Esto va para ti, "sis". No busco hacerte llorar, te
lo aseguro. Pero si no te digo todas estas cosas no me voy a quedar a gusto, lo
sé. Siempre pensaba que era la abuela mi motivo para ir con el Atleti en
algunas ocasiones...hasta ayer, que fue por ti. Quiero intentar explicarte qué
es lo que había en el abrazo que te di ayer por la noche después del partido. Porque
hubo muchos detalles en los que no te fijaste, como es normal, pues no estaba
la cosa como para fijarse en lo que hacía o dejaba de hacer tu hermano.
Quiero decirte que si bien me fui por la casa a gritar el gol
de Ramos, no te creas tú que me noté a mí mismo muy entusiasmado gritándolo. Quiero
decirte que desde que volví al sofá a sentarme, empecé a no tener claro con quién
iba. Quiero decirte que cuando os pitaron el penalti a favor, me alegré. Y que
cuando vi cómo lo fallaba Griezmann, me quedé helado, no sé si viste que no
hice ni un gesto de celebración. Tampoco te diste cuenta de que en la segunda
parte, alejé mi camiseta de la suerte de Mijatovic de mí y la dejé en una
esquina del sofá. No quería estar en contacto con ella. Dirás que vaya tontería
más grande, y puede que sea verdad, pero en ese momento ya no sabía a lo que
agarrarme para que el Atleti marcase el gol que se estaba mereciendo.
No viste como se me humedecieron los ojos (igual poco, pero
se me humedecieron, créeme), cuando marcó Carrasco y te vi gritándolo con una
emoción en la voz como nunca te había visto, y cómo lo celebrabas con Mamá, y cómo
estaba la abuela. Me emocioné por el gol pero también porque pensaba que era el
comienzo de vuestra merecida victoria. El segundo estaba al caer, me decía, y
me tranquilicé porque estaba convencido de que así sería.
No viste cómo me echaba hacia delante en el sofá cuando os
acercabais al área, y cómo me echaba para atrás asustado cuando atacaba el
Madrid. La señal más clara la tuviste en la tanda de penaltis, porque
normalmente yo grito cada penalti metido como un loco y cada fallo del rival
otro tanto. Cuando falló Juanfran, me quedé sin reaccionar. No me lo podía
creer. Y al marcar Cristiano, me quedé petrificado. Después te fuiste del
salón, supongo que a llorar, lo que también hizo Mamá, y me sentí aún peor.
Porque no te quité ojo en todo el partido. Veía tus gestos, y
sé, porque te conozco, lo mucho que sufriste y todas las emociones que se te
pudieron pasar por el corazón. Porque no se me olvida tu cara al ver a
Griezmann fallar el penalti cada vez que lo repetían y tu "¿Pero cómo es
eso posible?" con ese tono desolado que solamente es capaz de sacar de ti
tu Atleti, porque tú nunca has hablado desde la tristeza.
Precisamente por eso, porque tu lugar nunca fue el de la
amargura, te animo a que te levantes. Nunca has sido tú de tardar en levantarte
después de haberte caído, que lo sé. Me has demostrado en numerosas ocasiones
ser una tipa fuerte, hecha de pasión, y cuando lo pienso me doy cuenta de que tú
nunca jamás podrías ser de otro equipo que no fuese el Atleti. Me invitaste a
tu fiestón de graduación después de haber perdido la final de Lisboa y
estuviste toda la noche bailando, saltando y bebiendo.
Porque como le leí ayer en Twitter a un atlético de pro como
Iñako Díaz-Guerra, "lloraremos, beberemos, volveremos". Es lo que
hiciste hace dos años. Y ayer volvisteis. Y volveréis de nuevo. ¿Y sabes qué?
Cuando eso pase, que será pronto, estoy seguro, yo seré el primero en apoyaros
como un atlético más. Estés en el sofá a mi lado o te hayas ido a ver la final
con Mamá, Félix y Menchu a la ciudad que sea (a Mamá no la metes en un avión,
así que prepárate para coger trenes y trenes), yo estaré ahí, apoyando, emocionándome
contigo, y si hace falta, llorando, pero esta vez de felicidad, ya lo verás. Ya
queda un día menos para que eso ocurra.
Mamá, Félix, Menchu, por vosotros también, pero una hermana
es una hermana, como estoy seguro que entenderéis. Y por ti abuela, y por ti,
Pili, que no me olvido.
Creo que no me queda añadir nada, "sis". Que en ese abrazo
estaba todo esto que te digo. Que ahora, más que nunca, no se te ocurra dejar
de creer.
Tu hermano que te quiere,
Guille
