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viernes, 26 de junio de 2020

Última hora: los grandes roban

Paseos al salir de trabajar un domingo del Museo del Prado
Paseos felices al salir de trabajar del Museo del Prado un domingo


Escuché a la portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, afirmar en rueda de prensa que "todas las opiniones son respetables". Lo hizo para responder a una pregunta sobre las teorías antivacunas. Bien es cierto que desde su posición de médica defendió muy bien el papel de la ciencia. Pero me sobró mucho lo de "todas las opiniones son respetables". No. No lo son. Si no están documentadas y con un mínimo rigor, no son respetables. No puedes opinar que es de día a las once de la noche.

Leí una entrevista con Woody Allen en La Vanguardia que me gustó mucho. La respuesta que más me gustó es en la que se desmitifica a sí mismo como intelectual. Lo repite siempre que puede. Y en sus películas suele reírse de los pedantes. Aún así, sigue habiendo mucha gente que dice que no ve sus pelis porque dicen que son para listos y cosas así. En la entrevista, Allen se define como "un vago con malas notas", y dice que lo de la fama de intelectual le viene por cosas como su aspecto con "las gafas de culo de vaso" y porque le gustaban chicas intelectuales y tenía que leer para no hacer el ridículo al invitarlas a cenar. Esa humildad de Allen queda reflejada en esta frase: "Hay tantas autobiografías de tipos diciendo que son los mejores... Yo no lo soy".

No sé si el peor sufrimiento es el de los demás. El de la gente que quieres y por la que no puedes hacer absolutamente nada más allá de mostrar tu apoyo y escuchar si lo necesitan. Cuando es uno el que sufre, y tiene ya cierta edad, sabe más o menos lo que tiene que hacer para intentar estar mejor, pero cuando son otros los que no están en su mejor momento no puedes ir y meterte dentro de ellos para que estén mejor.

El alcalde de Madrid, Almeida, fue al Museo del Prado a un acto oficial y le colocaron para hacerse la foto justo delante del cuadro del príncipe Baltasar Carlos, cazador. La imagen se hizo viral y el propio alcalde puso un tuit riéndose diciendo "ya es mala suerte". Me gustan las personas que tienen ese sentido del humor para reírse de sí mismas o de una situación que no les es favorable. Es una cualidad que aprecio mucho. Una de las personas que más me ha enseñado a mí a reírme de mi mismo es mi amigo Andrés. Siempre lo pienso y nunca se lo digo.

Cada vez más medios empiezan a ser de pago. Empezó El Mundo, y se le han unido El País y El Confidencial. Me da rabia y lo entiendo a la vez. Es un debate interesante en el que no consigo tener una opinión clara. Siempre hemos pagado por comprar el periódico y de repente hemos pasado a tenerlo gratis en internet. El trabajo se paga. Por otro lado, me preocupa que la información no sea un derecho público garantizado y que las personas que no puedan permitirse ser suscriptores de ningún medio tengan que acabar informándose en digitales de dudosa reputación que prefiero no mencionar.

En la Nueva Normalidad seguimos robando. Me refiero al Real Madrid. Yo es que soy muy claro. Soy del Madrid y no niego que el Madrid robe. El Barça también roba. Es algo con lo que tienes que contar. Los grandes roban, siempre. Lo que me molesta es cuando seguidores madridistas o culés se empeñan en negarlo y se ponen pesadísimos. Qué manera de perder energía a lo tonto. No se puede negar la realidad. Y ya el delirio extremo es cuando uno del Madrid o uno del Barça se ponen a decir que les han robado.

Cambiar de opinión cuando te enfrentas de cara con la realidad. Es lo que le ha ocurrido al FMI. En una entrevista, Guy Standing, cofundador de la Red Mundial de la Renta Básica, cuenta como Christine Lagarde quedó convencida de la necesidad de una renta básica universal para luchar contra el precariado. Porque se han dado cuenta, por fin, de la profunda desigualdad que existe en el mundo. Y hace poco el FMI ha emitido un comunicado dando su apoyo a la renta básica. Me parece un gran avance y me alegra que haya personas en este mundo que sean capaces de dar este giro de trescientos sesenta grados al darse de bruces con la realidad en vez de negarla de forma estúpida.

Estoy viendo una serie con Oli. Tiene nueve temporadas y vamos por la segunda. La otra noche, viendo un capítulo, va y me suelta "sabes que al final se casan, ¿no?". Me quedé petrificado. No me podía creer que acabase de ocurrir lo que acababa de ocurrir. Me quedé mirándola pensando que me estaba vacilando. No, no me estaba vacilando. Me dijo que pensaba que lo sabía. No, no lo sabía. Por otro lado, yo no me canso de decir que cuando ha pasado determinado tiempo del final de una serie ya se ha terminado el plazo legal de los spoilers. Así que admito que lo que hizo Oli está dentro de mi legalidad y no puedo reprochar absolutamente nada.

Hablando de Oli, esta semana le dio por hacer la siguiente búsqueda en Google: "coca en Madrid". Pero tranquilos, que no buscaba droga ni nada de eso, buscaba "coca de Sant Joan" y para un catalán en Sant Joan hablar de coca es algo muy habitual. Lo que pasa es que claro, hizo esa búsqueda, se encontró todo tipo de cosas en la búsqueda y encima seguramente haya quedado registrada en su historial de búsquedas de Google. La sensata Oli buscó en Google "coca en Madrid". Queda para los anales de la Historia.

jueves, 18 de junio de 2020

Gildas, niñas viejas y pasillos oscuros


Primer paseo por El Retiro tras el confinamiento

Después de ver los dos últimos episodios de la temporada final de Homeland, no voy a poder ver las librerías de la misma manera en que las miraba antes. Con lo que me gusta a mí imaginarme historias, van y me hablan de mensajes ocultos colocados por espías en los lomos de los libros. Me veo la próxima vez que vaya a una librería sacando todos los libros uno por uno a ver si hay algún rollo de papel metido entre los lomos con algún mensaje que descubrir y metiéndome en una gran aventura.

En la radio un día hablaban de las gildas. Me acordé de una vez que estaba de becario en un suplemento de ocio y a una jefa le dije que no sabía lo que era una gilda. Con veintiún años nadie tiene por qué saber lo que es una gilda, yo creo. El caso es que cuando se lo dije se puso como loca, no la había visto así ningún día. Me montó un número y cogió a otro jefe para chivarse de que no sabía lo que era una gilda. A mí me pareció todo fuera de lugar. Me parece que cualquier cosa que pueda estar relacionada con una gilda no es para ponerse así, la verdad. Hay gente que se pone como loca por las cosas más insospechadas.

En el museo, me tocó ir con dos compañeras por zonas cerradas actualmente al público. Lo disfruté mucho. Reencontrarse con cuadros que te gustan mucho después de tres meses y sabiendo que eres un privilegiado por poder acceder a esos rincones es una gran sensación. Por otro lado, había zonas menos iluminadas que otras y menos mal que iba con dos personas, porque solo me hubiera dado cosa y si hubiéramos ido dos hubiera empezado a pensar que a lo mejor el otro podía matarme de repente. A veces me da por pensar esas cosas, ya lo sabéis. Pero siendo tres, mal se tendría que dar la cosa. Aunque nunca se sabe.

Leí un artículo de esos que demuestra que se puede hacer literatura con el fútbol. Es de un periodista que se llama Antonio Agredano y que siempre escribe muy bien. En este caso hablaba de Raúl y según lo leía sentía muchas cosas pero una de ellas era rabia por no haberlo escrito yo. Para mí Raúl significa mucho, algunos ya lo sabéis. Por eso me emocionaron algunas de las frases del artículo: "Raúl González Blanco fue una edad. El segundero de mi existencia. Cuando se retiró Raúl, sentí que era yo el que se retiraba. Dejé de soñar cuando Raúl dejó de marcar. Creí en Raúl más que en mí mismo. Lo echo de menos. Ya sólo me tengo a mí." Cómo me hubiera gustado escribirlo a mí. No puedo evitar pensar que también una parte de mí dejó de soñar cuando Raúl dejó de marcar.

El domingo estuvimos paseando por El Retiro por primera vez después del confinamiento. Hacía una mañana muy buena y daba gusto volver a este parque que tanto hemos echado de menos los madrileños durante estos meses. Como siempre, iba escuchando las conversaciones ajenas. Y se lleva la palma una niña que iba con dos mujeres. Iban hablando del coronavirus y la niña va y dice: "he oído que el calor lo mata". Pero lo dijo con tono de análisis como si estuviese en Al Rojo Vivo y Ferreras le hubiese preguntado su opinión. Pobres niñas viejas.

Lo bueno de irte a dormir triste y teniendo sueño es que vas y te duermes rápido y ya no tienes tiempo de estar triste.

El futbolista inglés Marcus Rashford ha logrado que Boris Johnson cambie de opinión. Los niños de las familias con menos recursos seguirán recibiendo cheques de ayuda durante el verano, en sustitución del comedor escolar. Todo gracias a Rashford, que fue el que lanzó la campaña afirmando lo siguiente: “No se trata de un asunto político. Es una cuestión de humanidad. Posiciones políticas al margen, ¿no podemos ponernos de acuerdo en que ningún niño debería irse a la cama con hambre?". Necesitamos más futbolistas así. Insisto mucho en la idea de que el fútbol debe contribuir a mejorar la sociedad y no aislarse en una burbuja, y seguiré.

Ha vuelto el fútbol y soy feliz. Me he dado cuenta de que la liga se paró en el momento importante, como cuando llevas un tiempo conociendo a alguien, no le das mucha importancia hasta que de repente un día empiezas a hacerte preguntas y todo te afecta más de lo que quisieras. Un empate tonto en Eibar en noviembre no es lo mismo que un empate tonto en Eibar en junio, a eso me refiero. Hay momentos en los que se puede empatar o incluso perder y no pasa nada, pero hay otros momentos en los que ya uno se lo juega todo. Las diez últimas jornadas de liga son eso, un carrusel de emociones que ni sabías que tenías y de las que, en muchas ocasiones, es muy difícil salir ileso.

En Masterchef hay una mujer mayor que es entrañable. Y como toda persona entrañable, la pobre no sabe mandar. El lunes la pusieron de capitana de un equipo y menudo bloqueo tuvo. Además, soltó a sus compañeros un "todos a una" que me pareció el peor "todos a una" de la historia de los "todos a una". Pero es que tampoco me sorprende, qué queréis que os diga. Si eres entrañable, no puedes mandar. O mandas o eres un ser entrañable, no se puede ser las dos cosas.

El otro día, salí de casa para ir a trabajar y en mi calle un tío se me puso delante, cara a cara, y me soltó "te suelto una hostia que te mato". Previamente, me había dicho que dejase de reírme, no sé muy bien por qué porque yo no me reía. Lo que hice fue asustarme mucho, y reaccionar con toda la sangre fría que pude. Me metí el móvil en el bolsillo y seguí andando sin querer girarme, por si acaso. Había más gente en la calle, no sé por qué la tomó conmigo. Fue inevitable acordarme de Brighton, cuando, estando con mis amigos al salir de la academia, un tío rapado pasó a nuestro lado, se acercó hacia mí, vete tú a saber por qué, me dio un cabezazo tremendo, y se fue. A mí estas cosas me pasan siempre, me vienen todos los tarados. Y luego, claro, la gente se ríe de que sea tan paranoico. Pero es que me pasan unas cosas rarísimas.



jueves, 11 de junio de 2020

He vuelto al cole

El Museo del Prado ha vuelto tras lo peor de la pandemia del COVID19



Por fin he vuelto al Museo, que yo siempre digo que es como un cole, así que podría decir perfectamente que he vuelto al cole. Me ha alegrado mucho volver a ver a la mayoría de los compañeros. Aún faltan por incorporarse algunos. Volver a la vida normal, comer pronto, salir de casa para ir a trabajar, coger el 27, estar en las salas, cruzarte con compañeros, volver a ver los cuadros, atender a los visitantes, volver a casa y contarle a Oli las historias de la tarde. Son muchas pequeñas cosas que a uno le hacen feliz y que ha echado mucho de menos durante todos estos meses. Necesitaba volver. Si tuviese que decir algo negativo, diría que las pantallas, que tenemos que llevar junto a las mascarillas, hacen que la comunicación sea un tanto rara. Entre eso y que no podemos casi tocarnos, es como si nos relacionásemos a un cincuenta por ciento de nuestras capacidades o incluso menos. Y yo soy del cien por cien.

Una compañera a la que tengo mucho aprecio ha empezado a leerse El Guardián entre el centeno. Me mandó una foto del libro y noté que me puse nervioso. Creo que me ocurre cada vez que alguien me dice que se lo va a leer. Y cuanto más aprecio tengo por la persona más nervios me entran. Siempre me da un miedo horrible que no les guste. Uno de mis mejores amigos suele reírse porque se lo regalé y se ríe de Holden. Mi prima Carlota lo leyó y también solemos reírnos porque me dijo que no trata de nada. Que no trata de nada es algo que dicen muchas personas que lo han leído. Pero es que no es verdad, al revés, trata de todo.

Abrirán las discotecas pero no se podrá bailar en ellas. Por mí, perfecto. Nunca he bailado en una discoteca. He hecho el paripé, eso seguro, pero bailar no. Y también me he dejado la voz gritando canciones con amigos. Mis amigos y yo no solemos bailar en las discotecas. Siempre digo que en Madrid los tíos no solemos bailar mucho en los bares o en las discotecas. Por eso mi sorpresa cuando, en los veranos en Calafell, veía a mis amigos de Barcelona bailar como si no hubiese un mañana. Que les miraba y pensaba: pero qué os pasa, pero qué hacéis, dejad de hacer eso. Y este pensamiento mío de que en Madrid no se baila y en Cataluña sí se confirmó cuando vi la peli de Ocho apellidos catalanes cuando el personaje de Berto empieza a bailar con sus amigos catalanes de una manera totalmente ridícula. Al ver la escena pensé: por fin lo confiesan.

Hoy vuelve la Liga, por fin. Lo hace con un Sevilla-Betis que vería si estuviese en casa, pero he quedado para tomar algo y no creo que lo vea. Volver al trabajo, volver a ver a la familia, a los amigos, que vuelva la Liga. Todo lo que sea recuperación de la normalidad perdida me pone de muy buen humor. Tengo ganas de volver a escuchar Tiempo de Juego narrando goles y vuelvo a pensar el mérito que tienen por haber estado haciendo el programa durante estos tres meses sin nada de deporte convirtiéndose en un programa informativo y de entretenimiento que me ha acompañado en muchas tardes de sábado y domingo de confinamiento. Ahora les toca disfrutar y contar goles.

Yolanda Barambio, de El Tintero Editorial, la editora con la que estoy trabajando en la corrección y la edición de la novela, me ha mandado el primer capítulo con todas sus correcciones y aportaciones. Y me han encantado, porque me han hecho ver cosas de una manera más clara que por mí mismo no habría sabido ver y de verdad que creo que gracias a su ayuda va a quedar un buen libro que espero que os guste cuando podáis leerlo. Me ilusiona mucho todo este proceso. No os lo voy a retransmitir semana a semana porque podría ser aburrido, pero el primer capítulo siempre es especial.

Leí una entrevista muy extensa con Errejón. Tanto, que la leí durante varios días. Decía muchas cosas que no entendí. Pero las hubo que sí. Y de todas, me quedo con una afirmación: "la izquierda española no puede ser la única izquierda del mundo sin patria". Y tiene toda la razón. De alguna manera la izquierda en nuestro país tendría que darle una vuelta a su relación con los símbolos nacionales. No sé cuál podría ser esa relación, pero creo que Errejón acierta al decir eso. Y ojo, que reivindicar la patria no es poner la bandera y ya, sino asociarla a conceptos como libertad, igualdad, fraternidad, justicia social, educación, republicanismo, ciudadanía. Es lo que pienso.

"Democracia, pornografía, droga, ¿qué se yo? Habrá grandes locuras pero ninguna de ellas será fatal para España”. Fue la respuesta de Franco a un general americano que Nixon mandó a entrevistarse con Franco en el final del franquismo para sondear qué es lo que podía ocurrir en nuestro país a la muerte del dictador. Efectivamente, hubo grandes locuras llamadas democracia, libertad e igualdad. Y también pornografía y droga, también. España se volvió loca, desde luego que sí. Bendita locura.

Recibo un email de un centro comercial de Nueva York, Century 21, con las medidas tomadas para proteger a los clientes. Me lo mandaron porque estuve allí hace ocho años, me di de alta en el wifi, y nunca me he dado de baja porque así me siento neoyorquino de vez en cuando cuando me mandan alguna cosa. Por cierto, que lo primero que hubiese hecho el primer día de acabar el confinamiento en Nueva York supongo que no haría falta que os lo dijese, pero por supuesto me hubiese ido a ver a los patos del lago de Central Park para ver qué tal habían pasado el confinamiento, si es que estaban ahí y no se habían ido a otro lado, claro. Con los patos de Central Park uno nunca sabe.


jueves, 14 de mayo de 2020

La vida sigue y tú no vas a vomitar

Los paseos de las ocho por Madrid en época del coronavirus
Los paseos de las ocho por Madrid en época del coronavirus

Con los paseos ha vuelto la maravillosa sensación de volver a casa. La de haber estado dando una vuelta fuera, aunque no sea mucho tiempo quizá, y llegar a casa y poder decir "qué gusto", que es algo que a mi madre siempre le ha gustado mucho decir, sobre todo cuando volvíamos de vacaciones. Aquí no estamos volviendo de ningunas vacaciones, pero aún así me gusta tener esa sensación de volver al hogar.

Creo que tengo candidata a la frase más triste de todo el confinamiento. Se la dice Santi Balmes, cantante del grupo Love Of Lesbian, a Sara Navas en esta entrevista. Al ser preguntado por lo que hará cuando esto acabe, Balmes responde que "voy a ir a Barcelona, me voy a sentar en una terraza y alguna lágrima caerá encima del café". Planazo. Por favor, Santi, dinos algo más alegre. Además que nunca entenderé esa manía que tienen muchos catalanes con quedar a "hacer un café". Se queda a tomar cervezas, no a "hacer un café".

A propósito de lo de llorar, leo un tuit en el que alguien declara estar volviéndose un cínico con todo esto. Me identifico con lo que dice. Me refiero a que estamos viendo un derroche de sentimentalismo barato que pone de los nervios. Me tengo por una persona sensible, pero no puedo con tanto azúcar, de verdad. Todos los anuncios de tele son de lo mismo. Y que alguien le diga a los músicos que nadie les obliga a hacer una canción sobre el coronavirus, porque es que a lo mejor no lo saben.

Leo una entrevista que me gusta mucho con un escritor al que no conocía. Se llama Héctor Abad Faciolince. Ha sacado ahora un libro con sus diarios que seguramente me compre. En la entrevista dice muchas cosas interesantes. Me la he releído varias veces. Cuando algo me gusta soy muy compulsivo. Me quedo con lo que dice cuando afirma que "un escritor de novelas debe vivir. Estar rodeado de libros es bonito, pero si no vives, si las lecturas no las combinas con la calle, el cuerpo, el amor, la muerte, la enfermedad, la insatisfacción, el fracaso...". Me gusta que un escritor anime a vivir porque no siempre ocurre. Elvira Lindo se metía el otro día en su artículo con los escritores que están diciendo en muchas entrevistas que ellos ya estaban acostumbrados al confinamiento.

En estos momentos de crisis mundial, recordé a Kafka. El 2 de agosto de 1914, recién iniciada la I Guerra Mundial, el escritor anotó lo siguiente en sus diarios: "Hoy Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde fui a nadar". Siempre se me ha quedado grabada esta frase de Kafka porque me parece una forma de decirle al mundo que tú sigues con tu vida pase lo que pase. Me gusta ese mensaje de que la vida cotidiana continúa por encima de todo.

A Inés Arrimadas le dijeron de todo los ultras por apoyar al Gobierno en la prórroga del Estado de Alarma. Alguien recordó en Twitter una frase de David Trueba que decía que "qué sería de la vida sin los insultos de la gente que nos tiene que insultar". Me parece una gran frase que se puede aplicar muy bien a este momento y en general a la vida política española. Que los ultras te insulten debe honrarte, a ver si lo entendemos de una vez. Tratar de ser cauteloso para no ofender a los ultras suele acabar mal.

El viernes pasado vi a un grupo de gente en la calle mirando un altavoz. Desde el altavoz salía el Nessum Dorma. Menuda panda de chiflados. Yo supongo que el pobre señor colocó el altavoz en la ventana porque le apetecía, sin más. Y puso el Nessun Dorma a todo volumen porque era su manera de pasar el viernes noche, y yo en cómo pasa una persona un viernes noche no me meto, es algo muy personal. El caso es que las personas miraban desde la calle al altavoz como si fuese éste el que cantase. Lo peor es que al terminar se pusieron a aplaudir, menudos tarados. Tuve ganas de decirles que estaban tarados, pero no se lo dije porque Holden dice que a los tarados les revienta que alguien les diga que están tarados.

Este fin de semana vuelve la Bundesliga, la liga alemana. Éste ha sido un pensamiento muy recurrente en mi cabeza durante esta semana. Hace años que no veo partidos de ligas extranjeras, pero tengo tanta necesidad de fútbol que el sábado me sentaré a ver el Borussia-Schalke como si me fuese la vida en ello. Supongo que los futboleros tendremos que volver a escuchar que vuelve el opio del pueblo y esas cosas. Pero es que no es verdad. Puede gustarte el fútbol y estar comprometido con la sociedad. Incluso puedes terminar de ver un partido y ir y decir que "la hegemonía se mueve en la tensión entre el núcleo irradiador y la seducción de los sectores aliados laterales. Afirmación-apertura". Hasta se puede ser del Madrid y de izquierdas, imaginaros, que hay mucha gente que piensa que no.

Escuché a Pedro Sánchez decir que teníamos que mantener la distancia social con los seres extraños que nos cruzásemos por la calle. Eso es algo que yo ya hacía de antes. Tal vez el único problema que tengo yo es que pongo el baremo de "ser extraño" muy bajo. Entonces a la mínima yo ya voy y me cambio de acera. Al hablar de seres extraños, me acuerdo de la anécdota de mi padre en Berlín. Él viajó solo a la capital alemana antes de que cayese el muro. Al estar en la parte del este, en una calle, unos judíos le empezaron a hacer señas desde un local. Al parecer les hacía falta una persona para rezar. Mi padre se largó de allí porque consideró que eran unos seres extraños. Es que no me extraña. No sé por qué cuento esto, yo creo que venía a cuento, aunque esto depende de cada uno.

He visto la serie de la que tanta gente habla, Unorthodox. No me llamaba mucho, pero me animé al ver que eran solo cuatro capítulos. Y me gustó mucho, la verdad. Cuenta la historia de una comunidad de judíos ultraortodoxos en el barrio neoyorquino de Williamsburgh. Te quedas alucinado porque es una auténtica secta.

Hay una escena que me gustó mucho. La protagonista se escapa a Europa, a Berlín en concreto. Allí está en un bar con unos amigos que ha hecho y está comiendo un sándwich. Al enterarse de que es de jamón, sale corriendo fuera y se apoya en un árbol para vomitar. Pero no lo hace. Vuelve y le explica a su amiga que es que siempre había pensado que si comía jamón vomitaba. Me pareció ilustrativo de lo importante que es recibir una buena educación. Me hizo pensar también en las creencias que a veces tiene uno sobre sí mismo basadas en premisas equivocadas. Lo que trato de decir es que te puedes pasar la vida alimentando miedos infundados, hasta el punto de que te crees que si te pasa determinada cosa o haces algo que te da miedo vas a vomitar y de repente vas, lo haces, y descubres que no vomitas.

La otra serie que he visto es Run. El punto de partida me encanta. Un chico y una chica se dicen, con veinte años, que si más adelante en la vida a uno de los dos le iba mal escribiría al otro un mensaje en el que pusiese "RUN". Y si el otro contestaba con "RUN" se verían en la mítica estación Grand Central de Nueva York para coger el primer tren que saliese a las 17.30 tuviese el destino que tuviese. Pues resulta que se mandan el mensaje y se meten en un tren que va a Chicago y tiene dos paradas cortas de veinte minutos. Una es en Pittsburgh y otra en Cleveland. Yo pensé si aprovecharía esas paradas para bajarme a soltar las piernas. A veces pienso esas cosas. Y llegué a la conclusión de que en Pittsburgh no porque no me fiaría un pelo, pero que en Cleveland sí, sin duda, me bajaría tranquilamente a estirar las piernas y luego subiría de nuevo al tren. Supongo que hay gente que se bajaría en Pittsburgh y jamás se bajaría en Cleveland y los habrá que se bajarían en las dos y que no se bajarían en ninguna. Esto va en los gustos de cada uno. La serie está muy bien, que casi se me olvida decirlo.

domingo, 8 de julio de 2018

El partido que lo decidía todo


Un partido de fútbol decisivo, que lo decidiría todo


Era el partido más importante de sus vidas. El resultado marcaría un antes y un después, sin duda. Se habían preparado a conciencia para ganar. Conocían bien al rival. El problema era que el rival también les conocía bien a ellos. Fuera del campo tenían una relación cordial. Sin duda, eso ayudaba a mantener el respeto en los momentos más delicados, con esas jugadas polémicas en las que los ánimos se encendían demasiado.

Caras de concentración absolutas en el momento del saque de centro. Primeros pases y primeras pérdidas de balón. Se notaban los nervios. Demasiado en juego. Hasta el más experimentado siente vértigo ante semejantes retos. El balón empezó a ir de un lado a otro, sin mucho sentido. Nadie quería la posesión. El miedo se imponía claramente.

Los goles empezaron a caer. Lo hicieron de una manera caótica y de las más diversas maneras. En un rebote, en un cabezazo, otro en propia puerta. No existía lógica que pudiese explicar lo que estaba ocurriendo en el terreno de juego. Todos corrían de un lado para otro y trataban de hacerlo lo mejor posible.

Parecía que estaban pasándoselo bien, qué eran felices jugando, y que esa felicidad se traducía en el maravilloso caos que se observaba en el campo. Pero el tiempo apretaba y sólo ganaban de un gol. Había que matar el partido. Y para eso únicamente se les ocurría una cosa. Era lo que les había funcionado otras veces y que no habían podido ejecutar en este partido aún. Pero Bárbara siempre aparecía cuando se la necesitaba.

En un momento dado, a escasos minutos del final, le llegó el balón. Estaba en el centro del campo. Y desde ahí, empezó. Se fue de uno, de otro, dejó a un tercero dando vueltas, se plantó frente al portero, le engañó como quiso, y gol. Bárbara lo había vuelto a hacer. Les había vuelto a dar una victoria importantísima. Se abrazaron a ella y celebraron el gol por todo lo alto, ante las miradas de impotencia de los rivales, conscientes de que habían sufrido el ataque de un arma al que no podían hacer frente.

En el momento en el que aún estaban celebrando, sonó el timbre. Había que volver a clase, encima tocaba mates. Lo afrontarían mejor después de haber ganado a los del A. Al día siguiente, volverían a verse las caras. Pero eso era otra historia. De momento, ese día, ellos eran los reyes del recreo en el cole. Gracias a su estrella, Bárbara.

jueves, 20 de abril de 2017

La chica brasileña del Alsa

Un viaje en Alsa de Madrid a Bilbao con una chica brasileña
Reflexionar, enamorarse o dormir, distintas opciones para un viaje en autobús

La historia que voy a narrar ocurrió en el verano de 2011, el último verano de mi vida de soltero, aunque por entonces ni lo sospechaba. Me iba unos días a casa de un amigo a Bilbao. Esa clase de colegas que garantizan el pasárselo bien, así que emprendía el viaje en el autobús del Alsa desde Avenida de América con gran entusiasmo. 

El entusiasmo se tornó en euforia cuando fui consciente de la compañera de viaje que tenía al otro lado del pasillo. Una chica muy guapa, morena, con ojos oscuros y melena larga,. Vestía de forma sencilla con una camiseta verde de tirantes y unos vaqueros. Recuerdo que miraba por la ventana con aire distraído e inquieto. Desconocía sus expectativas y los motivos de su viaje. Empecé a fantasear a mi manera. Hablábamos, nos conocíamos, un café un día, un cine y un primer beso otro, un enamoramiento apasionado, una forma de hacer el amor que no había conocido, una boda, unos hijos encantadores…qué difícil salir de estas ensoñaciones cuando uno ha construido ya toda una historia, jo. Mejor no empezar, os lo aseguro.

Aquel mes de julio me habían publicado un artículo en una revista de fútbol y la llevaba conmigo en aquel momento. De repente, ocurrió. Ella me la pidió para hojearla. Acababa de comenzar nuestra relación. Era mi forma de verlo, naturalmente. A punto estuve de lanzársela de los nervios, pero decidí que era mejor entregársela en mano. Me preguntaba si llegaría a mi texto, situado casi en la última página. Lo hizo. Y empezamos a hablar de fútbol. Ella era brasileña, por lo que entendí rápidamente esa pasión futbolera tan característica del país carioca.

Al llegar a Lerma, el punto de descanso en los trayectos Madrid – Bilbao, nos sentamos juntos a tomar algo. Ella era simpática y agradable. Me preguntó y le expliqué a lo que iba a Bilbao y las ganas que tenía. Le devolví la pregunta. En ese momento, noté que algo se rompía dentro de su frágil silencio. Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos y extendió el brazo por la mesa hasta agarrarme la mano. Me contó que iba a Bilbao para prostituirse. Era su primera vez. Tenía un niño pequeño, le habían ofrecido eso y lo había cogido. Lloraba por su niño desconsoladamente. No sabía qué hacer, ni qué decirle. ¿Qué le dices a alguien en una situación así? Creo que lo mejor que puedes hacer es callar y demostrar cariño a la persona que se te está abriendo en canal de esa manera. Yo era un completo desconocido, pero ella decidió confiar en mí y confesarme algo así. No me pedía opinión, no solicitaba mi ayuda. Tan sólo se moría de miedo.

Después, las aguas volvieron a su cauce. Continuamos lo que quedaba de recorrido hablando de nuestra vida y de amores anteriores. En más de un momento conseguimos algo tan extraordinario como reírnos. Al llegar a Bilbao nos despedimos y me salió de dentro pedirle que se cuidase. Me dijo que lo haría, pero nunca supe si lo hizo. Me acuerdo de que mi amigo me esperaba en la estación y que me dijo, entre risas, que no perdonaba una. Pero lo cierto es que, pasado el tiempo, nunca he visto aquello como un episodio de amor. Siempre he pensado en el brutal contraste de nuestros viajes. Yo deseaba llegar y divertirme. Ella quizá hubiera deseado no llegar nunca.

Si os ha gustado la historia, acordaros de compartirla en vuestras redes sociales. Aquí  justo debajo del texto hay unos botoncitos pequeños para que podáis hacerlo. Muchas gracias.

jueves, 16 de marzo de 2017

Que vivan las mujeres futboleras

Chicas futboleras del Atleti en el Vicente Calderón
Aficionadas del Atleti en el Vicente Calderón



Me enamoré del futbol como después me enamoré de las mujeres: de manera repentina, inexplicable y acrítica, sin pensar en la perturbación y dolor que me traería.

Leí un artículo de Celia Blanco @latanace que me gustó mucho. Tanto que creo que debo haberlo leído cincuenta veces en menos de veinticuatro horas. Cuenta que le chifla el fútbol y por qué. Recomiendo mucho leerlo, sobre todo si eres mujer. Y hoy quiero hablar de eso mismo, de fútbol y mujeres.

Primero os contaré que soy muy y mucho futbolero, que diría El Amado Líder. Qué queréis que os diga, los días de partido me dan la vida. Y los días sin fútbol son algo que existe como también existe la tortilla sin cebolla o la gente que no ha visto Friends. Planifico el futuro en base al calendario futbolístico. Marco siempre en mi agenda los grandes partidos, aunque nunca está uno del todo a salvo de los no futboleros, que montan planes a destiempo y deshora. Para mí, Dios tiene un nombre que es Raúl y unos apellidos que son González Blanco. No hace falta deciros mucho más sobre mi pasión por este deporte. Por todo esto siempre vi como requisito imprescindible un cierto interés por el fútbol en los proyectos de novia que tenía (nunca supe tener ligues a secas).

Porque sí. Tengo que confesar que me ponen las tías futboleras. Me gusta que tengan su propia opinión sobre el último partido o la última polémica. Me vuelve loco verlas indignarse. Verlas celebrar un gol en el último minuto que lo cambia todo. Verlas sufrir como lo hace cualquiera tras perder un título. Verlas desesperarse por el fallo clamoroso del delantero. Las que saben convertir el fútbol en una fiesta. Las que tienen una historia que contar asociada al fútbol. Las que viven nerviosas el día de partido grande. Cada vez son más y tengo la suerte de haber estado siempre rodeado de ellas: mi abuela (se lleva la palma), mi tía, mi madre, mi hermana (todas colchoneras), Tere (madridista), y las imprescendibles tuiteras futboleras @conchi @juana @fugazzi @almita @mariavillarreal y @mamenhidalgo.

En su artículo, Celia Blanco cuenta que conoce muchos hombres que se quejan de que sus mujeres, novias y madres no están dispuestas a que en su casa se vean todos los partidos y suelta una frase que para mí lo resume todo: “El fútbol puede ser una excusa perfecta para ser lo suficientemente feliz con tu pareja”. Es la pura verdad. Por eso me cuesta entender que haya parejas en las que el fútbol sea un muro y no un elemento de unión. Hay casos en los que uno se queda en una tele y otro se va a otro cuarto. Yo no podría vivir así. Es que creo que es hasta bonito ver un partido con tu pareja.

En mi caso, tengo una novia culé. También sevillista. En todo lo demás es perfecta, que conste. Cuando la conocí quizá no era muy futbolera (aunque siempre fue culé) pero creo que ahora lo es más. Cinco años hacen estragos. Me lo he currado. Un ejemplo: el aperitivo por todo lo alto que monté para el partido inaugural del Mundial de Brasil, el primero que vivíamos juntos. Lo hice porque para mí la Vida es eso que pasa mientras esperas que llegue el Mundial cada cuatro años. Era mi forma de decirle: "Esto hay que celebrarlo, y quiero hacerlo contigo".

Creo que los o las que dan la espalda al fútbol se están perdiendo algo. Se están perdiendo la conversación del bar. La de la frutería. La del ascensor. La de los compañeros de trabajo al día siguiente de un partido. No digo que no se pueda vivir así. Digo simple y llanamente que se están perdiendo algo que me atrevo a decir que mejoraría su calidad de vida. Si no estás en el fútbol, estás muy fuera, siento decírtelo. Y no es algo de lo que enorgullecerse, aunque a veces lo creas.

El fútbol es la gran excusa. Para reunirse con la familia. Para tomarse unas cervezas con los amigos. Para montar un buen sarao en casa. Para invitar a esa persona a tu "palacio" y cenar una pizza y lo que surja. Para vivir la vida, en definitiva. Para ser suficientemente feliz. Me niego a creer que te lo quieras perder.

jueves, 9 de marzo de 2017

Puta UEFA


Histórica victoria del Barcelona contra el Paris Saint Germain

Al finalizar el partido del Barcelona contra el PSG, un amigo mío dictó sentencia: “Puta UEFA”. Acabábamos de asistir a una epopeya del deporte y mi amigo lo resumía todo en un robo del árbitro y de la UEFA. De nada valía que los culés hubiesen marcado seis goles en toda una eliminatoria de la mejor competición del mundo. De nada servía tampoco que esos seis goles se los hubiesen marcado a un equipazo como es el PSG. Nada. Todo era responsabilidad del árbitro que era cómplice de una oscura conspiración de la UEFA. Todo muy culé, si se piensa. Igual que muy del Madrid la victoria de ayer del Barcelona.

Me gusta el deporte cuando alcanza lo imposible. Creo que muchos partidos de fútbol contienen la mejor de las novelas. Los mejores giros de guión se han visto en multitud de ocasiones en un césped. Sí, es fútbol, pero ahí está la vida misma, háganme caso. La fe en la victoria del que lo tiene todo perdido. La chica que se va con el otro cuando el público ya la veía feliz y comiendo perdices con el inesperado perdedor. Insisto, la vida está en el césped. Sobre todo, en noches como la de ayer en Barcelona. Nadie podía esperarse lo que ocurrió, porque nadie puede imaginarse nunca que suceda lo imposible.

Lo que vimos ayer fue Historia del Deporte. A ningún madridista le hace gracia que gane el Barça, porque es su máximo rival. Es ley de vida. Pero aquí viene una lección importante, para el deporte y para la vida en general: no pasa nada por concederle mérito a tu rival. De verdad. No duele. No te vas a morir. No vas a coger ninguna enfermedad. Se le aplaude y se le desea que se cruce contigo para ganarle tú en la siguiente ronda. Y ya está. El deporte debería ser eso y muchos se han empeñado en emponzoñarlo y convertirlo en motivo de discordia permanente. Reconocerle algún mérito al rival está tipificado como delito.


Volviendo a mi amigo. El del sesudo análisis. Sobra decir que es madridista. Nada dijo cuando el Madrid empató en el 93’ en Lisboa, o cuando Ramos marcó un gol ilegal en la final de Milán contra el Atleti también. Ni él ni ninguno de los que son como él dicen ni dirán nada nunca de las tropelías que cometan los árbitros a favor de su equipo. Y vaya por delante una cosa: me parece igual de grandioso que el Madrid gane siempre al final que lo haga el Barcelona o el Sestao. En esta vida soy muy del personaje que nunca deja de creer, aunque no pueda ni ver a ese personaje.

jueves, 10 de julio de 2014

El Mundial y la ceguera

El Mundial sirve para detectar casos de ceguera. Quizá os sorprenda, pero es así. Lo he comprobado. Se trata de una ceguera futbolística, pero ceguera al fin y al cabo. Y es una pena, porque la gente que la sufre es incapaz de disfrutar de algo tan maravilloso como es el Mundial de fútbol.

Sirva como ejemplo de esta ceguera lo que el otro día me dijo alguien en Twitter. Que tenía ganas de que acabase el Mundial y empezase el fútbol de verdad. Encima me lo dijo después de un partido tan histórico e irrepetible como fue el de Alemania aniquilando a Brasil en su casa en una semifinal de mundial. Me asombra que pueda haber gente que piense así. Y no es el único.

Puedo entender perfectamente que alguien se motive más con su equipo. Lo que no puedo admitir es que se diga que la competición de equipo sea mejor que el Mundial. Creo que quien así piensa se equivoca profundamente. También creo que son personas que únicamente aman a su equipo y no al fútbol como deporte. En su derecho están. Pero las tonterías hay que pararlas.

Cualquier competición de equipos queda muy lejos de lo que supone un Mundial. El Mundial es historia pura del fútbol. Es leyenda. Se trata del mayor acontecimiento deportivo a nivel mundial. Reúne a millones de espectadores en todo el mundo.

Es fútbol en estado puro. Un evento único y extraordinario cuya dimensión es tremendamente superior a cualquier competición entre equipos. Los jugadores, desde niños, sueñan con ganar un Mundial para su país. Es la mayor gloria.

Incluso la Champions, la mejor competición de clubes a nivel mundial, se arrodilla ante la relevancia de un Mundial. La Champions también te hace pasar a la historia, qué duda cabe. Pero nunca será lo mismo. Se celebra cada año. Los partidos son a ida y vuelta. 

El Mundial se juega cada cuatro años. La gente lo espera con ansia. Los partidos son a vida o a muerte empezando desde la fase de grupos. Es un mes histórico que cada cuatro años te lleva al Olimpo del fútbol o a su infierno. No hay escenario que se le pueda comparar.

Me decían también el otro día que para partido histórico el del 2-6 del Barcelona al Madrid. Sin duda, claro que lo es. Como si el Madrid ganase mañana 10-0 al Barça. Pero ese recuerdo queda para las dos aficiones que lo vivieron. Y punto. Que alguien vaya a Perú, o a Inglaterra, y pregunte por ese partido dentro de diez años. Y después, que hagan la misma prueba con el Alemania 7-1 Brasil. Verán los resultados.

Al final llego a la conclusión de que el fútbol español está enfermo. Enfermo de forofismo y de ciegos que sólo saben ver Madrid-Barça. Hay madridistas que no quieren ni imaginarse a Messi ganando el Mundial con Argentina. Y supongo que pasaría al revés con Cristiano. Aficionados cerrados que únicamente aprecian el fútbol cuando son los suyos quienes se juegan algo. Aficionados a los que el fútbol les resulta algo completamente ajeno. 

Cada día me aburre más la rivalidad Madrid-Barça. Hace que cada vez me guste menos el fútbol de equipos y mucho más el Mundial, la Eurocopa y la Copa América. Me parece un fútbol más puro, menos contaminado por lo de siempre. Durante un mes, descanso de Madrid y Barça. Descanso de si el árbitro ha ayudado a estos o a los otros. Descanso de si Cristiano ha metido un gol más o menos que Messi. Uno es consciente de lo ridículo de todo eso cuando cada cuatro años llega el Mundial y echa a rodar el balón.

Así que yo, como tantos otros, seguiré siendo amante del fútbol por encima de la afición personal por mi equipo y seguiré disfrutando de este precioso deporte aunque no sean los míos los que jueguen. El fútbol me devuelve con creces esta pasión. Os lo aseguro. Y que así sea por muchos años.