a otro más vacío y luego vuelvo ahí cuando esas personas hayan terminado. Y sé que es difícil para todos y procuro tener comprensión, pero en ocasiones me puede el enfado y hago gestos inequívocos, como dirían mis cretinos preferidos Álvaro y Nacho, para manifestar mi incomodidad cuando alguien me pasa muy cerca.

Al volver de la compra, decido volver por el camino largo. Es el máximo gesto de rebeldía dentro del sentido común que se me ocurre. Lo hago porque hace un día tremendo en Madrid y quiero darme la alegría de un paseo. Cuando llego al punto en el que tengo que girar hacia mi calle me quedo mirando la parada del autobús. Esa parada que tanto echo de menos. Y decido pasar de mi calle y me acerco a la parada. Miro los minutos que quedan para que pase el 27. El 27 es el autobús que cojo para ir a trabajar al Museo del Prado, el que cojo para ir al centro cuando he quedado. El que me lleva a la vida. Quedan ocho minutos para que pase. Cualquier otro día me enfadaría. Pero en ese momento doy gracias. Porque me permite pasar cuatro minutos sentado en la parada con la ilusión de que voy a cogerlo cuando pase. Durante cuatro minutos, vivo en una ficción en la que no he acabado de decidir si voy a trabajar o si he quedado por ahí, no sé qué me apetece más, pero os diré una cosa: son los cuatro mejores minutos que he vivido en estos veintiún días. ¿Por qué cuatro minutos? Porque no quiero arriesgarme a dos cosas: que pase y sentir el impulso de subirme con el carrito de la compra, o que pase, controlar el impulso, no subirme, pero morirme de la pena viendo cómo se aleja recordándome absolutamente todo lo que me estoy perdiendo. A la melancolía no hay que darle demasiadas oportunidades, que se viene arriba y te hace un roto de los grandes. 

El otro día se me olvidó contaros que lo que más le molesta del coronavirus a mi abuela es que no tiene fútbol. Y a mi hermana se lo repitió el otro día. Mi abuela ama el fútbol de una manera que no os podáis imaginar. Es muy del Atleti, pero es de esas personas que se ve todos los partidos, juegue o no su equipo. Siempre dice que no entiende cómo sus amigas pueden entretenerse un domingo por la tarde sin fútbol. Y ahora con la suspensión de las competiciones, la pobre se ha quedado sin su fútbol. Ya no se acuerda de mucho y es gracioso porque tiene un amigo en la residencia que le avisa de absolutamente todos los partidos. Además, él es del Madrid y se vacilan. Bueno, él lo intenta porque es muy Inocencio Quiroga (así llama mi abuela a las personas inocentes). Pero la realidad es que si vacilas a mi abuela sales perdiendo, siempre.

Mi amigo Iván de Aluche me escribe y me dice que mataría por un rodolfito. Con él y con su chica, Eliana, viajamos el año pasado a Jaca y nos hicieron de guías por toda esa zona tan bonita del Pirineo Aragonés. En Jaca nos llevaron a comer rodolfitos y es de lo más rico que he comido en mi vida. Pero cuento esto por una cosa. Porque me parto de risa al leer el mensaje de Iván. Mi amigo Iván es una de las personas con las que más me puedo reír en la vida. Y al leerle, le pongo exactamente la cara, la mirada y el tono de voz con el que lo ha dicho. Y al hacerlo, me río muchísimo. Me parece importante en estos tiempos imaginarnos cómo dicen las cosas los demás, dar vida a las palabras más allá de la pantalla.

Llamaron a la puerta la otra mañana. Era un repartidor de Amazon. Ya conté la historia en mi Instagram y no quiero ser repetitivo. Resulta que tras publicar en redes sociales otro mensaje quejándome de no tener armónica y lo bien que me vendría tener una para el confinamiento, alguien decidió regalarme una y enviármela. Fueron Jaime y Marta, una pareja que conocimos en Vietnam en el viaje de luna de miel. No tenemos una relación muy estrecha. Por eso me hizo más ilusión aún. Creo de verdad que pequeños gestos así hacen del mundo un lugar mejor. Me hacen más ilusión los regalos "porque sí" que los obligados en fechas señaladas. Si alguna vez tienes dudas de tener un detalle con alguien, sea cual sea la relación que tengáis, ten ese detalle si te hace ilusión. Por cierto, ayer me enteré de que otra persona tuvo también la intención de regalarme una armónica. Y también alguien muy inesperado. Me hizo la misma ilusión que si me la hubiese mandado. De no tener armónicas a casi tener dos de repente. Pienso que algo habré hecho bien para merecerme estos detalles, además, claro, de ser tan agotador, como diría, con toda la razón, mi padre. Gracias, Ana.

Esta semana ha tocado el ciclo de Parque Jurásico. Me da por buscar la isla Kauai, que es en la que está rodada. Está en Hawai y se puede visitar. Me imagino llegando allí en un hidroavión o un helicóptero y me viene un algo. Mientras veía cada película por las tardes, disfrutaba como un niño, de verdad. Me he dado cuenta de que el rato que dedico a ver las películas de mi vida son los que más estoy disfrutando. Más que cuando escucho la radio, que cuando leo, que cualquier otra cosa. Es sonar la música del comienzo y que la realidad a mi alrededor deje de existir. Refugiarse en lo que a uno le gusta. Siempre pongo el ejemplo de Salinger. Salinger estuvo en el Desembarco de Normandía y en otras batallas muy duras de la II Guerra Mundial. Nunca, jamás, se separó de los primeros capítulos de El Guardián entre el centeno que llevaba con él. Nuestras pasiones nos salvan. Siempre.

lunes, 23 de marzo de 2020

Diario del confinamiento: pensar en el próximo rato

Siguen los diarios del confinamiento por el coronavirus Covid19
San Pablo Ermitaño, de José de Ribera



Segundo fin de semana del confinamiento. Para algunos que no tenemos la opción de teletrabajar, nada cambia realmente. Aún así, en mi caso, tengo que decir que sigo con la moral intacta y que paso los días bastante entretenido. Ayer decidí crear una playlist en Spotify que titulé "Encerrados pero alegres". Es abierta, así que puedes escucharla. En ella puedes encontrar desde Bruce Springsteen a Extremoduro pasando por Back Street Boys. Por supuesto, hay Lori Meyers y hay Ferreiro. También hay alguna banda sonora (os podéis imaginar cuál no falta). Es una mezcla bastante bizarra, pero es que todo lo que está ocurriendo es muy bizarro.  Espero que os guste. Al confinamiento, y a la vida en general, se sobrevive gracias, entre otras cosas, a la música.

Cuando alguien me dice que ya se ha empezado a agobiar, trato de hacerle ver que lo que hay que hacer es pensar siempre en el próximo rato, y no en el día entero. Y ni mucho menos pensar en semanas, eso no hay que hacerlo ni loco. Hace tiempo escribí un texto que se titulaba "La siguiente farola". Estaba centrado en los corredores, pero se puede aplicar perfectamente a este momento. Cuando salgo a correr hay días que me siento muy bien y no tengo ningún problema. Pero hay otros días que me encuentro fatal y no me siento capaz. Esos días en los que no siento que no puedo, me voy fijando en la siguiente farola. Y me voy diciendo "hasta ahí, puedes". Y puedo. Y entonces me doy cuenta de que, aunque creas que ya no puedes más, siempre puedes un poquito más. 

Escucho mucha radio estos días. No podría sobrevivir a este confinamiento sin la radio. Os  la recomiendo a todos. La tele la ves, la radio te hace compañía. Y creo que necesitamos que nos hagan compañía. Hago mención especial a Paco González y su equipo de Tiempo de Juego. Suelo decir que, para mí, es uno más de los varios grupos de amigos que tengo la suerte de tener. Si a alguien le extraña que considere como amigos a unos que hablan por la radio les haré una pregunta: ¿los amigos no te hacen reír y te acompañan cuando estás jodido? Pues a mí ellos me han hecho reír en épocas de mi vida en las que estuve jodido. Y ahora lo están volviendo a hacer. Es lo que yo le pido a los amigos.

Estoy aprovechando para ver series. He terminado Mindhunter, que me ha gustado bastante. Es sobre crímenes y asesinos en serie, todo basado en caso reales. Terminé hace poco Lovesick, de la que no había oído hablar y me recomendó una amiga, y me encantó. Es una serie escocesa y se ve muy bien. Son tres temporadas con pocos capítulos y cada uno dura unos veinte minutos. ¿Tema? Comedia con amigo ligoncete, amigo enamoradizo y chica. Te ríes y la historia está muy bien. He empezado en Netflix Los asesinatos del Valhalla, islandesa, sobre asesinatos en serie, que me está gustando. Y menudos paisajes. Ah, por si alguien no la ha visto, recomiendo una que me dijo mi padre y que a Oli y a mí nos encantó: Derry Girls, en Netflix. Es genial.

Cada vez que en una serie salen a la calle, se abrazan, o se besan, empiezo a lanzar improperios desde el sofá de casa: "¡Pero qué haces inconsciente! ¡Que te han dicho que te vayas a casa! ¡Cretino!" Por suerte, esto que me pasaba los primeros días veo que le está ocurriendo a más gente cuando ven series y películas y ya no me siento tan chiflado. Aunque lo esté, que lo estoy, pero no por esto.

Viendo una peli, hay un momento en el que Oli pone el volumen en el número quince. La situación dura unos veinte segundos que se me hacen muy largos. No puedo tener el volumen en números impares. Ni en la tele, ni en las radios, ni en nada. No soporto los números impares. Las escaleras con escalones impares me dan muchísima rabia. Pero mi número talismán es el siete. Vivir con contradicciones.

La tarde del sábado Oli sale a comprar. Me tumbo en el sofá. Me despierta de la siesta un coche pitando. Ya me asomo y veo a gente en las ventanas increpándole y pidiéndole silencio. Pero me fijo y veo a dos mendigos pegándose. Y entiendo que el del coche pitaba para llamar la atención a la gente. Al final el del coche se va. Desde mi ventana veo que un mendigo tiene atrapado al otro y no sé si le está asfixiando o qué, pero me pongo muy nervioso y hasta pienso en bajar. Llamo a la poli, y tardan mucho en cogérmelo. Dos o tres minutos en los que observo como el mendigo sigue teniendo atrapado al otro y cada vez me pongo más nervioso. Justo cuando me responden, veo que llegan tres coches de policía. Quizá el del coche ya había llamado. O quizá los trabajadores del Aldi que está delante. Me quedo un rato mirando. Tengo que reconocer que aunque sea una situación triste la sigo como un gran acontecimiento porque es lo más interesante que ocurre a mi alrededor desde hace días.

Cada día, cuando salimos a aplaudir a la ventana, se repite lo mismo. Oli no se asoma mucho porque tiene vértigo hacia abajo y yo no me asomo mucho porque tengo vértigo hacia arriba. Vaya cuadro. Supongo que el amor es eso, saber encajar los miedos del uno y del otro.

Ayer vi por fin Alta Fidelidad. Después de El Guardián entre el centeno, es mi libro preferido. No había visto la peli hasta ayer. Supongo que de manera inconsciente, lo evitaba por si no estaba a la altura del libro de Nick Hornby. Pero sí lo está, sí lo está. Me encantó, y John Cusack es un perfecto Rob Fleming.

Espero que estéis todos bien. Y espero también de verdad que no os estéis quedando en pijama todos los días. Eso no se puede hacer. Yo cada día me levanto, me afeito, me ducho y me pongo mis vaqueros y mi camiseta. Nada de abandonarse. El único drama que tengo es mi pelo, que me lo tenía que haber cortado hace un mes, lo fui dejando y no quiero saber cómo voy a acabar el confinamiento. 

Cuidaros mucho, y cuidad.

domingo, 19 de mayo de 2019

Los exquisitos que no ven Juego de Tronos


Mucha gente en Twitter presume de no ver Juego de Tronos


En las últimas semanas, he visto algunos comentarios en Twitter de gente que no ve Juego de Tronos. En su derecho están y esto no me causa ningún problema. En todo caso, creo que se pierden algo muy grande. Lo que sí me causa un problema es cuando, al declarar no verlo, se detecta un tufo de superioridad que apesta. De presumir de que no te gusta lo que le gusta a todo el mundo. Que por no consumir lo que consume la plebe estás por encima. El aura de los exquisitos.

Es una actitud que no entiendo. Y que me irrita un poco. ¿Y por qué? Porque ese tipo de comentarios suelen provenir de personas de un alto nivel intelectual.Por eso mismo me irrito. Porque tengo la sensación de que desprecian el gusto popular como si fuese algo que estuviese por debajo de su categoría intelectual. Y en mi pueblo a eso lo llamamos elitismo.

Y además, es que no pueden estar más equivocados, qué queréis que os diga. Juego de Tronos es una serie de culto, basada en unos libros que no he leído pero que desprenden imaginación por los cuatro costados, a juzgar por lo visto en la serie. Es una obra maestra que ha hecho historia reuniendo a millones de personas delante de la tele. Y lo hace a nivel global y en una época en la que conseguir eso es realmente una verdadera proeza. Pero ellos, en vez de esforzarse por entenderlo, declaran orgullosos no verlo. Me resulta incomprensible si no es por esa necesidad de intentar mostrar que tú eres de alguna forma superior porque no ves lo que todo el mundo ve.

Juego de Tronos es cultura. La serie cuenta una historia brillante, llena de giros de guión. Es realista, con tal cantidad de muertes. Tiene unos diálogos llenos de fuerza. Pero, sobre todo, tiene unos personajes que son una maravilla, porque son complejos. Y la vida es compleja. Y hay veces en las que no todo es tan fácil cómo parece. Y esto se refleja muy bien en la narración. Salvo alguna excepción, todos los personajes tienen luces y muchas, muchas sombras. Cada uno tiene un secreto, un motivo, un sufrimiento, para actuar de la manera en que lo hace. Y puedes entenderlos a todos, te abre la mente.

Te hace reflexionar y mucho sobre las circunstancias extremas en las que uno puede verse en la vida. Te abre la mente, adquieres dosis de empatía incluso con quién nunca te hubieras imaginado tenerlas. Te hace emocionarte. Te hace estar en tensión todo un capítulo de tal manera que estás sentado en el sofá pero a la vez levantado hasta que llega el desenlace y lo gritas como si fuese el gol que da la victoria a tu equipo en la Champions, en el 93 (o en el minuto que sea).

Yo no sé de verdad que más puedo pedirle a una serie que lo que me ha dado Juego de Tronos. Y tardé mucho en verla, vi toda seguida al acabar la séptima para llegar a tiempo a la octava. Y ahora sé que me va a costar mucho hacerme a la idea de que no habrá más y sé también que su historia y sus personajes se quedarán a vivir conmigo toda la vida.

viernes, 17 de mayo de 2019

Daenerys y el humano deseo de querer quemarlo todo


Daenerys de Juego de Tronos quemando Desembarco del Rey


Este artículo contiene spoilers de Juego de Tronos.

Tras el último episodio de Juego de Tronos, el 8x05, las redes se han llenado de comentarios contra Daenerys. Por lo que he podido hablar con mi familia y amigos, parece que la opinión es casi unánime: ahora Daenerys es vista como la gran mala después de haber arrasado con rabia Desembarco del Rey. Ha pasado de ser la heroína a la nueva villana, al menos para muchos. No para mí.

Tener rabia significa estar vivo. Daenerys actuó con rabia en el último capítulo, es innegable. Pero eso no dice nada malo sobre ella, sino todo lo contrario. Imaginemos que después de todo lo que vivido, reaccionase con indiferencia, ¿qué diríamos de ella? Que es una sin sangre, que cuando va esta chica a hacer algo, y más, más que diríamos. Es precisamente esa respuesta rabiosa la que humaniza su personaje.

Vamos a ver, está muy bien actuar con prudencia y templanza en la vida. Son dos virtudes necesarias. Pero en la vida no siempre podemos actuar como desearíamos. No siempre podemos tenerlo todo controlado, y mucho menos a nosotros mismos. Hay ocasiones en las que resulta imposible actuar con templanza. Creo que a Jon Nieve le falta la rabia que le puede sobrar a Daenerys. Qué mejor forma de equilibrar la balanza que con una boda. Pero ya a estas alturas lo doy por imposible, soy realista.

Considero positivo sentir rabia alguna vez en la vida. Es bueno sentir rabia contra la injusticia, contra la pérdida, contra un mal gesto. La vida no siempre nos trata bien, y por eso mismo me parece algo bueno rebelarse ante aquello que no nos gusta. Igual de bueno que tener templanza. Igual de necesario. Creo en la rabia incluso como motor para alcanzar ciertas metas en la vida. A veces un menosprecio toca un resorte dentro de nosotros y de repente nos lanzamos a lograr eso que alguien nos ha dicho que es imposible. Y lo hacemos porque nos han provocado y nos han despertado la rabia.

Si no recuerdo mal, en un capítulo de la serie el personaje de El Perro decía lo siguiente: "El odio es una cosa buena si sirve para seguir adelante". Vaya por delante que no está entre mis ideales de vida el vivir con odio, pero defiendo que cada uno pueda tener el impulso que sea para sobrevivir.

Sinceramente, creo que yo también lo hubiese quemado todo. Los acontecimientos de la vida nos transforman y nunca sabemos en qué nos podemos convertir. Las circunstancias llevan a Daenerys a actuar de la manera en que lo hace. Me parece necesario recordar que no va y quema Desembarco del Rey en el primer capítulo sin motivo alguno, no. Lo hace después de haber perdido a dos hijos (para ella, los dragones son hijos), a gran parte de su ejército, a su gran aliado Jorah, después de haber sido traicionada por todos a su alrededor, y tras perder a su mejor amiga Misandei, asesinada en sus narices. Esta última se lo dice muy claro antes de ser decapitada: "DRAKARIS" que viene a ser un "quémalo todo y a todos".

"Pero habían sonado las campanas", dicen los que creen que Daenerys tenía que haber parado en ese momento. Como diría mi abuela, son unos inocencios. Cómo te vas a fiar de alguien con una mente tan retorcida como la de Cersei. Aquellos que se fiasen de Cersei creo que deberían volver a ver Juego de Tronos desde el primer capítulo, porque tengo la sensación de que se han perdido algunas cositas.


Tampoco comparto esa idea de que los guionistas hayan dejado como villana a Daenerys. Todo lo contrario. La villana era Cersei, brillante villana además, pero Daenerys no es villana. Daenerys ha impartido justicia durante toda la serie. Ha liberado pueblos, ha roto cadenas, y muchos la admiraban. De repente, ahora muchos de sus admiradores han pasado a desear su muerte y a llamarla "loca", "tirana", y otras lindezas. Como si ellos no lo hubiesen quemado todo alguna vez en la vida de haber tenido un dragón a mano. Yo desearía haberlo tenido en alguna ocasión, lo confieso.