martes, 21 de mayo de 2019

La gran ilusión de votar a Más Madrid

La izquierda de Más Madrid con Carmena y Errejón me ilusiona para Madrid
Acto central de campaña de Más Madrid el pasado sábado en el Madrid Arena


Ilusionarse con la política creo que es de lo más bonito que puede ocurrirle a uno. Sé que puede sonar raro. Muchas veces observamos la política como algo ajeno. Los políticos tienen mala fama. Precisamente por eso, parece una heroicidad que alguien te provoque una emoción tan bonita como la de ilusionarte con un proyecto. Es lo que me sucede a mí con Más Madrid, con Manuela Carmena e Íñigo Errejón. Hacía mucho tiempo que no tenía  tanta ilusión por votar, y es gracias a ellos. Y sé que hay mucha gente que está igual.

Leí este domingo una maravillosa entrevista en la que Íñigo Errejón declaraba que "hay gente que cree que todo hay que tenerlo claro. Pero debemos reivindicar algo en lo que el feminismo nos puede ayudar como el derecho a ser frágiles, a dudar, a que un político llegue a un acuerdo y diga: he cedido. Muchas veces el coraje tiene que ver con la templanza". Me sorprendió gratamente. No estoy acostumbrado a que un líder político reivindique el derecho a dudar y a ser frágil. Aunque, a decir verdad, no me sorprendió tanto porque esa forma de hacer política es la seña de identidad tanto de Íñigo como de Manuela. Y es precisamente de esas formas de las que quiero hablar.

Tanto Carmena como Errejón tienen ideas para Madrid. No es lo que más me importa. Lo que me resulta determinante, y es por lo que me ilusionan y les voy a dar mi voto, es por esa manera de hacer política. Por su serenidad en un mundo cada vez más lleno de estridencias. Por la reflexión que aportan y el tono pausado frente al ruido y las descalificaciones de otros. Para mí, representan la izquierda que quiero para mi ciudad, mi comunidad y mi país (ojalá un Más España).

Una izquierda abierta al entendimiento con los demás. Una izquierda que se lleve bien con las empresas pero diciéndoles claramente lo que no se puede hacer. Una izquierda que no se crea superior. Una izquierda que se permita dudar. Una izquierda capaz de ser autocrítica cuando los resultados no acompañan. Una izquierda que no rechace la realidad, sino que se esfuerce por entenderla y transformarla. Una izquierda que aspire a conquistar espacios seduciendo a las personas y no echándoles la bronca.

Una izquierda que no le tenga miedo a decir España. Una izquierda que diga que este es un país que merece la pena. Una izquierda que defienda la familia y sus distintos conceptos. Una izquierda que defienda el orden, que al final son detalles como que se recoja la basura o funcione la luz. Una izquierda que respete y tenga adversarios, no enemigos. Una izquierda que haga de la cultura su seña de identidad. Carmena y Errejón me han demostrado ser dos personas que aman la cultura y que tienen inquietudes.

Una izquierda alejada del sectarismo. Una izquierda sin prisas que se preocupe por las partes y no por el todo, que sea consciente de que hay un camino durante el que hay que ir asegurando las necesidades. Una izquierda que se ocupe de ir mejorando la vida de los ciudadanos poco a poco sin perder de vista los grandes objetivos. Lo que Pepe Mujica llama el "mientras tanto". Esta frase de Errejón lo explica mejor: "Si tú prometes el paraíso pero no cambias el mientras tanto por el camino, no pasas de profeta."

Puede que algunos digan que esto es una izquierda amable, pero soy de los que piensa que ser de izquierdas no es tener el ceño fruncido todo el día. La izquierda es compromiso permanente con el progreso y con que nadie se quede atrás en ningún momento. La izquierda es luchar contra la desigualdad que hoy rompe nuestra sociedad. Y todo eso puede hacerse de una manera amable. A muchos nos está ilusionando tanto la campaña de Más Madrid por eso mismo, porque no nos regañan y son capaces de emocionarnos.

Ellos nos pidieron que convenzamos a otros a nuestro alrededor. Es algo que no se me da especialmente bien. También creo que falta esa cultura política en España. En Estados Unidos les sobra. Allí es normal que las personas intenten convencer a otras de un voto determinado. Yo me limito a escribir esto en mi blog y que lo comparta el que quiera. Más Madrid es mi voto, con la cabeza, y también con el corazón. Ojalá sea el tuyo.

domingo, 19 de mayo de 2019

Los exquisitos que no ven Juego de Tronos


Mucha gente en Twitter presume de no ver Juego de Tronos


En las últimas semanas, he visto algunos comentarios en Twitter de gente que no ve Juego de Tronos. En su derecho están y esto no me causa ningún problema. En todo caso, creo que se pierden algo muy grande. Lo que sí me causa un problema es cuando, al declarar no verlo, se detecta un tufo de superioridad que apesta. De presumir de que no te gusta lo que le gusta a todo el mundo. Que por no consumir lo que consume la plebe estás por encima. El aura de los exquisitos.

Es una actitud que no entiendo. Y que me irrita un poco. ¿Y por qué? Porque ese tipo de comentarios suelen provenir de personas de un alto nivel intelectual.Por eso mismo me irrito. Porque tengo la sensación de que desprecian el gusto popular como si fuese algo que estuviese por debajo de su categoría intelectual. Y en mi pueblo a eso lo llamamos elitismo.

Y además, es que no pueden estar más equivocados, qué queréis que os diga. Juego de Tronos es una serie de culto, basada en unos libros que no he leído pero que desprenden imaginación por los cuatro costados, a juzgar por lo visto en la serie. Es una obra maestra que ha hecho historia reuniendo a millones de personas delante de la tele. Y lo hace a nivel global y en una época en la que conseguir eso es realmente una verdadera proeza. Pero ellos, en vez de esforzarse por entenderlo, declaran orgullosos no verlo. Me resulta incomprensible si no es por esa necesidad de intentar mostrar que tú eres de alguna forma superior porque no ves lo que todo el mundo ve.

Juego de Tronos es cultura. La serie cuenta una historia brillante, llena de giros de guión. Es realista, con tal cantidad de muertes. Tiene unos diálogos llenos de fuerza. Pero, sobre todo, tiene unos personajes que son una maravilla, porque son complejos. Y la vida es compleja. Y hay veces en las que no todo es tan fácil cómo parece. Y esto se refleja muy bien en la narración. Salvo alguna excepción, todos los personajes tienen luces y muchas, muchas sombras. Cada uno tiene un secreto, un motivo, un sufrimiento, para actuar de la manera en que lo hace. Y puedes entenderlos a todos, te abre la mente.

Te hace reflexionar y mucho sobre las circunstancias extremas en las que uno puede verse en la vida. Te abre la mente, adquieres dosis de empatía incluso con quién nunca te hubieras imaginado tenerlas. Te hace emocionarte. Te hace estar en tensión todo un capítulo de tal manera que estás sentado en el sofá pero a la vez levantado hasta que llega el desenlace y lo gritas como si fuese el gol que da la victoria a tu equipo en la Champions, en el 93 (o en el minuto que sea).

Yo no sé de verdad que más puedo pedirle a una serie que lo que me ha dado Juego de Tronos. Y tardé mucho en verla, vi toda seguida al acabar la séptima para llegar a tiempo a la octava. Y ahora sé que me va a costar mucho hacerme a la idea de que no habrá más y sé también que su historia y sus personajes se quedarán a vivir conmigo toda la vida.

viernes, 17 de mayo de 2019

Daenerys y el humano deseo de querer quemarlo todo


Daenerys de Juego de Tronos quemando Desembarco del Rey


Este artículo contiene spoilers de Juego de Tronos.

Tras el último episodio de Juego de Tronos, el 8x05, las redes se han llenado de comentarios contra Daenerys. Por lo que he podido hablar con mi familia y amigos, parece que la opinión es casi unánime: ahora Daenerys es vista como la gran mala después de haber arrasado con rabia Desembarco del Rey. Ha pasado de ser la heroína a la nueva villana, al menos para muchos. No para mí.

Tener rabia significa estar vivo. Daenerys actuó con rabia en el último capítulo, es innegable. Pero eso no dice nada malo sobre ella, sino todo lo contrario. Imaginemos que después de todo lo que vivido, reaccionase con indiferencia, ¿qué diríamos de ella? Que es una sin sangre, que cuando va esta chica a hacer algo, y más, más que diríamos. Es precisamente esa respuesta rabiosa la que humaniza su personaje.

Vamos a ver, está muy bien actuar con prudencia y templanza en la vida. Son dos virtudes necesarias. Pero en la vida no siempre podemos actuar como desearíamos. No siempre podemos tenerlo todo controlado, y mucho menos a nosotros mismos. Hay ocasiones en las que resulta imposible actuar con templanza. Creo que a Jon Nieve le falta la rabia que le puede sobrar a Daenerys. Qué mejor forma de equilibrar la balanza que con una boda. Pero ya a estas alturas lo doy por imposible, soy realista.

Considero positivo sentir rabia alguna vez en la vida. Es bueno sentir rabia contra la injusticia, contra la pérdida, contra un mal gesto. La vida no siempre nos trata bien, y por eso mismo me parece algo bueno rebelarse ante aquello que no nos gusta. Igual de bueno que tener templanza. Igual de necesario. Creo en la rabia incluso como motor para alcanzar ciertas metas en la vida. A veces un menosprecio toca un resorte dentro de nosotros y de repente nos lanzamos a lograr eso que alguien nos ha dicho que es imposible. Y lo hacemos porque nos han provocado y nos han despertado la rabia.

Si no recuerdo mal, en un capítulo de la serie el personaje de El Perro decía lo siguiente: "El odio es una cosa buena si sirve para seguir adelante". Vaya por delante que no está entre mis ideales de vida el vivir con odio, pero defiendo que cada uno pueda tener el impulso que sea para sobrevivir.

Sinceramente, creo que yo también lo hubiese quemado todo. Los acontecimientos de la vida nos transforman y nunca sabemos en qué nos podemos convertir. Las circunstancias llevan a Daenerys a actuar de la manera en que lo hace. Me parece necesario recordar que no va y quema Desembarco del Rey en el primer capítulo sin motivo alguno, no. Lo hace después de haber perdido a dos hijos (para ella, los dragones son hijos), a gran parte de su ejército, a su gran aliado Jorah, después de haber sido traicionada por todos a su alrededor, y tras perder a su mejor amiga Misandei, asesinada en sus narices. Esta última se lo dice muy claro antes de ser decapitada: "DRAKARIS" que viene a ser un "quémalo todo y a todos".

"Pero habían sonado las campanas", dicen los que creen que Daenerys tenía que haber parado en ese momento. Como diría mi abuela, son unos inocencios. Cómo te vas a fiar de alguien con una mente tan retorcida como la de Cersei. Aquellos que se fiasen de Cersei creo que deberían volver a ver Juego de Tronos desde el primer capítulo, porque tengo la sensación de que se han perdido algunas cositas.


Tampoco comparto esa idea de que los guionistas hayan dejado como villana a Daenerys. Todo lo contrario. La villana era Cersei, brillante villana además, pero Daenerys no es villana. Daenerys ha impartido justicia durante toda la serie. Ha liberado pueblos, ha roto cadenas, y muchos la admiraban. De repente, ahora muchos de sus admiradores han pasado a desear su muerte y a llamarla "loca", "tirana", y otras lindezas. Como si ellos no lo hubiesen quemado todo alguna vez en la vida de haber tenido un dragón a mano. Yo desearía haberlo tenido en alguna ocasión, lo confieso.

lunes, 13 de mayo de 2019

Estar enfermo de música




El otro día, en una de mis tardes como vigilante en el Museo del Prado, descubrí un cuadro que me gustó y cuya historia me pareció interesante. Se trata de "San Francisco confortado por un ángel músico" de Francisco Ribalta. Cuenta el momento en el que un ángel músico se le aparece a un enfermo San Francisco de Asís para mitigarle la nostalgia que siente por la música que escuchaba en su juventud. Y es esto último lo que me fascinó.

He buscado más información y no he conseguido aclarar si Francisco de Asís estaba enfermo de nostalgia por la música de su juventud o si su enfermedad era debida a otras causas y en ese sufrimiento sentía nostalgia por aquella música. En todo caso, lo que me llamó la atención es el concepto de estar enfermo de música. El que una persona pueda sentir tanta nostalgia de algo que llegue a enfermar por ello.

Al igual que el gran dilema que se planteaba Nick Hornby en Alta Fidelidad ("¿Escucho música pop porque estoy triste o estoy triste porque escucho música pop?"), me pregunto si la nostalgia que yo sentiría sería por la música que escuchaba en la juventud o por todo lo que viví en aquella época. ¿Eran aquellas experiencias provocadas por la música que escuchaba o eran las experiencias las que me provocaban escuchar aquellas canciones?

Todos los momentos que viví. Los besos que di, los que no di, los amores, los desamores, las alegrías, las penas. El paisaje de mi juventud está lleno de muy buenos momentos y algunos no tan buenos. En todos ellos estuvo presente la música. Todas las canciones me ayudaron. De distinta manera, porque nunca una canción te ayuda igual que otra. Cada una a su manera te levanta el ánimo o te lo acaba de hundir. Pero incluso la que te lo hunde, lo hace para ayudarte a sentir, para que te identifiques con una tristeza, para decirte que no estás solo, que esa historia triste ya existe y alguien la cantó porque tenía la misma pena que tú.

No sé si podría llegar a estar enfermo de nostalgia por la música que me acompañaba en mi juventud. Sólo sé que a la música hay que agradecerle siempre que esté ahí, haciéndonos sentir.

Escribiendo esto me han venido a la cabeza dos canciones sobre la juventud y la nostalgia que, curiosamente, me suelen levantar mucho el ánimo. Por si alguien las quiere escuchar, son: "Cuando éramos reyes"de Quique González, y "Summer of 69" de Bryan Adams.